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Compartir imágenes con ChatGPT puede salir caro: los riesgos que conviene conocer

Enviar una fotografía a una herramienta de inteligencia artificial para que la describa, la edite o la convierta en una ilustración se ha convertido en una práctica habitual. Sin embargo, esta comodidad también plantea dudas sobre la privacidad y el control de los datos. El experto en tecnología José Cuadrado alerta de que compartir imágenes con ChatGPT sin valorar antes su contenido puede tener consecuencias difíciles de revertir.

La advertencia cobra especial importancia porque muchas fotografías aparentemente inocentes contienen más información de la que muestra la propia escena. Una imagen puede revelar la identidad de una persona, su ubicación, el interior de una vivienda, documentos personales o incluso rutinas familiares. Al subirla a un servicio online, deja de estar únicamente bajo el control del usuario.

Qué información puede esconder una fotografía

El riesgo no se limita a la cara de quien aparece en la imagen. Las fotografías pueden incluir matrículas, direcciones, pantallas de ordenador, billetes, tarjetas, informes médicos o documentos administrativos. También pueden conservar metadatos, como la fecha, la hora o las coordenadas GPS con las que se tomó el archivo.

Por eso, una petición tan sencilla como pedir a una inteligencia artificial que resuma una imagen o que mejore su calidad puede implicar la transferencia de datos personales. La herramienta necesita procesar el archivo para ofrecer una respuesta, pero el usuario debe revisar qué información está enviando y bajo qué condiciones se gestionará.

El problema de perder el control sobre el archivo

Cuando una imagen se carga en una plataforma de IA, intervienen distintos sistemas tecnológicos encargados de almacenarla, analizarla y generar el resultado. Dependiendo del servicio, de la cuenta utilizada y de la configuración de privacidad, las conversaciones y los archivos pueden conservarse durante un periodo determinado.

Esto no significa que todas las imágenes se utilicen automáticamente para entrenar modelos, pero sí que conviene consultar las opciones disponibles y la política de tratamiento de datos. Las condiciones pueden cambiar entre cuentas personales, entornos profesionales y versiones específicas del servicio.

Además, borrar una conversación no siempre equivale a eliminar de inmediato todas las copias técnicas que puedan existir en los sistemas. La supresión puede estar sujeta a plazos, copias de seguridad y obligaciones legales. La recomendación más prudente es no enviar información que el usuario no estaría dispuesto a compartir con un proveedor externo.

Las imágenes de menores exigen una precaución especial

Las fotografías de niños y adolescentes merecen una protección adicional. Aunque se compartan con la intención de crear un dibujo, corregir una imagen o generar un recuerdo familiar, contienen datos biométricos y personales de personas que no pueden valorar por sí mismas las consecuencias de esa exposición.

También es importante recordar que una imagen puede reutilizarse fuera del contexto original. Las herramientas de edición y generación permiten modificar rostros, ropa, fondos y expresiones con gran realismo. En manos equivocadas, una fotografía pública puede acabar asociada a contenidos falsos, campañas de acoso o intentos de suplantación.

Qué imágenes no conviene subir

Como regla general, es preferible no cargar en ChatGPT ni en otras plataformas de inteligencia artificial fotografías que incluyan:

  • Documentos de identidad, pasaportes, permisos de conducir o tarjetas sanitarias.
  • Informes médicos, recetas, contratos, facturas y datos bancarios.
  • Menores identificables, especialmente si aparecen junto a información sobre su colegio o domicilio.
  • Personas que no hayan dado permiso para que su imagen sea analizada o modificada.
  • Imágenes íntimas o con contenido que pueda causar un perjuicio personal o profesional.
  • Capturas de pantalla con contraseñas, códigos de verificación o conversaciones privadas.

Medidas sencillas para reducir el riesgo

Antes de subir una fotografía, conviene recortarla para eliminar elementos innecesarios y difuminar caras, matrículas, direcciones o números de documento. También es aconsejable borrar los metadatos de ubicación y evitar que la imagen muestre el entorno de una vivienda o un lugar que permita identificar al usuario.

Si la tarea puede realizarse sin enviar el archivo original, una alternativa es describir la escena mediante texto. Para trabajos sensibles, también existen aplicaciones que procesan las imágenes de forma local, directamente en el dispositivo, sin transferirlas a un servidor externo.

En las cuentas de inteligencia artificial es recomendable revisar los controles de privacidad, desactivar el uso de conversaciones para mejorar el servicio cuando esa opción esté disponible y utilizar chats temporales para consultas puntuales. No obstante, estas medidas reducen la exposición, pero no convierten en segura cualquier imagen que se comparta.

La regla más útil: compartir solo lo imprescindible

La advertencia de José Cuadrado se resume en una idea sencilla: la inteligencia artificial puede ser útil, pero no debe utilizarse sin criterio. El hecho de que una plataforma permita analizar una fotografía no significa que sea apropiado enviarla.

Antes de pulsar el botón de carga, merece la pena preguntarse qué datos aparecen en la imagen, quién podría verse afectado y si el resultado justifica el riesgo. En materia de privacidad, la opción más segura suele ser compartir la mínima información posible y conservar bajo control los archivos que puedan identificar a una persona.

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