Publicidad

La UPV desarrolla una tecnología de frío para limpiar grafitis y suciedad del patrimonio cultural

La conservación del patrimonio cultural se enfrenta a un problema cada vez más visible: eliminar grafitis, depósitos de suciedad y restos de contaminación sin dañar los materiales originales. La Universitat Politècnica de València (UPV) trabaja en soluciones basadas en la ingeniería del frío para abordar estas intervenciones con procedimientos más controlados y respetuosos.

La propuesta está orientada a la limpieza de una amplia variedad de bienes culturales, desde pinturas y esculturas hasta textiles, documentos y fondos históricos. El objetivo es retirar las capas no deseadas sin alterar la superficie, los pigmentos, las fibras o las estructuras que forman parte de cada pieza.

Una alternativa a los métodos de limpieza más agresivos

Limpiar una obra de arte o un elemento arquitectónico no equivale a eliminar suciedad de una superficie convencional. En el patrimonio, cada material responde de una manera distinta y cualquier intervención irreversible puede provocar pérdidas de información histórica. Por eso, los restauradores necesitan técnicas precisas, graduables y compatibles con soportes muy delicados.

Los procedimientos tradicionales pueden recurrir a productos químicos, agua a presión, abrasivos o fuentes de calor. Aunque resulten eficaces en determinados casos, también pueden generar riesgos: disolución de capas originales, penetración de humedad, erosión de la superficie o alteración del color.

La ingeniería del frío plantea una vía diferente. Mediante el control de la temperatura y de las condiciones de aplicación, la suciedad o los materiales añadidos pueden perder adherencia y separarse del soporte con una intervención localizada. La clave está en ajustar el proceso a la naturaleza de cada bien y a su estado de conservación.

Del grafiti a los fondos documentales

Uno de los campos de aplicación más evidentes es la eliminación de grafitis en fachadas, monumentos y otros elementos de interés patrimonial. Estas pintadas suelen combinar pigmentos, resinas y disolventes que penetran de forma desigual en piedra, metal, madera o revestimientos históricos.

Una tecnología de limpieza basada en el frío puede ayudar a actuar sobre esas capas sin extender el producto ni someter toda la superficie a un tratamiento uniforme. Esto resulta especialmente importante en edificios históricos, donde el grafiti puede convivir con pinturas murales, molduras, relieves y acabados originales.

El alcance de la investigación va más allá del espacio urbano. Las mismas necesidades aparecen en la conservación de esculturas, pinturas, tejidos, manuscritos y colecciones almacenadas en museos, archivos y bibliotecas. En estos casos, la suciedad acumulada puede incluir polvo, partículas ambientales, restos de tratamientos anteriores o contaminantes depositados durante décadas.

Más control y menos impacto sobre las piezas

La principal ventaja de este enfoque es la posibilidad de trabajar con parámetros ajustables. La intensidad, el tiempo de exposición y la zona tratada pueden adaptarse a las características del material. Esta capacidad de regulación permite plantear limpiezas selectivas, una condición esencial cuando se interviene sobre piezas únicas o irremplazables.

Además, la reducción del uso de agua y de determinados productos químicos puede simplificar la gestión de residuos y disminuir el impacto ambiental de las operaciones de conservación. En espacios cerrados, como museos o archivos, también puede contribuir a mejorar las condiciones de trabajo de los profesionales.

Sin embargo, la tecnología no sustituye al criterio del restaurador. Antes de cualquier intervención es necesario analizar la composición del objeto, identificar las capas que deben conservarse y realizar pruebas en áreas controladas. La limpieza del patrimonio requiere combinar la innovación tecnológica con el conocimiento histórico, químico y artístico de cada pieza.

La investigación busca facilitar la restauración del patrimonio

El trabajo de la UPV se enmarca en la búsqueda de herramientas que permitan conservar el patrimonio cultural con mayor precisión. La ingeniería aporta sistemas capaces de controlar variables físicas que, hasta ahora, tenían una aplicación más limitada en este ámbito.

El reto consiste en convertir esa capacidad técnica en protocolos seguros y reproducibles. Para ello, las soluciones deben demostrar que eliminan la suciedad o los añadidos sin modificar el soporte, y que pueden aplicarse tanto en piezas de pequeño formato como en elementos arquitectónicos de mayor tamaño.

La validación en diferentes materiales será determinante para conocer el alcance real de la propuesta. Piedra, madera, metal, tejido, papel y superficies pictóricas presentan comportamientos muy distintos ante el frío. Cada soporte exige una evaluación específica y, en muchos casos, una combinación de técnicas.

Innovación aplicada a la conservación cultural

La iniciativa refleja una tendencia creciente: utilizar tecnologías procedentes de la ingeniería para resolver problemas concretos de la restauración. El patrimonio necesita métodos que sean eficaces frente a la contaminación y el vandalismo, pero también lo bastante delicados para preservar las huellas del pasado.

Si los ensayos y protocolos avanzan favorablemente, las técnicas de frío podrían incorporarse a futuras intervenciones de conservación preventiva y restauración. Su aplicación ayudaría a combatir grafitis y suciedad sin convertir la limpieza en un nuevo riesgo para las obras.

La apuesta de la UPV sitúa el control de la temperatura al servicio de una prioridad: proteger el patrimonio cultural reduciendo el impacto de las intervenciones. Una combinación de ciencia, restauración e ingeniería que puede abrir nuevas posibilidades para conservar pinturas, esculturas, textiles y documentos durante más tiempo.

Artículo anteriorCajas botín: cómo los videojuegos convierten apostar en juego