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Villarruel reclama regular la inteligencia artificial para proteger la dignidad del trabajo

La vicepresidenta argentina, Victoria Villarruel, defendió en Madrid la necesidad de establecer reglas claras para el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial (IA). Durante su intervención en el Foro Iberoamericano, advirtió de que la expansión de estas tecnologías plantea una encrucijada que no es únicamente económica o técnica, sino también humana.

Ninguna tecnología puede reemplazar la dignidad del trabajo, sostuvo Villarruel, en un mensaje centrado en la necesidad de anticipar los efectos de la automatización sobre el empleo, la actividad empresarial y la organización de los Estados. La vicepresidenta reclamó que la innovación avance acompañada de controles, responsabilidad institucional y garantías para los ciudadanos.

Más capacidad de control para los parlamentos

Una de las principales conclusiones del encuentro fue la conveniencia de reforzar la capacidad fiscalizadora de las cámaras legislativas ante el avance de las innovaciones digitales. El objetivo es que los parlamentos puedan supervisar con mayor eficacia tanto las decisiones públicas relacionadas con la IA como el impacto de su aplicación en distintos sectores.

El debate apunta a evitar que la velocidad de desarrollo de las nuevas herramientas deje atrás a los marcos legales. La inteligencia artificial ya interviene en procesos administrativos, servicios digitales, análisis de datos y decisiones empresariales, mientras que muchas instituciones todavía están adaptando sus estructuras para comprender y controlar sus efectos.

En este contexto, la regulación no se plantea únicamente como una limitación a la innovación. También se presenta como un mecanismo para aumentar la confianza, fijar responsabilidades y garantizar que el uso de algoritmos respete derechos fundamentales como la privacidad, la igualdad de trato y el acceso a oportunidades laborales.

Anticiparse a la transformación tecnológica

Villarruel instó a anticipar las consecuencias de la transformación digital desde tres ámbitos: el Estado, el sector privado y las pequeñas y medianas empresas. A su juicio, la respuesta no puede llegar cuando los cambios ya hayan generado efectos difíciles de revertir, sino que debe construirse mediante previsión, formación y políticas públicas coordinadas.

El papel del Estado será determinante para impulsar normas comunes, promover la capacitación y acompañar a los trabajadores cuyos puestos puedan verse modificados por la automatización. También deberá facilitar que las empresas incorporen estas herramientas con criterios de seguridad, transparencia y respeto a la legislación vigente.

Para las pymes, la adaptación representa un reto especialmente relevante. Muchas compañías de menor tamaño carecen de recursos técnicos y financieros para integrar soluciones de inteligencia artificial, evaluar sus riesgos o contratar asesoramiento especializado. Por ello, cualquier estrategia de digitalización debería contemplar ayudas, formación y acceso a infraestructuras adecuadas.

El empleo, en el centro del debate

La intervención situó el futuro del trabajo como una de las cuestiones centrales de la agenda tecnológica. La expansión de la IA puede elevar la productividad y abrir nuevas oportunidades, pero también modificar tareas, exigir nuevas competencias y aumentar la incertidumbre en determinados sectores profesionales.

La discusión, por tanto, no se limita a determinar cuántos empleos podrían desaparecer. También abarca qué trabajos se crearán, cómo cambiarán las profesiones existentes y qué mecanismos permitirán que los trabajadores participen de los beneficios derivados de la innovación.

La formación continua aparece como una de las herramientas principales para afrontar este escenario. Las administraciones, las empresas y las instituciones educativas deberán colaborar para actualizar conocimientos y reducir la brecha entre quienes pueden acceder a las nuevas tecnologías y quienes quedan fuera de ellas.

Una agenda común para Iberoamérica

El Foro Iberoamericano puso de relieve la necesidad de abordar la inteligencia artificial desde una perspectiva compartida. El carácter transnacional de estas herramientas dificulta que cada país actúe de manera aislada, especialmente en ámbitos como la protección de datos, la ciberseguridad, la competencia y la responsabilidad de las plataformas digitales.

La cooperación entre países puede favorecer criterios compatibles y evitar que las diferencias regulatorias se conviertan en un obstáculo para las empresas o en una vía para eludir controles. También permitiría compartir experiencias sobre educación digital, administración pública y apoyo a los sectores más expuestos a la automatización.

El mensaje trasladado en Madrid es que la inteligencia artificial debe desarrollarse al servicio de las personas. La tecnología puede transformar la economía y mejorar numerosos servicios, pero su progreso, según defendió Villarruel, debe quedar vinculado a la dignidad, la responsabilidad y la protección del trabajo.

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