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Almería El reto del CIO de Cosentino: crear una empresa autónoma

El reto del CIO de Cosentino: crear una empresa autónoma

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El CIO de Cosentino afronta el reto de construir una empresa autónoma sin frenar el negocio

La transformación tecnológica de Cosentino pasa por algo más ambicioso que modernizar aplicaciones o trasladar procesos a la nube. Rafa Domene, responsable de la infraestructura tecnológica de la compañía almeriense, trabaja con una meta clara: avanzar hacia una empresa autónoma, capaz de operar con mayor agilidad y tomar decisiones basadas en datos sin que la tecnología se convierta en un obstáculo para el negocio.

La idea que resume su enfoque es directa: el área tecnológica no debe limitarse a entregar aplicaciones. Su función consiste en gestionar procesos, conectar la información y facilitar que las distintas áreas de la organización puedan trabajar de forma coordinada.

De entregar aplicaciones a transformar procesos

Durante años, muchos departamentos de tecnología han medido su actividad por el número de proyectos puestos en marcha, las aplicaciones desplegadas o las incidencias resueltas. Este modelo resulta insuficiente para compañías con operaciones complejas y presencia internacional, como Cosentino.

Para Domene, el verdadero valor de la tecnología aparece cuando esta permite simplificar el funcionamiento de la empresa. Una aplicación aislada puede resolver una necesidad concreta, pero no garantiza que los datos circulen correctamente ni que el proceso completo sea más eficiente.

El reto consiste, por tanto, en contemplar la cadena de principio a fin: desde la generación de la información hasta su uso por parte de las personas, los sistemas y los equipos que toman decisiones. La tecnología deja de ser un proveedor interno para convertirse en una pieza estructural del negocio.

Una empresa autónoma necesita datos conectados

La autonomía empresarial no significa prescindir de los profesionales. Implica dotarles de herramientas, información y automatizaciones que reduzcan las tareas repetitivas y permitan dedicar más tiempo a actividades de mayor valor.

Para avanzar en esa dirección, Cosentino debe afrontar desafíos habituales en los grandes entornos corporativos: integrar sistemas, eliminar duplicidades, mejorar la calidad de los datos y asegurar que la información esté disponible cuando se necesita.

La conexión entre departamentos es especialmente relevante. Producción, logística, ventas, finanzas o atención al cliente generan datos que no deberían permanecer aislados. Cuando la información fluye de forma coherente, la compañía puede reaccionar antes, anticipar necesidades y tomar decisiones con una visión más completa.

La automatización como apoyo, no como fin

La automatización ocupa un papel importante en esta estrategia, aunque no debe entenderse como un objetivo independiente. Automatizar un procedimiento mal diseñado solo permite ejecutar más deprisa un proceso ineficiente.

El planteamiento de Cosentino parte de revisar cómo se trabaja y qué información interviene en cada etapa. Después, la tecnología puede ayudar a eliminar pasos innecesarios, reducir errores y acelerar las operaciones sin perder control ni trazabilidad.

Esta visión también afecta a la inteligencia artificial. Antes de incorporar capacidades avanzadas, las organizaciones necesitan contar con datos fiables, reglas claras y una arquitectura preparada para escalar. Sin esa base, cualquier iniciativa corre el riesgo de convertirse en una prueba aislada con poco impacto real.

La tecnología no puede convertirse en un cuello de botella

Uno de los principales desafíos para un CIO es encontrar el equilibrio entre control y velocidad. La empresa necesita seguridad, estabilidad y cumplimiento, pero también debe responder con rapidez a las oportunidades del mercado.

Una infraestructura excesivamente rígida puede ralentizar la innovación. En el extremo contrario, crecer sin criterios comunes puede generar sistemas difíciles de mantener, riesgos de seguridad y costes crecientes. La responsabilidad tecnológica consiste en establecer una base sólida que permita avanzar sin bloquear a las áreas de negocio.

Ese equilibrio requiere priorizar. No todas las iniciativas tienen el mismo impacto ni pueden desarrollarse al mismo tiempo. La hoja de ruta tecnológica debe estar vinculada a los objetivos de la compañía y centrarse en los procesos que aporten más valor, mejoren la experiencia del cliente o aumenten la eficiencia operativa.

El cambio también depende de las personas

La construcción de una empresa autónoma no se resuelve únicamente con nuevas plataformas. Los empleados deben entender cómo cambian sus tareas, qué decisiones pueden tomar con la nueva información y qué responsabilidades mantienen bajo su control.

Por eso, la transformación digital exige colaboración entre tecnología y negocio. Los equipos que conocen los procesos son esenciales para detectar problemas, definir prioridades y comprobar si una solución mejora realmente el trabajo diario.

La adopción también depende de la sencillez. Las herramientas deben integrarse en la operativa habitual y ofrecer una experiencia clara. Si obligan a duplicar datos, consultar demasiados sistemas o modificar constantemente los procedimientos, la tecnología acabará generando fricción en lugar de productividad.

Una infraestructura preparada para el crecimiento

El enfoque de Rafa Domene sitúa la infraestructura en un papel menos visible, pero decisivo. Redes, sistemas, seguridad, integración y gestión de datos forman la base sobre la que se apoyan las operaciones de una compañía industrial y global.

El objetivo no es que la tecnología ocupe el centro de la actividad, sino que funcione de manera fiable y permita a Cosentino concentrarse en su negocio. Una infraestructura bien diseñada debe acompañar el crecimiento, adaptarse a nuevas necesidades y ofrecer capacidad de respuesta sin introducir complejidad innecesaria.

En ese camino, el éxito no se medirá por la cantidad de aplicaciones implantadas. Se medirá por la capacidad de la empresa para operar de forma más coordinada, utilizar mejor sus datos y tomar decisiones con mayor rapidez. Esa es la diferencia entre digitalizar tareas y construir una organización verdaderamente autónoma.

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