La inteligencia artificial redefine la demanda de oficinas y abre cuatro escenarios para el mercado
La expansión de la inteligencia artificial está alterando las previsiones sobre el futuro de las oficinas. La tecnología no solo modifica la forma de trabajar, sino también el tipo de espacios que necesitan las empresas, su ubicación y la superficie que están dispuestas a ocupar. Ante este cambio, JLL plantea cuatro escenarios posibles para la evolución del mercado inmobiliario de oficinas.
El impacto no será uniforme. La demanda dependerá del ritmo de adopción de la IA, de la evolución del trabajo híbrido, de la productividad alcanzada y de la capacidad de los edificios para ofrecer entornos más atractivos que el hogar. En este contexto, las oficinas menos adaptadas podrían perder valor, mientras que los inmuebles con mejores servicios y tecnología tendrán más opciones de atraer ocupantes.
La IA cambia la función de la oficina
Durante los últimos años, el debate sobre las oficinas se ha centrado principalmente en el teletrabajo. Sin embargo, la inteligencia artificial añade una nueva variable: puede automatizar tareas, acelerar procesos y transformar la composición de los equipos. Esto puede reducir la necesidad de determinados puestos, pero también crear nuevas funciones relacionadas con los datos, la supervisión y la innovación.
La oficina deja de ser únicamente el lugar donde se desarrolla una jornada laboral. Cada vez más, se convierte en un espacio para colaborar, formar equipos, mantener la cultura corporativa y resolver problemas complejos. La consecuencia es que las empresas podrían necesitar menos puestos fijos, pero más zonas flexibles, salas de reunión, áreas de concentración y espacios preparados para la interacción.
Cuatro posibles caminos para el mercado
1. Una demanda estable gracias a la productividad
El primer escenario contempla que la IA impulse la productividad y favorezca el crecimiento de las empresas. Si las organizaciones producen más, amplían sus actividades y contratan nuevos perfiles, la reducción de puestos asociada a la automatización podría compensarse con la creación de empleo en áreas de mayor valor añadido.
En este caso, la superficie total ocupada podría mantenerse relativamente estable, aunque cambiaría su distribución. Las compañías dedicarían menos espacio a puestos individuales y más a entornos de colaboración, innovación y atención a clientes. Los edificios capaces de facilitar esta transformación tendrían una posición más sólida.
2. Menos superficie, pero de mayor calidad
Un segundo escenario apunta a una reducción moderada de la superficie contratada. La automatización de tareas y la consolidación del trabajo híbrido permitirían a las empresas trabajar con menos puestos físicos, pero no eliminarían la necesidad de disponer de una sede corporativa.
La clave estaría en la calidad. La demanda se concentraría en oficinas con buena conectividad, eficiencia energética, servicios comunes y ubicaciones accesibles mediante transporte público. También ganarían importancia la luz natural, la flexibilidad de las plantas y la posibilidad de adaptar rápidamente los espacios a distintos equipos.
3. Una fuerte polarización entre edificios
El tercer escenario dibuja un mercado más desigual. Las empresas tecnológicas, los sectores intensivos en conocimiento y las compañías con mayor capacidad de inversión podrían concentrar su actividad en edificios modernos y bien equipados. En paralelo, los inmuebles obsoletos tendrían más dificultades para encontrar inquilinos.
Esta polarización podría ampliar la diferencia entre oficinas de primera categoría y activos secundarios. Los primeros mantendrían una demanda más resistente, mientras que los segundos afrontarían descuentos, mayores periodos de comercialización y la necesidad de acometer reformas profundas o cambiar de uso.
4. La automatización acelera el ajuste
El escenario más exigente contempla una adopción rápida de la IA junto con una reducción significativa de determinados puestos administrativos. Si esta evolución coincidiera con una utilización limitada de las oficinas, la demanda podría caer con mayor intensidad.
En ese contexto, propietarios e inversores tendrían que buscar alternativas. La reconversión a usos residenciales, educativos, hoteleros o vinculados a la salud podría ganar peso, especialmente en edificios que no puedan competir con los inmuebles más avanzados. No obstante, la transformación dependería de la normativa, los costes y las características de cada mercado.
El edificio también tendrá que trabajar
La evolución de la demanda no dependerá solo del número de empleados. Las compañías analizarán con más detalle qué aporta una oficina frente al trabajo remoto. Un inmueble deberá ofrecer una experiencia capaz de justificar los desplazamientos y facilitar la colaboración que no puede reproducirse con la misma eficacia a distancia.
La conectividad, la ciberseguridad y la gestión inteligente del consumo energético serán elementos cada vez más relevantes. También lo serán los sistemas que permitan reservar puestos y salas, controlar la ocupación o ajustar climatización e iluminación en función del uso real del edificio.
La integración de la IA en la gestión inmobiliaria puede mejorar, además, el mantenimiento predictivo y la planificación de espacios. Con datos sobre ocupación y comportamiento, los operadores podrán adaptar los servicios y reducir costes, siempre dentro de los límites que marcan la privacidad y la seguridad de la información.
Un cambio gradual, pero estratégico
Los cuatro escenarios no deben entenderse como predicciones cerradas, sino como distintas vías de evolución para un mercado sometido a varias fuerzas al mismo tiempo. La inteligencia artificial puede aumentar la productividad y generar nuevas necesidades, pero también reducir la superficie destinada a tareas rutinarias.
Para las empresas, la prioridad será diseñar modelos de trabajo capaces de combinar eficiencia, flexibilidad y colaboración. Para los propietarios, el reto consistirá en anticipar qué características tendrán valor a largo plazo. La oficina no desaparece, pero sí deja atrás su formato más rígido.
El mercado que surja estará probablemente más concentrado, será más tecnológico y exigirá una mayor capacidad de adaptación. En esta nueva etapa, no bastará con disponer de metros cuadrados: será necesario demostrar que el espacio contribuye de forma tangible a la productividad, la innovación y la atracción de talento.

