Lluvias e inundaciones en Ecuador: enfermedades que pueden aumentar y cómo protegerse
Las lluvias intensas y las inundaciones no solo provocan daños materiales. También pueden elevar el riesgo de enfermedades infecciosas, especialmente cuando se acumula agua, se interrumpe el suministro potable o los alimentos entran en contacto con aguas contaminadas.
En Ecuador, estos episodios pueden favorecer la proliferación de mosquitos y aumentar la exposición a bacterias, virus y parásitos. Conocer los principales riesgos y actuar con rapidez ayuda a prevenir complicaciones, sobre todo entre niños, personas mayores, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas.
Enfermedades transmitidas por mosquitos
El agua estancada en cubos, neumáticos, macetas, canalones y otros recipientes crea condiciones favorables para la reproducción de mosquitos. Entre las enfermedades que pueden aumentar durante la temporada de lluvias se encuentran el dengue, el chikungunya y el virus del Zika.
El dengue suele causar fiebre alta, dolor de cabeza intenso, dolor detrás de los ojos, malestar muscular y articular, náuseas o erupciones en la piel. En algunos casos puede evolucionar hacia formas graves, con dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado o dificultad para respirar.
El chikungunya se caracteriza por fiebre repentina y fuertes dolores articulares, que pueden prolongarse durante semanas o meses. Por su parte, el Zika suele producir síntomas leves, como fiebre moderada, sarpullido, conjuntivitis y dolor articular, aunque la infección requiere especial vigilancia durante el embarazo.
En determinadas zonas y circunstancias también puede existir riesgo de malaria o paludismo. La fiebre, los escalofríos, la sudoración intensa y el cansancio después de una estancia en áreas de transmisión deben valorarse médicamente sin demora.
Leptospirosis: un riesgo tras el contacto con agua contaminada
Las inundaciones pueden mezclar el agua con la orina de animales infectados, especialmente roedores. La leptospirosis puede transmitirse cuando esa agua entra en contacto con heridas, cortes o mucosas, como los ojos, la nariz o la boca.
Los síntomas pueden incluir fiebre, dolor de cabeza, molestias musculares —sobre todo en las pantorrillas—, escalofríos, vómitos y ojos enrojecidos. En los casos más graves puede afectar al hígado, los riñones o los pulmones. Es importante consultar si aparece fiebre tras limpiar una vivienda inundada o caminar por aguas potencialmente contaminadas.
Agua y alimentos contaminados
Cuando las redes de abastecimiento resultan dañadas, el agua puede contener microorganismos capaces de provocar diarrea, vómitos y dolor abdominal. También pueden aumentar las infecciones por hepatitis A, una enfermedad vírica asociada al consumo de agua o alimentos contaminados.
Para beber, cocinar, preparar hielo o cepillarse los dientes debe utilizarse agua embotellada, hervida durante al menos un minuto o tratada con un método autorizado. Si las autoridades sanitarias declaran que el agua no es segura, conviene seguir sus indicaciones hasta que se confirme la recuperación del suministro.
Los alimentos que hayan estado en contacto con aguas de inundación deben desecharse. También es recomendable evitar productos con envases dañados, mantener la comida refrigerada y lavarse las manos antes de cocinar y después de ir al baño.
Problemas en la piel y las vías respiratorias
La humedad prolongada y el contacto con barro pueden causar dermatitis, infecciones en heridas y hongos en los pies. Las personas con cortes deben cubrirlos con apósitos impermeables y evitar introducirse en aguas estancadas siempre que sea posible.
Tras una inundación, las viviendas pueden desarrollar moho. Sus esporas pueden empeorar el asma, provocar tos, irritación ocular y congestión nasal, especialmente en personas alérgicas. Al limpiar, es aconsejable ventilar el espacio y utilizar guantes, botas y mascarilla adecuada.
Medidas de prevención durante las lluvias
- Eliminar o vaciar recipientes donde pueda acumularse agua alrededor de la vivienda.
- Utilizar repelente de insectos y vestir prendas de manga larga y pantalón largo.
- Instalar mosquiteras y mantener cerradas puertas y ventanas, sobre todo al amanecer y al atardecer.
- Evitar caminar o jugar en aguas de inundación, especialmente si existen heridas en la piel.
- Usar botas impermeables y guantes durante las tareas de limpieza.
- Lavarse las manos con agua y jabón o utilizar una solución hidroalcohólica cuando no haya acceso a agua segura.
- Separar los alimentos del suelo y desechar los productos que hayan quedado expuestos a la inundación.
- No automedicarse con antibióticos ni tomar medicamentos contra el dolor sin asesoramiento profesional.
Cuándo acudir a un centro de salud
Es necesario buscar atención médica si aparece fiebre alta o persistente, dificultad para respirar, somnolencia, confusión, vómitos continuos, diarrea intensa, signos de deshidratación, sangrado, color amarillento en la piel o dolor abdominal fuerte.
Los bebés, las personas mayores, las embarazadas y quienes tienen enfermedades previas deben consultar antes si presentan síntomas después de una inundación. Ante un posible dengue, no se recomienda tomar aspirina o ibuprofeno sin indicación médica, ya que pueden aumentar el riesgo de sangrado.
La prevención depende tanto de las medidas individuales como de la respuesta de las autoridades. Mantenerse informado, respetar las alertas sanitarias y acudir pronto a los servicios de salud son pasos esenciales para reducir el impacto de las lluvias en Ecuador.



