El empleo pierde impulso y registra su peor tercer trimestre desde 2019
El mercado laboral español modera su avance. El número de ocupados aumentó en 73.600 personas durante el tercer trimestre del año, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicados este martes. Es el incremento más reducido para este periodo desde 2019 y el segundo peor desde 2013, en plena crisis financiera.
La cifra apunta a un cambio de ritmo en la creación de empleo. Aunque el balance sigue siendo positivo, el crecimiento queda lejos del registrado en ejercicios recientes, cuando la contratación avanzaba con mayor intensidad y el mercado de trabajo absorbía con más facilidad a nuevos trabajadores.
Una desaceleración que llega pese al efecto de la regularización
El dato resulta especialmente significativo porque se produce en un contexto marcado por la regularización de trabajadores inmigrantes. La incorporación estadística de estas personas había contribuido a reforzar las cifras de ocupación y a sostener el crecimiento del empleo.
Sin embargo, ese impulso no ha sido suficiente para evitar la ralentización. El aumento de 73.600 ocupados muestra que el mercado laboral mantiene capacidad de creación de puestos de trabajo, pero también que lo hace a un ritmo cada vez más contenido.
La evolución obliga a observar con atención los próximos trimestres. Una moderación puntual puede responder a factores estacionales, pero la comparación histórica sitúa el resultado entre los más débiles de los últimos años y plantea dudas sobre la solidez de la tendencia.
El peor registro desde antes de la pandemia
El tercer trimestre suele concentrar una parte relevante de la contratación asociada a la temporada turística y a determinadas actividades de servicios. Por eso, un incremento de apenas 73.600 ocupados adquiere un peso especial: es el dato más bajo desde 2019, antes de que la pandemia alterase las principales variables del mercado de trabajo.
La comparación con 2013 también resulta reveladora. Solo en aquel año, durante la fase más dura de la crisis financiera, el crecimiento de la ocupación fue peor en un tercer trimestre. Desde entonces, la economía había mostrado una trayectoria más favorable, incluso con las alteraciones provocadas por la crisis sanitaria.
Más empleo, pero con menor velocidad
El resultado no implica que se haya destruido empleo. Al contrario, el número de ocupados continúa aumentando. La cuestión central es la velocidad de ese crecimiento, que se ha reducido de forma notable frente a los avances registrados en etapas anteriores.
Esta diferencia es importante para valorar la salud del mercado laboral. Una creación de empleo más lenta puede limitar la capacidad de reducir el desempleo, dificultar la incorporación de jóvenes y elevar la competencia por los puestos disponibles en sectores con mayor demanda.
También puede reflejar una mayor prudencia de las empresas a la hora de contratar. El enfriamiento de la actividad, la incertidumbre económica o la finalización de determinados estímulos pueden estar detrás de una evolución menos dinámica, aunque los datos conocidos no permiten atribuir el resultado a una única causa.
La inmigración ya no compensa por sí sola la pérdida de ritmo
La llegada de trabajadores extranjeros y la regularización de personas que ya se encontraban en España han tenido un efecto relevante en las estadísticas de ocupación. Su incorporación al mercado formal puede elevar el número de afiliados y ocupados, además de mejorar la visibilidad de empleos que antes permanecían fuera de los registros oficiales.
Pero ese efecto no sustituye a una expansión sostenida de la actividad. Si el resto de la economía reduce su ritmo de contratación, la aportación de nuevos trabajadores puede amortiguar la caída, pero no ocultarla por completo. El dato del tercer trimestre refleja precisamente esa tensión.
La EPA ofrece así una fotografía menos expansiva del mercado laboral. España sigue creando empleo, pero lo hace con una intensidad claramente inferior a la de los últimos años. La evolución de la ocupación, junto con la del paro y la población activa, será determinante para comprobar si se trata de un bache temporal o del inicio de una etapa más prolongada de moderación.
Un aviso para los próximos meses
El principal mensaje de la EPA es que el empleo conserva su signo positivo, aunque pierde fuerza. El incremento de 73.600 ocupados evita hablar de retroceso, pero el contexto histórico convierte el dato en una señal de alerta.
La economía deberá demostrar ahora si puede mantener la creación de puestos de trabajo sin depender tanto de factores extraordinarios, como la regularización de inmigrantes. Los próximos datos permitirán determinar si el mercado laboral recupera dinamismo o si, por el contrario, consolida un ritmo de crecimiento más débil que el registrado desde 2019.



