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La inteligencia artificial entra en la agenda de Defensa con el dato como condición imprescindible

La inteligencia artificial se ha convertido en una de las prioridades tecnológicas de Defensa, pero su desarrollo no dependerá únicamente de disponer de modelos avanzados. José María Millán, teniente general y director general del Centro de Sistemas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Defensa (CESTIC), ha advertido de que ninguna estrategia de IA podrá desplegar todo su potencial si no existe una adecuada gobernanza del dato.

El mensaje sitúa la gestión de la información en el centro de la transformación digital de las Fuerzas Armadas. Antes de entrenar sistemas, automatizar procesos o incorporar herramientas de apoyo a la decisión, resulta necesario garantizar que los datos estén disponibles, sean fiables y puedan utilizarse de forma segura y controlada.

La calidad del dato condiciona la eficacia de la IA

Los sistemas de inteligencia artificial necesitan grandes volúmenes de información para identificar patrones, generar predicciones o asistir a los profesionales en tareas complejas. Sin embargo, una mayor cantidad de datos no garantiza por sí misma mejores resultados. Si la información está duplicada, incompleta, desactualizada o carece de contexto, las respuestas del sistema también pueden resultar deficientes.

En el ámbito de la defensa, este problema adquiere una importancia especial. Las decisiones pueden depender de información procedente de múltiples sistemas, unidades y entornos operativos. La capacidad para integrar esos datos y determinar su origen, calidad y nivel de acceso se convierte así en un requisito previo para cualquier aplicación de IA.

La gobernanza del dato engloba precisamente ese conjunto de normas, responsabilidades y procedimientos. Incluye definir quién puede acceder a una información, cómo debe almacenarse, durante cuánto tiempo se conserva y bajo qué condiciones puede compartirse o reutilizarse.

Una prioridad tecnológica con implicaciones operativas

La apuesta por la inteligencia artificial no se limita a incorporar nuevas herramientas informáticas. También exige revisar la forma en la que las organizaciones producen, clasifican y emplean la información. Para Defensa, este proceso afecta tanto a los sistemas tecnológicos como a los procedimientos internos y a la preparación del personal.

La advertencia de Millán apunta a una dificultad habitual en los proyectos de transformación digital: intentar desarrollar soluciones avanzadas sobre infraestructuras de datos fragmentadas. Cuando cada sistema utiliza formatos diferentes o no existe una visión común sobre la información, se complica la interoperabilidad y aumenta el coste de integrar nuevas capacidades.

Contar con una base de datos bien gestionada permite, por el contrario, evaluar mejor el funcionamiento de los modelos y detectar posibles errores. También facilita que las soluciones puedan actualizarse, someterse a controles y adaptarse a nuevos escenarios sin perder trazabilidad.

Seguridad, control y confianza

En un entorno militar, la gobernanza debe convivir con exigencias estrictas de seguridad. No todos los datos tienen el mismo nivel de sensibilidad ni pueden ser tratados por las mismas personas o sistemas. Por ello, cualquier despliegue de inteligencia artificial debe incorporar mecanismos de control de acceso, protección de la información y supervisión de los resultados.

La confianza también será un factor determinante. Los usuarios necesitan conocer qué información utiliza una herramienta, cuáles son sus límites y cómo se ha llegado a una determinada recomendación. La IA puede prestar apoyo a la toma de decisiones, pero su uso debe mantenerse dentro de un marco claro de responsabilidad y supervisión humana.

Esta cuestión resulta especialmente relevante cuando los sistemas se emplean en contextos donde una respuesta incorrecta puede tener consecuencias operativas. La precisión técnica debe ir acompañada de procedimientos que permitan revisar las salidas del modelo, corregir incidencias y establecer responsabilidades.

El reto de construir una base común

La prioridad señalada por el director general del CESTIC refleja que el avance de la IA militar será gradual y dependerá de los cimientos digitales disponibles. La organización del dato no es una tarea aislada ni un proyecto exclusivamente tecnológico: requiere criterios compartidos, coordinación entre áreas y una visión a largo plazo.

Entre las actuaciones necesarias se encuentran la normalización de formatos, la catalogación de las fuentes, la eliminación de duplicidades y la definición de políticas para el ciclo de vida de la información. A ello se suma la necesidad de formar a los equipos que deberán gestionar los datos y utilizar las herramientas basadas en inteligencia artificial.

El objetivo final es que la IA pueda ofrecer capacidades útiles, fiables y seguras para Defensa. Para alcanzar ese punto, la innovación deberá avanzar al mismo ritmo que la disciplina en la gestión de la información. Sin datos preparados, la inteligencia artificial corre el riesgo de quedarse en una promesa tecnológica; con una gobernanza sólida, puede convertirse en una capacidad operativa con recorrido.

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