Santander plantea un ERE para todas sus filiales tecnológicas
Banco Santander ha trasladado a los sindicatos su intención de iniciar un expediente de regulación de empleo (ERE) que afectaría al conjunto de sus filiales tecnológicas. La entidad sostiene que buena parte del trabajo que estaba previsto desarrollar en estas compañías ya se ha completado, un argumento que apunta a una reorganización de sus estructuras y capacidades digitales.
La propuesta abre ahora un periodo de negociación con la representación legal de los trabajadores. Todavía no se han concretado públicamente el número de empleados afectados, el calendario del proceso ni las condiciones de salida, por lo que el alcance definitivo del ajuste dependerá de las conversaciones entre el banco y los sindicatos.
Un ajuste vinculado a la evolución de los proyectos tecnológicos
La justificación planteada por Santander se relaciona con la finalización de una parte relevante de los proyectos que tenían asignados sus filiales tecnológicas. El grupo financiero considera que, una vez completadas esas tareas, sus necesidades organizativas han cambiado y ya no requieren el mismo volumen de recursos en determinadas áreas.
Este tipo de movimientos suele afectar a equipos vinculados al desarrollo, la implantación o el mantenimiento de plataformas digitales, aunque será la documentación del expediente la que determine qué sociedades, departamentos y perfiles quedarían incluidos. Por el momento, la entidad no ha detallado si el plan se concentrará en funciones concretas o si tendrá un impacto transversal.
Las filiales tecnológicas desempeñan un papel central en la estrategia de transformación digital de Santander. Entre sus responsabilidades se encuentran la creación de herramientas para clientes y empleados, la modernización de sistemas internos, la automatización de procesos y el refuerzo de la infraestructura que sostiene la actividad bancaria.
Los sindicatos reclaman información sobre el alcance
La comunicación del ERE da paso a una etapa en la que los sindicatos deberán analizar la memoria del procedimiento y la información económica y organizativa aportada por el banco. Estos documentos resultarán determinantes para valorar si existe una causa productiva u organizativa suficiente y para plantear alternativas a los despidos.
Entre las cuestiones que previsiblemente estarán sobre la mesa figuran el número de puestos afectados, la distribución por centros de trabajo, los criterios de selección y las condiciones económicas para las personas que abandonen la compañía. También podrían estudiarse medidas como recolocaciones internas, bajas voluntarias, prejubilaciones o programas de formación.
La negociación deberá establecer igualmente cómo se garantiza la continuidad de los servicios tecnológicos del grupo. En un sector financiero cada vez más dependiente de sus plataformas digitales, cualquier reorganización debe convivir con las exigencias de seguridad, disponibilidad y cumplimiento normativo que afectan a la banca.
La transformación digital no implica necesariamente más empleo interno
El caso refleja una de las tensiones que atraviesa el empleo tecnológico en las grandes empresas. La inversión en digitalización puede aumentar, pero eso no siempre se traduce en un crecimiento proporcional de las plantillas propias. La finalización de proyectos, la estandarización de herramientas y el uso de proveedores externos pueden modificar las necesidades de personal.
Además, los bancos están revisando sus modelos de trabajo para concentrar recursos en áreas consideradas estratégicas, como la inteligencia artificial, la ciberseguridad, el análisis de datos o la arquitectura de sistemas. Esa reorganización puede generar nuevas oportunidades en algunos perfiles, al tiempo que reduce la demanda en otros vinculados a proyectos ya cerrados.
Santander no ha indicado que el proceso suponga una retirada de su apuesta tecnológica. La entidad mantiene la digitalización como uno de los pilares de su actividad, aunque el planteamiento comunicado a los sindicatos sugiere que pretende adaptar sus estructuras a una nueva fase de sus planes tecnológicos.
Un proceso todavía abierto
La propuesta no equivale todavía a un acuerdo definitivo. El ERE tendrá que concretarse durante la negociación y cualquier modificación en el número de afectados o en las condiciones dependerá de los compromisos que puedan alcanzar las partes.
Hasta que finalicen esas conversaciones, permanecerán abiertas varias incógnitas: el impacto real por filial, la posible afectación territorial y las medidas alternativas a la extinción de contratos. La información que se facilite durante las próximas reuniones permitirá conocer si se trata de un ajuste limitado a determinados proyectos o de una reestructuración más amplia de las compañías tecnológicas del grupo.
Para la plantilla, el principal foco de incertidumbre se sitúa ahora en la definición de los criterios y en las condiciones de salida. Para Santander, el objetivo declarado es adaptar sus recursos a la carga de trabajo pendiente y a la evolución de sus necesidades digitales. El resultado de la negociación determinará el alcance final de este ERE en las filiales tecnológicas del banco.



