Rumanos no, españoles sí: Reino Unido ha recuperado el control de sus fronteras de forma preocupante

A principios del mes de mayo se presentaron en prensa un montón de casos de viajeros europeos que iban en busca de trabajo y terminaban retenidos en centros de inmigración.

A principios del mes de mayo se presentaron en prensa un montón de casos de viajeros europeos que iban en busca de trabajo y terminaban retenidos en centros de inmigración.

En este sentido, hay varios ejemplos. «Venía a buscarme la vida y se me ha tratado como a una delincuente», expresaba una española que no presentaba sus papeles en regla con las nuevas y complejas normas y que estuvo detenida a lo largo de casi una semana junto a otros ilegales con sus libertades restringidas.

El pasado 1 de enero se hicieron efectivas las nuevas leyes británicas que imposibilitan la libertad de movimientos, pero el bloqueo de tránsito por coronavirus había ralentizado hasta estas fechas el choque con la novedosa situación de los continentales.

Europeos de primera y de segunda. Los casos de Wolfgang, Antonio o María han acumulado la atención de la prensa internacional, pero, tal y como terminan de descubrir ahora por las estadísticas de migración de Reino Unido, sus historias son peculiares sobre el total y la alarma debería sonar, en verdad, en otros países. En el primer trimestre de 2021 se detuvo a 11 españoles, 26 italianos y 12 alemanes, mientras que la cifra de polacos a los que se denegó la entrada fueron 140, 199 búlgaros y 1.852 rumanos.

¿Son números que tengan sentido? Podría razonarse que son más o menos proporcionales al volumen de viajeros procedentes de cada una de estas regiones con motivos laborales. Pero no: conforme a un informe de 2019 del Observatorio Migración de la UE hacia y desde el Reino Unido, las nacionalidades europeas más recurrentes entre los migrantes hacia Reino Unido son polacos (14.5%), rumanos (7.2%) o irlandeses. Los españoles son, por ejemplo, un 3%. Eso quiere señalar que, aun cuando sí iban más polacos o rumanos, la alícuota de diferencia no era del orden de algunos ceros con relación a los europeos “de primera”.

¿Prejuicios de los guardias de fronteras? Es el temor, la “preocupación” de los organismos vigilantes de los derechos humanos. Hay quien ha reprochado esta dificultad a la falta de formación de los oficiales de fronteras (se ha confirmado que se están llevando a cabo varias retenciones de personas que sí cumplían los requisitos) y a la discrecionalidad en el escrutinio que facilitan las nuevas reglas, lo que hace que los agentes observen con más lupa varias solicitudes que otras. Por ejemplo, uno de los argumentos de sospecha es que las personas logren llevar encima objetos que hagan considerar que el sujeto aspira acudir para trabajar en el país, un concepto que concede bastantes interpretaciones.

Euronews por su lado corrobora que por el instante la razón “no está clara” y que el Ministerio del Interior británico no ha dado aún respuestas. Conforme UK in a changing Europe, una organización de investigación asociada al King’s College de Londres, se trata de poblaciones que a lo largo de mucho tiempo se han confrontado a la discriminación y los prejuicios en el Reino Unido inclusive antes del Brexit […] A pesar de que cuentan con una ciudadanía de la UE, [rumanos, búlgaros y polacos] constituían una cifra  desproporcionado de personas rechazadas en los puertos de entrada de Gran Bretaña.

 

 

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