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Rusia planea construir centros de datos subterráneos para protegerlos de los ataques con drones

Rusia quiere llevar parte de su infraestructura digital bajo tierra tras los ataques con drones registrados a mediados de octubre contra varios centros de datos vinculados a empresas estratégicas del país. Las instalaciones afectadas estarían relacionadas con Yandex, Sberbank y VK, tres de los principales actores tecnológicos y financieros rusos.

La respuesta apunta a un cambio de enfoque en la protección de los centros de datos. En lugar de limitarse a reforzar la seguridad perimetral o desplegar sistemas de defensa aérea, Moscú estudia construir nuevas instalaciones bajo tierra para reducir su exposición a los ataques desde el aire y garantizar la continuidad de servicios digitales considerados esenciales.

Los drones sitúan a los centros de datos en el punto de mira

Los centros de datos se han convertido en un objetivo especialmente sensible dentro de la guerra tecnológica. Estas instalaciones concentran servidores, sistemas de almacenamiento y equipos de red que sostienen servicios bancarios, plataformas digitales, buscadores, redes sociales y herramientas utilizadas tanto por empresas como por organismos públicos.

Los ataques registrados en octubre habrían afectado a infraestructuras de Yandex, Sberbank y VK. Aunque no se han detallado públicamente todos los daños ni el alcance de las interrupciones, el episodio ha puesto de relieve la vulnerabilidad de los edificios que albergan grandes volúmenes de información y capacidad de computación.

Un impacto directo no tiene por qué destruir los servidores para provocar problemas. La pérdida de suministro eléctrico, los daños en los sistemas de refrigeración o la interrupción de las comunicaciones pueden dejar fuera de servicio una instalación completa. En un centro de datos moderno, cualquiera de estos elementos resulta tan importante como los propios equipos informáticos.

La estrategia: menos visibilidad y más resistencia

La construcción de centros de datos subterráneos busca reducir la posibilidad de que estas infraestructuras sean localizadas y alcanzadas desde el aire. Al quedar protegidos por capas de tierra y estructuras reforzadas, los edificios tendrían una mayor resistencia frente a la onda expansiva y la metralla de una explosión cercana.

La ubicación bajo tierra también puede dificultar el reconocimiento mediante imágenes aéreas. Sin embargo, no convierte las instalaciones en completamente invisibles. Las conexiones eléctricas, las antenas, los sistemas de ventilación, las carreteras de acceso y las líneas de comunicaciones siguen dejando huellas físicas que pueden ser identificadas.

Por eso, el proyecto no dependería únicamente de la profundidad. La protección exigiría combinar arquitectura reforzada, redundancia de redes, generadores independientes, reservas de combustible y varios sistemas de refrigeración. También sería necesario disponer de centros alternativos para mantener los servicios activos si una instalación quedase inutilizada.

Un reto técnico mucho mayor que excavar una sala de servidores

Construir un centro de datos bajo tierra plantea dificultades específicas. La primera es la gestión térmica: los servidores generan grandes cantidades de calor y necesitan refrigeración constante. En una instalación subterránea, evacuar ese calor puede ser más complejo que en un edificio convencional.

La humedad y la posible entrada de agua representan otro riesgo. Los sistemas eléctricos y de almacenamiento requieren entornos muy controlados, con mecanismos de drenaje, impermeabilización y supervisión permanente. Además, una avería en los equipos de climatización podría agravarse rápidamente en un espacio cerrado.

El suministro energético también debe diseñarse con criterios de alta disponibilidad. Una instalación de este tipo necesitaría varias fuentes de alimentación, baterías de respaldo y generadores capaces de funcionar durante periodos prolongados. La protección física perdería buena parte de su utilidad si un ataque dañase las líneas eléctricas que abastecen el complejo.

El impacto sobre Yandex, Sberbank y VK

Las empresas afectadas gestionan servicios de importancia estratégica para la economía digital rusa. Sberbank depende de una infraestructura tecnológica capaz de procesar operaciones financieras de forma continua. Yandex mantiene servicios de búsqueda, movilidad, comercio electrónico y computación en la nube, mientras que VK opera plataformas sociales y otros servicios digitales de gran alcance.

La concentración de recursos en grandes centros de datos facilita la eficiencia y reduce costes, pero también crea puntos críticos. Si varias funciones dependen de una misma instalación, un incidente localizado puede tener consecuencias en numerosos servicios al mismo tiempo.

La tendencia internacional del sector consiste en distribuir las cargas de trabajo entre distintas regiones y replicar la información en tiempo real. Rusia podría acelerar ahora ese proceso, combinando centros subterráneos con instalaciones convencionales más dispersas y redes capaces de transferir automáticamente las operaciones.

Más allá de la guerra, una apuesta por la soberanía digital

El interés por proteger físicamente los centros de datos encaja con la estrategia rusa de reforzar su autonomía tecnológica. El país lleva años impulsando plataformas nacionales y reduciendo su dependencia de proveedores extranjeros de software, servicios en la nube y equipamiento informático.

La guerra con Ucrania ha añadido una nueva dimensión a esa política. Ya no se trata solo de controlar los datos o disponer de servidores propios, sino de asegurar que la infraestructura permanezca operativa ante ataques físicos, cortes de comunicaciones y campañas destinadas a interrumpir servicios esenciales.

Por ahora, los detalles sobre el número de instalaciones previstas, su ubicación y el calendario de construcción son limitados. El coste será elevado y los plazos, previsiblemente largos. Aun así, los ataques con drones han demostrado que la seguridad digital no termina en el software: también depende de que los edificios, la energía y las comunicaciones puedan resistir en el mundo físico.

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