Mohamed VI aborda por primera vez la cuestión de Ceuta y rechaza los “chantajes” en la relación con España
El rey de Marruecos, Mohamed VI, se ha referido por primera vez de forma directa a Ceuta y ha cuestionado la utilización de la ciudad autónoma en el marco de las relaciones bilaterales con España. El monarca ha reprochado la “instrumentalización” de las crisis y ha advertido de que no tienen cabida los “chantajes” entre ambos países.
Sus palabras introducen un elemento de especial relevancia en una relación marcada en los últimos años por la cooperación migratoria, la seguridad y los acuerdos económicos, pero también por los desacuerdos sobre las ciudades autónomas españolas del norte de África. La alusión a Ceuta llega en un momento en el que Madrid y Rabat tratan de mantener abierta una etapa de colaboración estable.
Críticas a la utilización de las crisis
Mohamed VI ha defendido que los problemas que puedan surgir entre Marruecos y España deben abordarse mediante el diálogo y los canales institucionales. En ese contexto, ha censurado que determinadas situaciones sean utilizadas con fines políticos o como herramienta de presión en la relación bilateral.
La referencia a la “instrumentalización” apunta a una de las principales tensiones que han afectado a la cooperación entre los dos países: la gestión de las fronteras y de los flujos migratorios. Ceuta se encuentra en el centro de esa realidad por su posición geográfica y por su condición de frontera exterior de la Unión Europea.
El monarca marroquí ha reclamado, además, una relación basada en el respeto mutuo. Su advertencia de que no caben “chantajes” supone un mensaje político destinado a subrayar que la cooperación, especialmente en materias sensibles, no debe quedar supeditada a amenazas, presiones o decisiones unilaterales.
Reconocimiento a la cooperación contra la inmigración irregular
Durante su intervención, Mohamed VI también ha reconocido los avances registrados en la cooperación bilateral. Entre ellos ha situado la lucha contra la inmigración irregular, un ámbito en el que España considera esencial la colaboración de las autoridades marroquíes para controlar las salidas desde el litoral norteafricano y desarticular las redes de tráfico de personas.
La coordinación policial y de seguridad entre ambos países ha permitido reforzar la vigilancia de las rutas migratorias y mejorar el intercambio de información. Sin embargo, esa cooperación sigue sometida a una fuerte presión por la evolución de las llegadas, la actividad de las mafias y la situación humanitaria de las personas migrantes.
El rey de Marruecos ha admitido que la colaboración afronta obstáculos derivados de “ciertas disposiciones legales anticuadas”. La crítica no se ha concretado en una relación detallada de normas, pero refleja la posición de Rabat sobre la necesidad de adaptar el marco jurídico a los retos actuales de la movilidad, la seguridad fronteriza y la cooperación judicial.
Ceuta, una cuestión especialmente sensible
La mención expresa a Ceuta adquiere una importancia añadida porque Marruecos mantiene una reivindicación territorial sobre la ciudad y sobre Melilla. España, por su parte, considera ambas ciudades parte de su territorio y de la Unión Europea. Esa diferencia de posiciones no ha impedido el desarrollo de acuerdos prácticos, aunque continúa siendo un asunto de fondo en la relación bilateral.
La crisis migratoria que afectó a Ceuta en mayo de 2021 evidenció hasta qué punto la cooperación entre Madrid y Rabat podía deteriorarse con rapidez. La llegada masiva de personas a la ciudad provocó una grave tensión diplomática y obligó a reforzar los dispositivos de seguridad y atención humanitaria.
Desde entonces, los dos Gobiernos han tratado de consolidar una nueva etapa basada en la cooperación. La apertura de canales de comunicación y la coordinación en materia migratoria han reducido algunos episodios de tensión, aunque persisten diferencias sobre la interpretación de los acuerdos y sobre el alcance de las obligaciones de cada parte.
Un mensaje dirigido también a Europa
Las declaraciones del monarca marroquí tienen asimismo una lectura europea. Marruecos es un socio clave para España y para la Unión Europea en el control de las fronteras, la lucha contra el terrorismo, la cooperación energética y la prevención del tráfico de seres humanos.
La estabilidad de la relación con Rabat afecta de manera directa a Ceuta y Melilla, pero también a las rutas migratorias del Atlántico y del Mediterráneo occidental. Cualquier deterioro de la cooperación puede repercutir en el número de llegadas, en la presión sobre los servicios de acogida y en la seguridad de las fronteras exteriores comunitarias.
Con su intervención, Mohamed VI ha querido reivindicar una relación bilateral basada en compromisos duraderos y no en respuestas coyunturales. La cuestión de Ceuta queda así incorporada de forma explícita al debate político entre Marruecos y España, mientras ambos países intentan preservar una cooperación que consideran estratégica, pero que continúa expuesta a importantes intereses y desacuerdos.



