
«El circuito de vallas se ha convertido en una ratonera»
Una madre denuncia las enormes aglomeraciones producidas durante el primer día de curso y alerta del peligro de aplastamiento: «No podemos esperar a que ocurra una desgracia para tomar medidas»
Mijas, 10 de septiembre de 2026.– El primer día de curso en el CEIP Jardín Botánico de La Cala de Mijas ha comenzado marcado por la indignación de algunas familias ante la organización de la entrada y salida del alumnado y las importantes aglomeraciones que se han producido en los accesos al centro.
Una madre del colegio ha decidido presentar una reclamación formal después de presenciar una situación que califica de «caótica» y, sobre todo, potencialmente peligrosa para los menores.
El principal motivo de la denuncia es el sistema de vallas instalado en el interior del recinto para canalizar el tránsito del alumnado. Según relata la madre, lejos de facilitar la circulación, la disposición de las vallas crea un efecto embudo que obliga a concentrar a numerosos niños en un espacio reducido.
«Aquello se convierte en una ratonera. Estamos hablando de niños, familias, profesores y muchísima gente intentando entrar o salir por un espacio que cada vez se estrecha más. Hoy no ha pasado nada grave, pero ¿tenemos que esperar a que haya un aplastamiento o una avalancha para reconocer que el sistema es peligroso?», denuncia.

Un embudo rodeado de cientos de personas
La situación se agravó durante la salida.
Según el testimonio trasladado a este medio, el sistema establecido contempla una entrega escalonada del alumnado, de manera que la salida de un curso condiciona el avance del siguiente. La acumulación progresiva terminó provocando una importante concentración de familias esperando en el exterior.
La madre asegura que llegó un momento en el que resultaba extremadamente complicado desplazarse entre la multitud para llegar hasta los menores.
La aglomeración alcanzó además las inmediaciones de la calzada, donde continuaban circulando vehículos mientras familias y niños trataban de abandonar la zona.
«No estoy hablando de que el sistema sea más o menos cómodo. Me da exactamente igual esperar cinco minutos más o menos para recoger a mi hijo. Estoy hablando de seguridad», señala.
«Vi la cara de agobio de mi hijo»
La preocupación no se limita al riesgo físico.
Durante la entrada al centro, la madre asegura haber podido observar cómo su hijo se encontraba visiblemente nervioso ante la concentración de personas.
«Le vi la cara de agobio. Los niños estaban nerviosos porque se había formado un tapón y no podían avanzar con normalidad. Afortunadamente mi hijo no ha sufrido ningún daño físico, pero no quiero tener que esperar a que ocurra algo para denunciar una situación que considero peligrosa».
Según su relato, había numerosos docentes intentando gestionar la entrada del alumnado, aunque las familias no habían recibido instrucciones suficientemente claras que permitieran evitar el descontrol generado en el acceso.
La reclamación, por tanto, no se dirige contra los profesores que se encontraban tratando de organizar a los menores, sino contra el sistema establecido para gestionar el flujo de personas.
«Impedir la entrada de las familias no puede estar por encima de la seguridad de los alumnos»
Uno de los puntos en los que la madre hace especial hincapié es la política de acceso de las familias al recinto escolar.
No cuestiona que la Dirección pueda establecer normas sobre quién puede acceder al colegio, pero considera que existe una línea que no debería cruzarse:
«El centro puede organizarse como considere oportuno, pero impedir el acceso de las familias no puede estar por encima de la seguridad de los alumnos. Si una determinada organización termina provocando que cientos de personas se concentren en un embudo, hay que revisarla».
La madre insiste, además, en que no pretende indicar a la Dirección qué sistema concreto debe utilizar.
«Yo no tengo que decirles cómo tienen que organizar un colegio. Para eso están los responsables del centro. Lo que sí tengo que hacer como madre es avisar cuando veo una situación que puede poner en peligro a mi hijo y al resto de niños».
Un centro con más de medio millar de alumnos
La magnitud del problema cobra especial relevancia teniendo en cuenta las dimensiones del propio colegio.
El Ayuntamiento de Mijas sitúa actualmente al CEIP Jardín Botánico entre los centros educativos del municipio y recoge una cifra de 584 alumnos y 26 unidades en su directorio educativo.
Por otra parte, el pasado mes de junio el propio Ayuntamiento informó de la cesión a la Junta de Andalucía de dos parcelas, con una superficie conjunta de 9.052 metros cuadrados, destinadas a permitir la futura ampliación del colegio. En aquella comunicación municipal se hablaba de alrededor de 520 alumnos escolarizados en el centro.
El CEIP Jardín Botánico lleva años afrontando problemas derivados de la presión de escolarización y la falta de espacio. El centro fue construido originalmente como un colegio de una línea y el crecimiento de la demanda obligó a instalar módulos prefabricados.
Reclamación formal ante el centro y la Junta de Andalucía
Tras lo sucedido, la madre ha decidido dejar constancia formal de los hechos, tanto ante el propio centro como a través de los mecanismos administrativos correspondientes de la Junta de Andalucía.
En su reclamación solicita que se revise urgentemente el actual sistema de entrada y salida y, especialmente, el circuito de vallas, valorando el riesgo que puede generar la concentración de numerosas personas en un espacio limitado.
No solicita una solución organizativa concreta. Reclama que sean los responsables quienes evalúen la situación y establezcan un sistema que garantice la seguridad de los menores.
La normativa andaluza permite, además, que una visita de la Inspección Educativa pueda producirse a solicitud razonada de cualquiera de los miembros de la comunidad educativa, y atribuye a la Inspección funciones de supervisión del funcionamiento de los centros y detección de necesidades.
«Hoy no ha pasado nada. Quiero denunciarlo precisamente para que mañana tampoco pase»
La madre resume el motivo de haber decidido hacer pública la situación con una reflexión:
«No quiero escribir esto después de que un niño haya terminado herido. Lo estoy denunciando precisamente porque hoy no ha ocurrido una desgracia. Hemos visto una aglomeración enorme, hemos visto el embudo que generan las vallas y hemos visto a los niños agobiados. Ahora es cuando hay que actuar».
Y concluye:
«Cuando hablamos de un colegio y de cientos de menores, la prioridad tiene que ser muy sencilla: primero su seguridad y después cualquier otra decisión organizativa».



