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Marruecos reforzó su estrategia de influencia en Estados Unidos meses antes de la crisis de Ceuta

Marruecos intensificó su campaña de influencia en Estados Unidos aproximadamente cuatro meses antes de la llegada masiva de personas migrantes a Ceuta, un episodio que elevó al máximo la tensión diplomática entre Rabat y Madrid. El movimiento sitúa la gestión de la imagen internacional del reino alauí en el centro del análisis sobre una crisis que desbordó las fronteras españolas y tuvo una fuerte dimensión política.

La ofensiva diplomática y de comunicación desarrollada en Washington habría buscado reforzar la posición de Marruecos ante la Administración estadounidense, el Congreso y distintos sectores de opinión pública. El objetivo principal era consolidar apoyos para sus intereses estratégicos, especialmente en relación con el Sáhara Occidental, y presentar al país como un socio imprescindible para la seguridad regional, el control migratorio y la lucha contra el terrorismo.

Una campaña previa a la crisis migratoria

La intensificación de estos esfuerzos se produjo a comienzos de 2021, antes de la crisis de Ceuta de mayo de ese mismo año. Durante aquellos días, miles de personas entraron en la ciudad autónoma desde Marruecos aprovechando la relajación del control fronterizo. La presión migratoria puso a prueba la capacidad de respuesta española y provocó una crisis institucional y diplomática de gran alcance.

La llegada masiva de migrantes no fue interpretada únicamente como un fenómeno humanitario. El Gobierno español consideró que la actuación de Marruecos podía responder también a una decisión política, en un contexto marcado por el deterioro de las relaciones bilaterales. La acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para recibir tratamiento médico había generado un fuerte malestar en Rabat.

En ese escenario, la actividad de influencia en Estados Unidos adquirió un valor añadido. Una mayor presencia en los centros de decisión norteamericanos permitía a Marruecos defender su relato sobre el Sáhara, promover sus intereses económicos y diplomáticos y reducir el impacto internacional de cualquier enfrentamiento con España.

El papel de los grupos de presión

Las campañas de influencia política suelen incluir contactos con congresistas, antiguos cargos públicos, expertos, medios de comunicación y organizaciones especializadas. También pueden apoyarse en empresas de relaciones públicas y consultoras contratadas para mejorar la imagen de un Estado o trasladar sus argumentos a los responsables de la toma de decisiones.

Estas actividades no son ilegales por sí mismas. El problema aparece cuando la ciudadanía desconoce quién financia determinados mensajes, qué intereses se defienden o qué relación mantienen los intermediarios con gobiernos extranjeros. Por eso, la transparencia de los contratos, los registros de actividad y las obligaciones de declaración resultan esenciales para evaluar el alcance real de estas operaciones.

En el caso marroquí, la estrategia habría coincidido con una etapa de especial sensibilidad en Washington. La decisión de Estados Unidos de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, adoptada a finales de 2020, modificó el equilibrio diplomático en la región y abrió nuevas oportunidades para Rabat. Consolidar ese respaldo se convirtió en una prioridad internacional.

Ceuta, migración y presión diplomática

La crisis de Ceuta evidenció hasta qué punto la cooperación migratoria puede convertirse en una herramienta de presión entre Estados. España depende en buena medida de la colaboración de Marruecos para controlar las entradas irregulares en la frontera sur, pero esa relación también genera una situación de vulnerabilidad cuando los controles se relajan o se interrumpen.

La utilización de la frontera como instrumento político plantea consecuencias especialmente graves. La mayoría de las personas que llegaron a Ceuta se encontraron en una situación de extrema precariedad, mientras que entre ellas había numerosos menores. La emergencia humanitaria quedó vinculada a una disputa diplomática en la que la población civil terminó siendo la principal afectada.

El episodio obligó a España a desplegar efectivos policiales y militares, reforzar la frontera y acelerar los retornos, al tiempo que las instituciones reclamaban una respuesta europea. La crisis también puso de manifiesto la necesidad de contar con protocolos estables que impidan que los cambios en las relaciones políticas entre países se traduzcan en episodios de presión migratoria.

La importancia de seguir el rastro del dinero

La investigación sobre las campañas de influencia debe centrarse no solo en los mensajes difundidos, sino también en los recursos empleados para hacerlos llegar a Washington. Contratos, pagos a consultoras, reuniones con cargos públicos y actividades de intermediación permiten reconstruir cómo se articula la defensa de los intereses de un Gobierno extranjero.

Ese seguimiento es especialmente relevante cuando la influencia coincide con decisiones de gran impacto geopolítico. La financiación de grupos de presión no implica automáticamente corrupción, pero la falta de controles puede favorecer conflictos de intereses, acceso privilegiado a responsables públicos o campañas de desinformación difíciles de detectar.

La relación entre Marruecos, España y Estados Unidos continúa marcada por intereses estratégicos compartidos y desacuerdos de fondo. La crisis de Ceuta recordó que la diplomacia, la migración y la comunicación política forman parte de un mismo tablero. Analizar cómo se preparó el terreno en Washington meses antes ayuda a comprender que aquella emergencia no fue solo una crisis fronteriza, sino también una batalla por el relato y por la influencia internacional.

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