Publicidad

La banca vuelve a mirar al extranjero tras años de repliegue

Los grandes bancos internacionales vuelven a estudiar con más interés su expansión fuera de las fronteras nacionales. Tras la crisis financiera de 2008, muchas entidades redujeron su presencia exterior para concentrarse en sus mercados de origen, simplificar estructuras y limitar los riesgos regulatorios. Ahora, ese movimiento empieza a perder fuerza.

El cambio responde a una evolución en la valoración de los grupos financieros con actividad internacional. Durante años, los inversores aplicaron un descuento a los bancos con negocios repartidos por varios países, al considerar que eran más difíciles de gestionar y estaban expuestos a una mayor diversidad de riesgos. Esa penalización se está moderando, lo que puede animar a los ejecutivos a recuperar estrategias de crecimiento transfronterizo.

El fin de la penalización a los bancos internacionales

La banca global fue una de las grandes perjudicadas por la crisis financiera. La caída de Lehman Brothers y las turbulencias posteriores dejaron claro que los problemas de una filial o de un mercado concreto podían afectar rápidamente al conjunto del grupo. Las autoridades endurecieron la supervisión y exigieron más capital, mientras los accionistas reclamaban modelos de negocio más sencillos.

En ese contexto, entidades como NatWest optaron por replegarse hacia sus mercados domésticos. La reducción de operaciones internacionales permitía recortar costes, facilitar el control del balance y limitar la exposición a divisas, ciclos económicos y marcos regulatorios diferentes.

Sin embargo, la retirada también tuvo un precio. Los bancos centrados en un único país dependen en mayor medida de la evolución de esa economía, de la competencia local y de los tipos de interés de su mercado. La diversificación geográfica, bien gestionada, puede compensar esos riesgos y ofrecer nuevas vías de crecimiento.

BBVA, un modelo de diversificación geográfica

BBVA representa una estrategia diferente. El grupo español mantuvo una notable presencia internacional, con negocios en distintas regiones y una exposición diversificada a varios ciclos económicos. Durante años, esa amplitud geográfica fue vista por parte del mercado como una fuente de complejidad y recibió una valoración inferior a la de entidades más concentradas.

La percepción, no obstante, está cambiando. Los inversores valoran cada vez más la capacidad de un banco para generar ingresos en diferentes mercados, especialmente cuando las economías evolucionan a ritmos distintos. La actividad internacional puede amortiguar la debilidad de un país y proporcionar oportunidades allí donde el crédito, los pagos digitales o la financiación empresarial presentan mayor recorrido.

La experiencia de entidades como BBVA también muestra que la expansión internacional no depende únicamente del número de países en los que opera un banco. Resultan decisivos la calidad de las franquicias locales, el conocimiento del cliente, la eficiencia tecnológica y la capacidad de integrar las operaciones sin disparar los costes.

Más interés por las compras transfronterizas

La mejora en la valoración de la banca internacional puede reactivar las fusiones y adquisiciones entre entidades de distintos países. Los bancos que cuentan con balances sólidos y capital disponible tienen ahora más incentivos para comprar rivales extranjeros, entrar en nuevos mercados o reforzar negocios concretos, como la banca de empresas, los medios de pago o la gestión de patrimonios.

Estas operaciones permiten acelerar el crecimiento frente a una expansión desde cero. Comprar una entidad ya establecida aporta clientes, oficinas, licencias, profesionales y conocimiento del mercado. También puede generar economías de escala en tecnología, cumplimiento normativo y servicios centrales.

El atractivo es especialmente relevante en mercados maduros, donde el crecimiento orgánico de los préstamos es limitado y la competencia presiona los márgenes. La adquisición de un competidor puede ofrecer una vía para aumentar el volumen de negocio y mejorar la rentabilidad, siempre que la integración se ejecute correctamente.

Los riesgos no han desaparecido

El regreso de la banca global no significa que las dificultades de la expansión internacional hayan desaparecido. Cada operación debe superar obstáculos regulatorios, políticos y culturales. Además, los supervisores siguen siendo cautelosos ante la creación de entidades demasiado grandes o difíciles de rescatar en caso de crisis.

La integración tecnológica es otro de los principales retos. Sistemas informáticos incompatibles, bases de datos fragmentadas y diferentes normas de protección de información pueden retrasar las sinergias previstas. A ello se suman las diferencias en la gestión del riesgo, la estructura laboral y la relación con los clientes.

También existe el riesgo de pagar demasiado. Cuando varios grupos compiten por una misma entidad, el precio puede elevarse hasta niveles difíciles de justificar. Una compra internacional solo aporta valor si el banco adquirente puede mejorar la eficiencia, aumentar los ingresos o aprovechar una posición estratégica que el mercado aún no haya reconocido.

Una nueva etapa para los grandes bancos

La tendencia apunta a una banca menos replegada y más selectiva. No se trata necesariamente de regresar al modelo de expansión global anterior a 2008, sino de construir grupos internacionales con una presencia más equilibrada, controles más estrictos y una gestión más eficiente.

Para los consejeros delegados, la reducción del descuento aplicado a los bancos diversificados abre una oportunidad. Las entidades con capital, tecnología y experiencia internacional pueden volver a cruzar fronteras para crecer. El mercado, sin embargo, exigirá que cada operación tenga una lógica clara y que la promesa de diversificación no se convierta en una nueva fuente de complejidad.

Artículo anteriorAsí opera Dexeus la apnea del sueño con cirugía robótica
Artículo siguienteIncendio en hospital de Pakistán mata a 14 recién nacidos