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Las stablecoins y los depósitos tokenizados ponen en riesgo 230.000 millones de euros de ingresos bancarios

La expansión de las stablecoins y de los depósitos bancarios tokenizados está a punto de entrar en una nueva fase: la comercialización a gran escala. El cambio no se limita a la aparición de nuevos medios de pago digitales. También puede alterar la forma en la que circula el dinero, se liquidan las operaciones y se generan ingresos dentro del sistema financiero.

Las estimaciones más amplias sitúan en torno a 230.000 millones de euros el volumen de ingresos bancarios que podría quedar expuesto ante este proceso. La cifra no implica una pérdida inmediata ni uniforme para todas las entidades, pero sí refleja la magnitud de una transformación que afecta a comisiones, depósitos, pagos transfronterizos y servicios de intermediación.

El dinero programable acelera la transformación financiera

Una stablecoin es un activo digital diseñado para mantener un valor estable respecto a una moneda tradicional, como el euro o el dólar. Su utilidad principal está en permitir transferencias casi instantáneas, operar durante las 24 horas del día y mover liquidez entre plataformas digitales sin depender de los circuitos bancarios convencionales.

Los depósitos tokenizados, por su parte, representan depósitos bancarios tradicionales mediante tokens registrados en una red de tecnología de registro distribuido. A diferencia de muchas stablecoins privadas, mantienen una relación directa con una entidad bancaria y pueden incorporar reglas automáticas para ejecutar pagos, liquidaciones o transferencias.

Ambos instrumentos forman parte de una tendencia más amplia: la creación de dinero inteligente, capaz de transportar valor y ejecutar instrucciones al mismo tiempo. Un pago podría quedar condicionado a la entrega de una mercancía, al cumplimiento de un contrato o a la validación de determinados datos, sin que sea necesaria una intervención manual en cada etapa.

Qué ingresos están más expuestos

El impacto potencial se concentra en las áreas donde los bancos cobran por custodiar fondos, procesar pagos o actuar como intermediarios. Las transferencias internacionales, el cambio de divisas y la liquidación de operaciones entre empresas figuran entre los segmentos con mayor riesgo de disrupción.

  • Comisiones por pagos: las transferencias basadas en redes blockchain pueden reducir intermediarios y costes operativos.
  • Ingresos por depósitos: empresas y particulares podrían mantener parte de su liquidez en stablecoins o instrumentos tokenizados fuera de las cuentas tradicionales.
  • Servicios de corresponsalía: las operaciones internacionales podrían liquidarse directamente entre participantes conectados a una misma red.
  • Margen de intermediación: la disponibilidad de activos digitales líquidos puede reducir la dependencia de algunas estructuras bancarias convencionales.
  • Custodia y conciliación: los registros compartidos y los contratos inteligentes automatizan procesos que hoy requieren controles duplicados.

El riesgo, por tanto, no procede únicamente de que un cliente utilice una nueva forma de pago. También aparece cuando varias funciones bancarias se integran en una única infraestructura tecnológica, con menos pasos, menos participantes y una ejecución más rápida.

Los depósitos tokenizados no son una amenaza idéntica a las stablecoins

La distinción entre ambos modelos será determinante para el futuro del sector. Las stablecoins suelen estar emitidas por compañías tecnológicas, plataformas financieras o consorcios privados. Su atractivo reside en la disponibilidad y en la capacidad para operar dentro de ecosistemas digitales, aunque su marco regulatorio, sus reservas y sus mecanismos de reembolso pueden variar.

Los depósitos tokenizados conservan, en principio, la relación con un banco y con el sistema de protección y supervisión asociado a los depósitos tradicionales. Para las entidades, representan una forma de modernizar su infraestructura sin abandonar completamente su modelo de negocio.

La competencia podría producirse en varios frentes. Las grandes plataformas tecnológicas pueden controlar la experiencia de usuario y la distribución, mientras que los bancos aportarían la licencia, la confianza y la gestión de la liquidez. El equilibrio entre ambos actores dependerá de la regulación y de la interoperabilidad entre redes.

La regulación será decisiva

El crecimiento de estos activos estará condicionado por las normas sobre reservas, prevención del blanqueo de capitales, protección del consumidor y tratamiento de los datos. También será esencial determinar quién responde ante un fallo tecnológico, un error en un contrato inteligente o la imposibilidad de canjear una stablecoin por dinero tradicional.

En Europa, el desarrollo del marco regulatorio para los criptoactivos proporciona una base para ordenar el mercado, pero todavía quedan retos técnicos y operativos. La circulación entre países, la identificación digital y la conexión entre sistemas bancarios y redes blockchain exigirán estándares comunes.

Una amenaza, pero también una oportunidad

El avance del dinero tokenizado no obliga necesariamente a los bancos a asumir un papel secundario. Las entidades pueden convertirse en emisoras de depósitos digitales, proveedoras de servicios de custodia, operadoras de redes de liquidación o gestoras de identidad y cumplimiento normativo.

Para lograrlo tendrán que actualizar sistemas heredados, reducir el tiempo de lanzamiento de nuevos productos y trabajar con plataformas tecnológicas. También deberán revisar su estructura de costes, ya que una parte de sus ingresos actuales procede de procesos manuales y redes construidas para una operativa que funciona con horarios y liquidaciones diferidas.

La cifra de 230.000 millones de euros debe interpretarse como una exposición potencial, no como una pérdida inevitable. El resultado dependerá de la velocidad de adopción, de la confianza de los usuarios y de la capacidad de cada banco para integrar estos instrumentos en su oferta.

Lo que sí parece claro es que las stablecoins y los depósitos tokenizados ya no son únicamente proyectos experimentales. Su llegada a la fase comercial puede marcar el comienzo de una nueva arquitectura financiera, en la que el dinero sea más programable, las operaciones más rápidas y la frontera entre banca, tecnología y plataformas digitales resulte cada vez más difícil de distinguir.

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