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El Gobierno plantea impulsar centros de datos sostenibles, eficientes y soberanos

El Gobierno quiere promover un modelo de centros de datos sostenibles, eficientes y soberanos, una apuesta que sitúa la infraestructura digital en el centro de la estrategia económica y tecnológica del país. La propuesta parte de una premisa cada vez más relevante: la expansión de la inteligencia artificial, la Administración digital y los servicios en la nube exige más capacidad de procesamiento, pero también un mayor control sobre el consumo energético, los datos y las infraestructuras críticas.

El planteamiento se encuentra todavía en una fase general y no incorpora, por ahora, un calendario detallado ni el listado de medidas concretas que permitirían desarrollarlo. Tampoco se han precisado los criterios que deberán cumplir las instalaciones para ser consideradas sostenibles, eficientes o soberanas. Esos aspectos serán determinantes para comprobar si la iniciativa se traduce en una política industrial efectiva o queda limitada a una declaración de intenciones.

Más capacidad digital con menor impacto ambiental

Los centros de datos son esenciales para el funcionamiento de numerosos servicios públicos y privados. Alojan información, ejecutan aplicaciones y permiten operar plataformas digitales utilizadas a diario por empresas, ciudadanos y administraciones. Sin embargo, requieren grandes cantidades de electricidad y sistemas de refrigeración capaces de mantener los equipos en condiciones óptimas.

El crecimiento de la inteligencia artificial ha elevado todavía más esa demanda. El entrenamiento y la ejecución de modelos avanzados necesitan una capacidad de cálculo muy superior a la de otros servicios digitales. Por ello, cualquier plan de expansión deberá abordar el impacto ambiental de estas instalaciones, desde su consumo energético hasta el uso de agua, la gestión de residuos electrónicos y las emisiones asociadas a su construcción y funcionamiento.

La eficiencia no dependerá únicamente de utilizar equipos más modernos. También será necesario mejorar el diseño de los edificios, aprovechar fuentes renovables, reducir las pérdidas de energía y estudiar fórmulas para reutilizar el calor generado por los servidores. Además, la planificación deberá tener en cuenta la disponibilidad de recursos en cada territorio y la capacidad de las redes eléctricas para asumir nuevas cargas.

La soberanía digital, en el centro del debate

El segundo eje de la propuesta es la soberanía. En términos prácticos, este concepto implica que España y la Unión Europea dispongan de mayor capacidad para decidir dónde se almacenan los datos, quién puede acceder a ellos y bajo qué legislación operan los proveedores tecnológicos.

La dependencia de empresas externas para alojar información estratégica plantea riesgos en ámbitos como la sanidad, la energía, la seguridad, las comunicaciones o la gestión tributaria. Un modelo soberano no exige necesariamente prescindir de la colaboración privada, pero sí contar con garantías jurídicas, técnicas y operativas que eviten que una interrupción del servicio o una decisión empresarial comprometa funciones esenciales.

Para ello, será necesario definir requisitos de seguridad, continuidad de negocio, portabilidad de los datos y control sobre las subcontrataciones. También deberá aclararse cómo se auditará el cumplimiento de esas obligaciones y qué consecuencias tendrán las empresas o entidades que no respeten las condiciones establecidas.

Transparencia y control de los recursos públicos

El impulso de nuevos centros de datos puede movilizar inversiones importantes y generar oportunidades para el empleo especializado, la investigación y la modernización industrial. Pero también abre la puerta a la concesión de ayudas, autorizaciones, suelo público y contratos de gran valor económico. En ese punto, la transparencia será tan importante como la innovación.

Las administraciones deberán publicar los criterios utilizados para seleccionar proyectos, las ventajas fiscales o económicas concedidas y el impacto previsto sobre el territorio. También convendría conocer el consumo real de recursos, los compromisos de creación de empleo y el grado de cumplimiento de los objetivos ambientales.

La experiencia demuestra que los proyectos tecnológicos de gran escala pueden beneficiarse de procedimientos acelerados o de marcos regulatorios excepcionales. Esa agilización no debería traducirse en menos controles. La evaluación ambiental, la participación de los municipios afectados y la fiscalización independiente deben mantenerse como elementos básicos para evitar decisiones opacas o inversiones sin retorno suficiente para el interés general.

Un reto que exige coordinación

La estrategia deberá coordinar a los ministerios competentes, las comunidades autónomas, los ayuntamientos, los operadores energéticos y las empresas tecnológicas. Sin esa cooperación, existe el riesgo de que se autoricen instalaciones sin una planificación conjunta de agua, electricidad, conectividad y transporte.

El Gobierno afronta así el desafío de combinar competitividad, seguridad digital y sostenibilidad. La demanda de servicios tecnológicos continuará creciendo, pero la respuesta no puede basarse únicamente en construir más capacidad. Será necesario establecer reglas claras, medir los resultados y garantizar que la expansión de los centros de datos sea compatible con el interés público.

La propuesta de impulsar centros de datos sostenibles, eficientes y soberanos abre un debate estratégico. Su éxito dependerá de que el futuro desarrollo vaya acompañado de objetivos verificables, controles públicos y una rendición de cuentas accesible para la ciudadanía.

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