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El MCOE reclama una base tecnológica común para las unidades de operaciones especiales

La coordinación entre unidades de operaciones especiales depende cada vez más de su capacidad para compartir información, comunicarse de forma segura y emplear sistemas compatibles. El general de brigada Ángel Herrezuelo, jefe del Mando Conjunto de Operaciones Especiales (MCOE) de España, defendió en 2024 que el componente tecnológico debe ser común para todas estas unidades.

La idea central es clara: disponer de equipos avanzados no resulta suficiente si cada unidad utiliza plataformas, protocolos o sistemas de comunicación diferentes. En un entorno operativo marcado por la velocidad y la incertidumbre, la interoperabilidad tecnológica se convierte en un requisito para actuar de forma coordinada.

La interoperabilidad, una necesidad operativa

Las operaciones especiales pueden implicar a efectivos de distintos ejércitos, estructuras de mando y, en determinados escenarios, países aliados. Todos ellos necesitan intercambiar órdenes, imágenes, coordenadas y datos de inteligencia sin depender de soluciones improvisadas o de procesos manuales.

Una base tecnológica común permite que la información llegue al destinatario adecuado con rapidez y en un formato comprensible. También facilita que los equipos desplegados puedan consultar los mismos datos y trabajar con una visión compartida de la misión.

Para ello no basta con adquirir dispositivos similares. La compatibilidad debe abarcar las redes, el software, los sistemas de identificación, los formatos de datos y los procedimientos de seguridad. La tecnología tiene que integrarse en una arquitectura conjunta y no funcionar como un conjunto de herramientas aisladas.

Comunicaciones seguras y datos en tiempo real

En este tipo de operaciones, las comunicaciones son uno de los elementos más sensibles. Una interrupción, una transmisión no segura o una información desactualizada puede afectar a la toma de decisiones y comprometer una misión.

El objetivo de una arquitectura común es que las unidades puedan mantener enlaces fiables incluso cuando operen en zonas remotas o con una infraestructura limitada. La redundancia de comunicaciones, el cifrado y la capacidad para cambiar de red son aspectos esenciales para conservar la conectividad.

La gestión de datos también adquiere un papel decisivo. Sensores, vehículos, sistemas aéreos no tripulados y equipos individuales pueden generar grandes volúmenes de información. Si esos datos no se integran en una misma cadena, su utilidad disminuye y aumenta el riesgo de que diferentes equipos trabajen con versiones distintas de la realidad.

Del dispositivo individual a la red operativa

La transformación tecnológica de las operaciones especiales no depende únicamente de los equipos que lleva cada efectivo. El verdadero salto se produce cuando esos dispositivos forman parte de una red capaz de conectar a los equipos sobre el terreno con los centros de mando.

En ese modelo, una tableta, un terminal de comunicaciones, un sensor o una cámara no son elementos independientes. Todos deben poder enviar y recibir información de acuerdo con unas reglas comunes, con permisos definidos y con mecanismos que protejan los datos frente a accesos no autorizados.

Esta integración puede mejorar la capacidad de seguimiento de una operación y reducir los tiempos de respuesta. También permite distribuir la información de forma selectiva, de modo que cada usuario reciba los datos que necesita sin exponer innecesariamente el conjunto de la misión.

Estándares comunes para evitar la fragmentación

La petición de compartir una base tecnológica responde, además, a un problema habitual en los grandes despliegues: la fragmentación. Cuando cada unidad incorpora soluciones diferentes, aumentan los costes de mantenimiento, la complejidad de la formación y las dificultades para actualizar los sistemas.

El uso de estándares comunes puede simplificar la logística y facilitar la sustitución o ampliación de equipos. También ayuda a que el personal pueda trabajar con procedimientos similares aunque cambie de unidad o participe en una operación conjunta.

  • Intercambio de información: formatos compatibles para compartir datos de inteligencia, localización e imágenes.
  • Comunicaciones protegidas: redes cifradas, resistentes y con alternativas ante posibles interrupciones.
  • Integración de sistemas: conexión entre sensores, centros de mando y equipos desplegados.
  • Actualizaciones coordinadas: mejoras de software y seguridad aplicadas de forma homogénea.
  • Formación común: personal preparado para utilizar procedimientos y herramientas interoperables.

La ciberseguridad como parte del diseño

Una tecnología compartida también amplía la superficie que debe protegerse. Cuantos más sistemas están conectados, mayor es la importancia de controlar los accesos, verificar la identidad de los usuarios y supervisar posibles intrusiones.

Por eso, la ciberseguridad no puede incorporarse al final del proceso de adquisición. Debe estar presente desde el diseño de las redes y los dispositivos, con sistemas de autenticación, cifrado, registro de actividad y capacidad para aislar rápidamente un equipo comprometido.

La protección afecta igualmente a la cadena de suministro. El hardware, el software y las actualizaciones deben someterse a controles que reduzcan el riesgo de manipulación o de introducción de vulnerabilidades. En un entorno operativo, la confianza tecnológica es tan relevante como las prestaciones del equipo.

Un reto de coordinación y planificación

La propuesta defendida por Herrezuelo en 2024 plantea un reto que va más allá de la compra de material. Requiere definir prioridades comunes, coordinar inversiones y establecer una hoja de ruta tecnológica para las unidades de operaciones especiales.

También exige mantener un equilibrio entre la estandarización y las necesidades específicas de cada equipo. No todas las misiones requieren las mismas capacidades, pero sí deben poder conectarse a una estructura común cuando la operación lo exija.

En un escenario donde la información se ha convertido en un factor operativo de primer orden, la interoperabilidad será determinante. Para el MCOE, compartir una base tecnológica no significa utilizar exactamente las mismas herramientas, sino garantizar que todas las unidades puedan entenderse, trabajar juntas y tomar decisiones coordinadas cuando el tiempo y la seguridad resultan críticos.

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