Bab el-Mandeb, el estrecho que puede poner en jaque al comercio mundial
El estrecho de Bab el-Mandeb se ha convertido en uno de los principales puntos de tensión para la economía global. Su posición, entre Yemen y la costa africana, conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y permite el acceso al canal de Suez, una de las rutas marítimas más importantes del planeta.
Por este paso circula cerca del 12% del petróleo transportado por mar en todo el mundo. También transitan buques portacontenedores, cargamentos de gas, productos agrícolas y materias primas. Cualquier alteración prolongada de la navegación tendría consecuencias que irían mucho más allá de Oriente Próximo.
Una ruta estrecha con impacto global
Bab el-Mandeb, cuyo nombre significa «puerta de las lágrimas», es un corredor marítimo relativamente estrecho, pero esencial para enlazar Asia, Oriente Medio y Europa. Los barcos que lo atraviesan pueden continuar hacia el canal de Suez y evitar el largo rodeo por el cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África.
Esta conexión reduce miles de kilómetros y permite acortar los tiempos de transporte. Para las navieras, esa diferencia se traduce en menos consumo de combustible, menores costes operativos y una rotación más rápida de las flotas. Para las empresas y los consumidores, implica entregas más previsibles y precios menos expuestos a sobresaltos logísticos.
El problema es que la ruta depende de la estabilidad política y militar de una zona especialmente frágil. Yemen lleva años dividido por el conflicto y los hutíes mantienen capacidad para amenazar el tráfico marítimo desde posiciones próximas al estrecho y al mar Rojo.
El riesgo de un avance hutí
Un avance territorial o militar de los hutíes no tendría que traducirse necesariamente en un cierre formal de Bab el-Mandeb para alterar el comercio. Bastaría con elevar la percepción de peligro para que las compañías navieras modificaran sus itinerarios, contrataran más seguridad o decidieran evitar la zona.
La navegación comercial depende tanto de la seguridad efectiva como de la evaluación del riesgo. Si los operadores consideran que los buques pueden ser atacados, retenidos o utilizados como instrumento de presión, la ruta dejará de ser competitiva aunque permanezca abierta sobre el papel.
- Desvío de buques: las navieras podrían optar por rodear África, con más días de navegación y mayor consumo de combustible.
- Aumento de los seguros: las primas para atravesar una zona de conflicto se dispararían y acabarían repercutiendo en el precio final de las mercancías.
- Retrasos en las entregas: los puertos europeos y asiáticos recibirían cargamentos con más demora y menor previsibilidad.
- Presión sobre la energía: el petróleo y otros combustibles podrían encarecerse si el mercado anticipa interrupciones prolongadas.
La conexión con el canal de Suez
Bab el-Mandeb forma parte del mismo eje estratégico que el mar Rojo y el canal de Suez. Si la navegación por el estrecho se vuelve insegura, el impacto alcanzaría a una de las principales puertas de entrada de mercancías hacia Europa.
El rodeo por el cabo de Buena Esperanza puede añadir varios días, o incluso semanas según el destino y las condiciones del viaje. Ese tiempo extra obliga a movilizar más barcos para mantener la frecuencia de los servicios y aumenta el coste de cada trayecto.
La experiencia demuestra que las disrupciones marítimas no se limitan al precio del transporte. También pueden generar falta de contenedores, congestión portuaria, problemas de abastecimiento y tensión en sectores que trabajan con inventarios ajustados, como la automoción, la electrónica o la distribución alimentaria.
Ormuz añade presión al mercado energético
La importancia de Bab el-Mandeb crece todavía más si el estrecho de Ormuz permanece bajo presión por la guerra. Ambos pasos cumplen funciones diferentes, pero cualquier perturbación simultánea reduciría el margen de maniobra del comercio energético internacional.
Ormuz concentra una parte decisiva de las exportaciones de petróleo y gas del golfo Pérsico. Bab el-Mandeb, por su parte, conecta esas rutas con los mercados europeos y asiáticos a través del mar Rojo. Una crisis en ambos puntos podría alimentar una subida de precios y aumentar la volatilidad en los mercados.
Una crisis que no sería solo militar
El mayor peligro no reside únicamente en un ataque concreto, sino en la posibilidad de que se consolide una crisis marítima prolongada. Cuando las compañías empiezan a evitar una ruta, recuperar la normalidad puede llevar tiempo incluso después de reducirse la amenaza.
Los gobiernos tendrían que reforzar la protección de los buques, coordinar patrullas internacionales y garantizar corredores seguros. Sin embargo, la presencia militar puede contener el riesgo, pero no elimina las causas políticas y territoriales que lo alimentan.
Por eso, el futuro de Bab el-Mandeb dependerá tanto de la evolución del conflicto en Yemen como de la capacidad diplomática para impedir que el estrecho se convierta en un escenario permanente de confrontación. Mientras tanto, cada amenaza sobre sus aguas recuerda hasta qué punto la economía mundial depende de unos pocos pasos marítimos.



