Publicidad

Mariko Mori revisa en Tokio el viaje de la tecnología futurista a la espiritualidad

La artista japonesa Mariko Mori ha convertido su carrera en un recorrido entre mundos aparentemente opuestos: la cultura digital, la ciencia ficción, la tradición espiritual y la conexión con la naturaleza. Desde Tokio, la creadora repasa una trayectoria marcada por la transformación constante y por una pregunta que atraviesa buena parte de su obra: cómo puede el arte imaginar otras formas de relacionarnos con el planeta y con nosotros mismos.

El escenario elegido no es casual. En el piso 53 de un rascacielos de la capital japonesa, el paisaje urbano sirve como contrapunto a unas piezas que miran hacia el futuro, pero también hacia los orígenes de la humanidad. Desde esa altura, Tokio aparece como una extensión de luces, edificios y tecnología; un entorno que ha influido en la sensibilidad visual de Mori y en su manera de abordar los cambios sociales.

Una artista entre la cultura pop y la ciencia ficción

Mori comenzó a llamar la atención en la década de los noventa con imágenes en las que aparecía caracterizada como una figura híbrida, a medio camino entre una heroína futurista, una trabajadora de la industria tecnológica y un personaje salido de un videojuego. Obras como Made in Japan y Play with Me exploraban la identidad contemporánea, el consumo y la fascinación por una modernidad cada vez más automatizada.

En aquellas primeras piezas, la artista utilizaba su propio cuerpo como una herramienta para cuestionar los papeles sociales y la imagen de la mujer en Japón. Sus personajes podían parecer extravagantes o incluso irreales, pero partían de situaciones reconocibles: la presión por encajar, la uniformidad de la vida urbana y la creciente presencia de las pantallas en la experiencia cotidiana.

La estética brillante y pulida de sus fotografías ocultaba, en realidad, una mirada crítica. Mori no se limitaba a celebrar la tecnología: también mostraba sus contradicciones y la sensación de extrañamiento que puede producir vivir en un entorno dominado por máquinas, códigos visuales y modelos de comportamiento prefabricados.

Del futuro digital a una dimensión espiritual

Con el paso de los años, la obra de Mori se alejó de la sátira directa de la cultura popular para adentrarse en cuestiones más universales. La muerte, la conciencia, la energía y la relación entre el ser humano y el cosmos comenzaron a ocupar un lugar central en sus instalaciones, vídeos, esculturas y fotografías.

Ese cambio no supuso una ruptura completa, sino una ampliación de sus intereses. La artista mantuvo su atención sobre el futuro, pero dejó de entenderlo únicamente como un espacio tecnológico. En sus trabajos más ambiciosos, lo futurista se mezcla con referencias al budismo, a las tradiciones japonesas y a una visión del universo en la que la vida humana forma parte de un sistema mucho más amplio.

Una de las obras que mejor representa esa transición es Wave UFO, una instalación inmersiva que combina arquitectura, imagen, sonido y referencias a la conciencia. La pieza propone una experiencia sensorial en la que el visitante deja de ser un espectador pasivo para entrar en un espacio de contemplación.

El arte como experiencia colectiva

Para Mori, la obra de arte no termina en el objeto expuesto. Sus instalaciones están concebidas como entornos que modifican la percepción y favorecen una experiencia compartida. La luz, las formas geométricas, los reflejos y el sonido contribuyen a crear espacios que pueden recordar tanto a un laboratorio del futuro como a un lugar de meditación.

Esta búsqueda de una experiencia colectiva también aparece en proyectos como Ring: One with Nature, una estructura circular instalada en distintos entornos naturales. El círculo funciona como símbolo de continuidad y de interdependencia, pero también como una invitación a observar el paisaje desde una perspectiva distinta.

La naturaleza ocupa un papel cada vez más importante en la producción de la artista. Frente a la velocidad de las ciudades y a la promesa constante de innovación, sus obras recientes plantean la necesidad de recuperar una relación más equilibrada con el entorno. No se trata de rechazar la tecnología, sino de integrarla en una visión más amplia y responsable de la existencia.

Una mirada japonesa con vocación universal

Aunque sus referencias parten con frecuencia de Japón, Mariko Mori ha construido un lenguaje que supera las fronteras culturales. Sus imágenes pueden evocar los paisajes urbanos de Tokio, la iconografía budista o la tradición sintoísta, pero las preguntas que formulan afectan a cualquier sociedad: qué significa ser humano en un mundo automatizado, cómo afrontamos la muerte y qué futuro queremos construir.

La artista ha defendido además la importancia de que el arte contribuya a imaginar nuevas formas de convivencia. Esa preocupación se relaciona con su trabajo en proyectos vinculados a la sostenibilidad y a la creación de espacios públicos. En ellos, la belleza no aparece como un fin aislado, sino como una vía para despertar conciencia y reforzar el vínculo con el medio ambiente.

Al repasar su carrera en Tokio, Mori muestra una evolución que va de los disfraces futuristas y las imágenes digitales a las instalaciones contemplativas y los proyectos conectados con la naturaleza. El trayecto confirma que su interés por el futuro nunca desapareció: simplemente cambió de escala. Ahora ya no mira solo a las máquinas o a las ciudades, sino al destino común del planeta y a la posibilidad de encontrar una forma más armónica de habitarlo.

Artículo anteriorFabrizio Favara y las alertas previas al accidente
Artículo siguienteQué es Blocus en España y por qué preocupa en Halloween