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Vigo reúne a estudiantes y familias para aprender a detectar los riesgos del uso de la tecnología

Estudiantes y familias se han dado cita en Vigo en una jornada dedicada a mejorar la prevención de las adicciones comportamentales en adolescentes. El encuentro, integrado en el Proyecto FES, pone el foco en los riesgos asociados al uso intensivo de la tecnología y en la importancia de identificarlos antes de que afecten al bienestar, el rendimiento académico o las relaciones personales.

La iniciativa propone ofrecer a la comunidad educativa herramientas sencillas para reconocer señales de alerta vinculadas al uso de internet, los videojuegos, las redes sociales y otros entornos digitales. El objetivo no es demonizar la tecnología, sino promover un uso equilibrado, consciente y compatible con el descanso, el estudio, el ocio saludable y la convivencia familiar.

Prevenir antes de que aparezca el problema

El Proyecto FES se plantea como una iniciativa de prevención dirigida especialmente a adolescentes, aunque también implica a sus familias y a los profesionales que acompañan a los jóvenes en su día a día. La participación de estos tres ámbitos resulta clave para detectar cambios de conducta y actuar de forma temprana.

Durante la jornada en Vigo se aborda la necesidad de observar cómo y para qué se utilizan los dispositivos. El tiempo de conexión es un indicador relevante, pero no el único. También conviene valorar si el uso de la tecnología interfiere en el sueño, las obligaciones escolares, las actividades sociales o la comunicación dentro del hogar.

Entre las señales que pueden requerir atención se encuentran la pérdida de interés por otras actividades, la irritabilidad cuando se limita el acceso a una pantalla, el abandono de responsabilidades o la necesidad de permanecer conectado durante periodos cada vez más largos. Estos comportamientos no deben interpretarse de forma aislada, pero sí pueden servir como punto de partida para hablar y pedir orientación.

Familias y jóvenes, parte de la solución

La prevención de las adicciones tecnológicas exige evitar enfoques basados únicamente en la prohibición. Las normas familiares, los límites de uso y el acompañamiento adulto son más eficaces cuando se construyen mediante el diálogo y se adaptan a la edad y a las necesidades de cada adolescente.

En este sentido, las familias pueden contribuir estableciendo rutinas claras, protegiendo las horas de sueño y reservando espacios libres de dispositivos, como las comidas. También es recomendable interesarse por las aplicaciones, juegos y plataformas que utilizan los menores, sin convertir la supervisión en una vigilancia constante que dificulte la confianza.

El acompañamiento debe incluir asimismo una conversación sobre los riesgos de internet: la presión social, la exposición permanente, las compras dentro de los videojuegos, el contacto con desconocidos o la dificultad para desconectar. Comprender el entorno digital de los adolescentes permite plantear preguntas más útiles y ofrecer apoyo cuando surgen dificultades.

El bienestar digital como objetivo

La tecnología forma parte de la educación, la comunicación y el ocio de las nuevas generaciones. Por eso, el reto consiste en avanzar hacia un modelo de bienestar digital que permita aprovechar sus ventajas sin que el uso de las pantallas termine condicionando la vida cotidiana.

Este enfoque invita a prestar atención a la calidad de la experiencia digital y no solo al número de horas conectado. No es lo mismo utilizar un dispositivo para realizar una tarea escolar, mantener una conversación o desarrollar una actividad creativa que emplearlo de forma automática para combatir el aburrimiento o evadirse de los problemas.

La jornada celebrada en Vigo también subraya la importancia de que los adolescentes participen activamente en la prevención. Escuchar sus experiencias y dificultades ayuda a diseñar estrategias más realistas y facilita que identifiquen por sí mismos cuándo una conducta empieza a escapar de su control.

Claves para un uso más saludable de la tecnología

  • Establecer horarios y rutinas que protejan el descanso, el estudio y la actividad física.
  • Evitar el uso de dispositivos durante las comidas y antes de dormir.
  • Hablar con los adolescentes sobre las plataformas que utilizan y las situaciones que viven en internet.
  • Observar cambios persistentes en el estado de ánimo, el rendimiento o las relaciones personales.
  • Buscar asesoramiento profesional cuando el uso de la tecnología genere malestar o interfiera en la vida diaria.

La reunión de estudiantes y familias en Vigo refuerza así la necesidad de abordar los riesgos tecnológicos desde la información, la educación y la responsabilidad compartida. Detectar las primeras señales y mantener una comunicación abierta puede marcar la diferencia para prevenir conductas problemáticas y favorecer una relación más segura y equilibrada con el entorno digital.

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