Vinicius se encargó de sonreír, para que Rodrygo llegara

Vinicius

Vinicius y Rodrygo un excelente par de garotos que tiene el Madrid. Zidane tomó la valiente decisión de rotar. Una situación que obviamente hizo que el equipo al principio quedase raro, muy impreciso. Ya que prácticamente todo era nuevo y estaban todos encontrándose. Por lo que se dejó ver que la sensatez y la clase la ponían Ramos y Kroos. Mientras trataban de que el resto encajara, ya que se veía como sufrían. No para trenzar una jugada digna de tal nombre, sino para controlar un balón.

Tal vez por esta confusión, es que se vio como Lucas, viéndolo  es escenario poco claro. Echaba una pelota atrás al principio y era pitado como hicieron con Redondo décadas atrás.  Así que hubo cierta susceptibilidad con Lucas en la grada.

En este nuevo encuentro, Zinedine Zidane dio entrada a muchas novedades en el once. Por lo que el Madrid se sobrepuso a la imprecisión inicial con la gran aportación de los jóvenes.

Los primeros minutos

Vinicius

Durante por lo menos los primeros diez minutos no hubo nada. Y los medios de Osasuna llegaban muy fáciles hasta el área y eso el Madrid lo fue ajustando. Por ello, lo mejor del Madrid llegó ya en el minuto 18. Con una gran jugada personal de Odriozola. Esta jugada la había iniciado Vinicius superando al par, y él la había transformado en ocasión por voluntad y velocidad.

Paró Rubén y Jovic ya estaba en el sitio aunque el remate se le fuera alto. Jovic está donde toca. Ya que todo su cuerpo está formado para coger sitio, para hacerse un hueco. Así que sin duda, este arreón individualista animó al Madrid que vio ahí la clave del partido: velocidad. Por toque y meditación no iba a poder ser, había que correr.

Así que el Real Madrid quería hacerlo, pero le faltaba decidir cómo y dónde lo hacía. Ya que Valverde corría muchísimo, es más demasiado, en todas direcciones. Valverde a veces parece que corre para otro partido.

La iniciativa de Vinicius

Pasaban los minutos, y el Real Madrid no terminaba de controlar el partido. Y  además estaba muy impreciso. Parecía eso un Congreso Médico sobre astrágalos difíciles. La salida del Madrid era la del año pasado, Vinicius, que corriera Vinicius. En el minuto 33 lo hizo, se fue con un individualismo enloquecido al ataque y fue pitado por ello. Los mismos quizás que al minuto siguiente aplaudieron a Areola por coger un balón a la remanguillé. Con cuatro «buyadas», Areola se puede ganar a la grada.

Durante el tiempo transcurrido, Vinicius no estaba acertado, no era aun el Vinicius de siempre. Pero era la solución en ese momento para el Madrid. Por ello, en el minuto 36 se la volvieron a dar y esta vez no decidió irse solo contra el muro del Osasuna. Decidió algo aún más improbable: decidió chutar de lejos. Pero así llegó el gol, contra tablero, porque Vinicius cuando las mete es porque da en alguien. Se va del rival pero luego necesita que el rival le ayude. El balón entró con una parábola auxiliada pero hermosa y el brasileño se arrodilló. Quizá lloró. Lo que se había quitado de encima ese muchacho se vio en su reacción.

El gol alivió al Madrid. Valverde ya llegaba a los balones con sus piernas enormes y Vinicius sonrió. Volvimos a ver todos sus dientes y hasta el descanso hizo las jugadas que conocimos de él.

Así entonces, Vinicius se ganaba a la grada persiguiendo al defensa y Jovic se iba haciendo al área. Desarrollando todo su sentido de lo territorial. Pero le anularon un gol, sin embargo, esto casi que era lo de menos. Jovic se fue adueñando del área, pisándola con más propiedad. Y el Osasuna estaba en el partido, seguía ahí, pero el Madrid parecía mejor, comprometidos todos.

La presión de Valverde

Sin duda alguna, el espíritu era el de Valverde, yendo a presionar al portero desde su campo con una determinación anormal pero vibrante. Otro joven corriendo enloquecido hacia la pelota o hacia su futuro. Lo vio el Zidane menos conservador cuando dio descanso a Vinicius por Rodrygo. Su primer balón lo paró con toque de gamuza, se fue al área desde el extremo y la ajustó al palo. ¡Aparición en el Bernabéu! ¡Avistamiento de fenómeno! Todo lo que en Vinicius es batucada previa, llegada retumbante, en Rodrygo es sigilo, bossa nova. Así que la misma noche en que la sonrisa volvía a Vinicius, aparecía Rodrygo.

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