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Las enfermedades no transmisibles siguen marcando la mortalidad en Argentina

El análisis de las defunciones registradas en Argentina durante 2024 vuelve a poner el foco en el peso de las enfermedades no transmisibles. Se trata de patologías que no se contagian de una persona a otra y que, en muchos casos, evolucionan de forma lenta durante años antes de provocar complicaciones graves.

Dentro de este grupo se incluyen las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas. También forman parte de este conjunto otros problemas de salud de larga duración, relacionados con el envejecimiento, los hábitos de vida, la contaminación ambiental y las desigualdades en el acceso a la prevención y al tratamiento.

Qué son las enfermedades no transmisibles

Las enfermedades no transmisibles, conocidas también como ENT, no están causadas por virus o bacterias que puedan transmitirse entre personas. Su aparición suele responder a una combinación de factores genéticos, ambientales, sociales y conductuales.

Entre los factores de riesgo más frecuentes se encuentran el consumo de tabaco, la alimentación poco saludable, el sedentarismo, el consumo perjudicial de alcohol, la hipertensión arterial, el exceso de peso y la exposición continuada a determinados contaminantes.

Una de sus principales características es que pueden permanecer sin síntomas durante mucho tiempo. Por eso, los controles médicos periódicos resultan esenciales para detectar a tiempo la presión arterial elevada, las alteraciones de glucosa o colesterol y algunas lesiones que podrían evolucionar hacia enfermedades más graves.

El impacto sobre la mortalidad

El panorama de la mortalidad registrado en 2024 muestra la importancia de abordar estas patologías como un reto sanitario de largo recorrido. Aunque las enfermedades infecciosas y las causas externas, como los accidentes o las lesiones, también tienen un impacto relevante, las ENT concentran una parte sustancial de las defunciones y de los años vividos con discapacidad.

Su impacto no se limita a las muertes. Muchas personas conviven durante años con insuficiencia cardíaca, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cáncer, diabetes o secuelas de un accidente cerebrovascular. Estas situaciones pueden reducir la autonomía, dificultar la actividad laboral y aumentar la necesidad de cuidados dentro de las familias.

Además, el riesgo no se distribuye de la misma manera entre toda la población. Las personas con menos recursos pueden tener más dificultades para acceder a una alimentación equilibrada, practicar actividad física con regularidad o realizar revisiones médicas. La distancia a los centros sanitarios y las diferencias territoriales también pueden retrasar el diagnóstico.

Prevención y detección precoz

Una parte importante de las enfermedades no transmisibles puede prevenirse o controlarse mediante medidas sostenidas. No se trata únicamente de decisiones individuales: también influyen las políticas públicas, el entorno urbano, la regulación de los productos nocivos y la disponibilidad de atención primaria.

  • Evitar el tabaco y pedir ayuda profesional para dejar de fumar.
  • Mantener una alimentación variada, con más frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, y limitar la sal, los azúcares y los productos ultraprocesados.
  • Realizar actividad física de forma habitual, adaptada a la edad y al estado de salud.
  • Controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa, incluso cuando no haya síntomas.
  • Reducir el consumo de alcohol y consultar ante cualquier dificultad para moderarlo.
  • Participar en los programas de cribado y en las revisiones recomendadas para detectar determinados tipos de cáncer.

El papel de la atención primaria

Los centros de atención primaria ocupan una posición clave para reducir la mortalidad asociada a estas enfermedades. Son el primer punto de contacto para identificar factores de riesgo, actualizar vacunas, realizar controles y acompañar a las personas que necesitan cambiar hábitos o seguir un tratamiento.

La continuidad asistencial también permite detectar los cambios antes de que aparezcan complicaciones. En pacientes con diabetes, hipertensión o enfermedades respiratorias, el seguimiento regular ayuda a ajustar la medicación, reforzar las recomendaciones y reconocer señales de alarma.

Un desafío que requiere continuidad

Los datos de mortalidad de 2024 deben interpretarse como una llamada a reforzar la prevención y no solo como un balance estadístico. Reducir el peso de las enfermedades no transmisibles exige actuar antes de que aparezca la enfermedad y garantizar que quienes ya tienen un diagnóstico reciban atención accesible y sostenida.

La información sobre las causas de muerte permite identificar tendencias, orientar los recursos y diseñar estrategias adaptadas a las necesidades de la población. Sin embargo, sus beneficios dependen de que las medidas de prevención, diagnóstico y tratamiento lleguen de forma efectiva a todos los territorios y grupos sociales.

Consultar con profesionales sanitarios, mantener los controles recomendados y no normalizar síntomas persistentes son pasos fundamentales. La prevención no elimina todos los riesgos, pero puede reducir la aparición de numerosas enfermedades, mejorar la calidad de vida y evitar complicaciones potencialmente graves.

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