Invertir en One Health, una estrategia para prevenir enfermedades y proteger la economía
La prevención de enfermedades humanas, animales y medioambientales puede generar beneficios sanitarios y económicos muy superiores a los costes de actuar cuando el problema ya se ha extendido. Esta es una de las principales conclusiones de un nuevo informe conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Mundial de Sanidad Animal.
El documento analiza el valor de aplicar el enfoque One Health o Una sola salud, que entiende la salud de las personas, los animales y los ecosistemas como una realidad interconectada. Su objetivo es reforzar la prevención, mejorar la coordinación entre sectores y reducir la carga de enfermedades que pueden transmitirse entre animales y seres humanos.
Prevenir antes de que aparezca una crisis sanitaria
Las enfermedades zoonóticas, las infecciones transmitidas por alimentos, la resistencia a los antimicrobianos y los efectos del deterioro ambiental pueden provocar consecuencias que van mucho más allá del ámbito clínico. Además de aumentar la presión sobre los hospitales y los servicios veterinarios, estos problemas afectan a la agricultura, la ganadería, el comercio, el empleo y la seguridad alimentaria.
El enfoque One Health propone intervenir antes de que los riesgos se conviertan en emergencias. Para ello, plantea compartir información entre autoridades sanitarias, profesionales de la medicina y la veterinaria, investigadores, productores de alimentos y responsables de la gestión ambiental.
Esta vigilancia coordinada permite detectar cambios en la salud de los animales, identificar patógenos emergentes y actuar sobre los factores que facilitan su propagación. También ayuda a diseñar respuestas más rápidas y eficaces cuando aparece una amenaza.
Un retorno que va más allá del ahorro sanitario
Invertir en prevención no solo puede reducir el número de personas enfermas. También contribuye a contener los gastos derivados de los tratamientos, las hospitalizaciones, las bajas laborales y las campañas de emergencia. A estos costes directos se suman las pérdidas económicas provocadas por restricciones comerciales, interrupciones en la producción o disminuciones del consumo.
El análisis destaca que las medidas de salud pública pueden tener un impacto positivo en numerosos sectores. La mejora de los controles en las explotaciones ganaderas, la protección de la fauna silvestre, la vigilancia de los alimentos y el uso responsable de antibióticos son actuaciones capaces de reducir riesgos y mantener la estabilidad de las cadenas de suministro.
Por tanto, el rendimiento de las inversiones en One Health no debe medirse únicamente por el número de enfermedades evitadas. También hay que valorar la capacidad de los sistemas para resistir crisis, mantener la actividad económica y proteger a las comunidades más vulnerables.
La resistencia a los antibióticos, una prioridad
La resistencia a los antimicrobianos ocupa un lugar central dentro de esta estrategia. El uso inadecuado o excesivo de antibióticos en personas, animales y determinados entornos favorece la aparición de microorganismos capaces de sobrevivir a los tratamientos disponibles.
Este fenómeno puede hacer más difíciles de tratar infecciones habituales y aumentar la duración de las enfermedades. También eleva el coste de la atención sanitaria y amenaza procedimientos médicos que dependen de la eficacia de los antibióticos, como algunas cirugías, trasplantes o tratamientos contra el cáncer.
La respuesta requiere medidas coordinadas: mejorar el diagnóstico, utilizar los medicamentos solo cuando sean necesarios, reforzar la vigilancia y promover alternativas que reduzcan la dependencia de los antimicrobianos. La colaboración entre los sectores sanitario, veterinario, agrícola y ambiental resulta esencial para frenar su expansión.
Más coordinación y financiación estable
El informe reclama que el enfoque One Health se integre en las políticas públicas y no se limite a actuaciones puntuales durante una emergencia. Para ello son necesarios presupuestos estables, sistemas de información compatibles y equipos capaces de trabajar de manera conjunta.
También se considera importante que los países incorporen esta visión a sus planes de prevención y preparación frente a futuras amenazas. La cooperación internacional permite compartir conocimientos, mejorar la capacidad de respuesta y evitar que las diferencias entre territorios dificulten el control de una enfermedad.
- Vigilancia integrada: seguimiento conjunto de la salud humana, animal y ambiental.
- Prevención en origen: actuación sobre los factores que favorecen la aparición y transmisión de enfermedades.
- Uso responsable de antimicrobianos: reducción de tratamientos innecesarios y control de las resistencias.
- Intercambio de datos: comunicación rápida entre instituciones, profesionales y sectores productivos.
- Financiación continuada: recursos para mantener las medidas preventivas incluso cuando no existe una emergencia visible.
Una inversión con beneficios para toda la sociedad
La principal conclusión es que la prevención debe considerarse una inversión estratégica y no un gasto secundario. Destinar recursos a la vigilancia, la investigación y la coordinación puede evitar impactos sanitarios y económicos mucho mayores en el futuro.
One Health ofrece un marco para anticiparse a los riesgos y abordar sus causas comunes. Su aplicación exige cambios en la planificación sanitaria, pero también una mayor colaboración entre administraciones, empresas, profesionales y ciudadanía.
En un contexto marcado por la movilidad internacional, la transformación de los ecosistemas y la aparición de nuevas amenazas, proteger la salud humana implica cuidar también la salud animal y el medio ambiente. La prevención coordinada se perfila así como una de las herramientas más eficaces para construir sistemas sanitarios y económicos más resistentes.



