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Sedentarismo: riesgos para la salud y cambios sencillos para prevenir enfermedades

Pasar demasiadas horas sentado, moverse poco durante el día y no realizar ejercicio de forma habitual puede afectar a la salud mucho más de lo que parece. El sedentarismo se relaciona con un mayor riesgo de dolor de espalda, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y pérdida de fuerza muscular.

La falta de movimiento no solo afecta a quienes no practican deporte. También puede darse en personas que entrenan algunos días, pero permanecen sentadas durante largas jornadas frente al ordenador, en el coche o delante de la televisión.

Qué se entiende por sedentarismo

El sedentarismo describe un patrón de vida en el que predominan las actividades realizadas sentado o tumbado y con un gasto energético muy bajo. Trabajar ante una pantalla, utilizar el ascensor siempre o desplazarse en coche para trayectos cortos son ejemplos habituales.

Conviene diferenciarlo de la inactividad física. Una persona puede cumplir con una sesión de ejercicio y, aun así, acumular muchas horas seguidas sin levantarse. Por eso, la prevención requiere tanto practicar actividad física como interrumpir los periodos prolongados de inmovilidad.

Principales consecuencias del sedentarismo

Dolor de espalda y problemas musculares

Mantener una postura fija durante mucho tiempo puede sobrecargar la zona lumbar, el cuello y los hombros. La debilidad de la musculatura abdominal y de la espalda también reduce la estabilidad de la columna y puede favorecer molestias recurrentes.

Además, permanecer sentado con la pantalla demasiado baja, los pies sin apoyo o la espalda encorvada aumenta la tensión muscular. No existe una postura perfecta que pueda mantenerse durante horas: lo más saludable es cambiar de posición y moverse con frecuencia.

Mayor riesgo cardiovascular

La escasa actividad física puede contribuir a elevar la presión arterial, empeorar el perfil de colesterol y favorecer el aumento de peso. Con el tiempo, estos factores incrementan el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Caminar, subir escaleras o realizar tareas domésticas ayuda a mantener activo el sistema circulatorio. También favorece el control de la glucosa y la capacidad del organismo para utilizar la energía.

Diabetes tipo 2 y aumento de peso

El sedentarismo suele acompañarse de un menor gasto energético, lo que facilita la acumulación de grasa corporal cuando la alimentación aporta más energía de la que se utiliza. El exceso de peso, especialmente alrededor del abdomen, se asocia a un mayor riesgo de resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

Interrumpir el tiempo sentado con breves paseos puede ayudar a mejorar el control de la glucosa, sobre todo después de las comidas. Estas pausas no sustituyen al tratamiento médico, pero forman parte de un estilo de vida protector.

Impacto en el bienestar emocional

La falta de movimiento también puede influir en el estado de ánimo, el descanso nocturno y la sensación de energía. La actividad física regular se relaciona con una mejor calidad del sueño y puede ayudar a reducir el estrés y la tensión acumulada.

Cómo reducir el sedentarismo en el día a día

No es necesario empezar con entrenamientos intensos. Lo más eficaz suele ser incorporar cambios realistas y mantenerlos de forma constante. Algunas medidas útiles son:

  • Levantarse cada 30 o 60 minutos para caminar unos minutos o realizar movilidad articular.
  • Caminar durante las llamadas telefónicas o aprovechar los descansos laborales para salir al exterior.
  • Utilizar las escaleras cuando sea posible y bajarse una parada antes del transporte público.
  • Hacer desplazamientos a pie o en bicicleta para trayectos cortos.
  • Colocar la pantalla a la altura de los ojos y apoyar bien los pies al trabajar sentado.
  • Evitar pasar el tiempo libre exclusivamente frente al televisor, el móvil o el ordenador.
  • Realizar ejercicios de fuerza adaptados a la edad y a la condición física.

Actividad física recomendada

Como referencia general, las personas adultas deberían acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad intensa, distribuidos a lo largo de la semana. También es aconsejable trabajar la fuerza muscular al menos dos días.

Caminar a paso ligero, nadar, bailar, montar en bicicleta o practicar ejercicios dirigidos son opciones válidas. La intensidad debe ajustarse a la situación de cada persona y aumentar de forma progresiva para evitar lesiones.

Cuándo consultar con un profesional sanitario

Si el dolor de espalda es intenso, persiste durante semanas, aparece tras una caída o se acompaña de debilidad, hormigueos o pérdida de sensibilidad, es importante solicitar una valoración médica. También deben consultar antes de comenzar un programa de ejercicio las personas con enfermedades crónicas, limitaciones de movilidad o antecedentes cardiovasculares.

Combatir el sedentarismo no exige transformar la rutina de un día para otro. Levantarse más veces, caminar un poco más y fortalecer el cuerpo de manera progresiva puede marcar una diferencia importante en la salud presente y futura.

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