Mijas, 17 de septiembre de 2026.– Han pasado varios días desde el comienzo del curso y desde que las primeras familias del CEIP Jardín Botánico de La Cala de Mijas mostraran públicamente su preocupación por el nuevo sistema de entrada y salida del alumnado.
Sin embargo, según denuncian padres del centro, la situación continúa siendo prácticamente la misma.
Las vallas permanecen instaladas, las salidas continúan realizándose de manera escalonada y las familias aseguran seguir sin recibir una explicación oficial sobre los motivos que han llevado al colegio a implantar este cambio.
A las aglomeraciones denunciadas durante los primeros días se suman ahora otras preocupaciones: las condiciones en las que esperan los menores, las dificultades que el sistema estaría ocasionando a alumnos con movilidad reducida y la ausencia de comprobación de identidad que algunos padres aseguran estar observando durante la entrega de los niños.
Lo que comenzó como una queja por el caos del inicio de curso se está convirtiendo, según las familias, en un problema que afecta directamente a la seguridad y al bienestar de los menores.
Las vallas siguen ahí: «En una emergencia esto puede convertirse en una ratonera»
Uno de los principales motivos de preocupación continúa siendo el circuito de vallas instalado en el recinto para canalizar el tránsito del alumnado.
Las familias ya denunciaron durante el primer día de curso que la disposición del vallado genera un efecto embudo, concentrando a numerosas personas en un espacio limitado y dificultando la circulación cuando aumenta el número de alumnos y familiares.
Varios días después, las vallas continúan instaladas.
Y ahora los padres plantean una cuestión que consideran todavía más importante: ¿qué ocurriría en caso de una emergencia que obligase a evacuar rápidamente el centro?
«Si en una salida normal ya se producen tapones, queremos saber qué ocurriría si hubiese un incendio o cualquier otra emergencia y cientos de niños tuvieran que salir rápidamente. Con este circuito de vallas, la sensación que tenemos es que el colegio puede convertirse en una ratonera», señalan familias del centro.
Los padres no afirman que el sistema incumpla la normativa de evacuación —una valoración que correspondería realizar a los organismos competentes—, pero sí consideran necesario que se evalúe si la disposición actual de las vallas garantiza una evacuación rápida y segura en caso de emergencia.
Porque, recuerdan, no debería ser necesario esperar a que ocurra un accidente para comprobar si un sistema es seguro.
De los 3 a los 12 años, esperando su turno a pleno sol
El sistema de salida establecido afecta a alumnos de edades muy diferentes.
Desde los más pequeños, niños de apenas 3 años, hasta los mayores del colegio, de alrededor de 12 años, deben esperar a que llegue el turno correspondiente a su curso dentro de una salida organizada de manera escalonada.
Durante estos primeros días de septiembre, las familias denuncian que parte de esas esperas se están produciendo a pleno sol y sin que todos los menores dispongan de una zona suficientemente resguardada.
Una circunstancia que preocupa especialmente en los cursos de Infantil, donde se encuentran los alumnos de menor edad.
Pero el problema, advierten los padres, no terminará cuando bajen las temperaturas.
«Ahora estamos hablando del sol porque es septiembre. Pero cuando llegue un día de lluvia tendremos exactamente el problema contrario. Si el sistema obliga a los niños a permanecer esperando en zonas exteriores sin resguardo suficiente, la climatología va a convertirse en un problema durante todo el curso».
Las familias consideran que un sistema ordinario de entrada y salida debería contemplar tanto las jornadas de temperaturas elevadas como aquellas de lluvia intensa y garantizar que los menores puedan esperar protegidos de las condiciones meteorológicas.
Especial preocupación por los alumnos en silla de ruedas
Existe además una circunstancia que las familias consideran especialmente delicada: la accesibilidad del nuevo recorrido para los alumnos con discapacidad o movilidad reducida.
Según denuncian padres del centro, entre el alumnado que debe utilizar estos accesos se encuentran niños que se desplazan en sillas de ruedas de dimensiones especiales.
Las familias aseguran que estos menores están siendo dirigidos a través de una puerta cuyo ancho estaría generando dificultades para el paso adecuado de determinadas sillas.
La situación ha provocado preocupación entre los padres, que consideran que cualquier modificación en los accesos de un colegio debería contemplar desde el primer momento las necesidades específicas de todo el alumnado.
«No podemos diseñar un sistema pensando únicamente en los niños que pueden caminar y olvidarnos de quienes necesitan una silla de ruedas. La accesibilidad no puede ser un añadido posterior; tiene que formar parte de la organización desde el principio», reclaman.
Las familias piden que se revise la idoneidad de los accesos utilizados y que se garantice que los alumnos con movilidad reducida puedan entrar y salir con seguridad, dignidad y sin encontrar barreras derivadas del propio sistema establecido por el centro.
Padres denuncian que no se está comprobando la identidad durante la recogida
A las preocupaciones anteriores se suma ahora otra cuestión especialmente sensible: el procedimiento utilizado para comprobar quién recoge a los menores.
Según denuncian varios padres, durante las salidas que han presenciado no se estaría solicitando el DNI ni otra identificación a las personas que recogen a los niños.
Las familias aseguran que el procedimiento que se les había indicado para la recogida contemplaba la identificación de las personas autorizadas. Sin embargo, afirman que durante estos primeros días están observando entregas en las que no se solicita documentación para comprobar en ese momento la identidad del adulto que recoge al menor.
La pregunta que plantean es evidente:
¿Cómo se garantiza entonces que cada niño es entregado exclusivamente a una persona autorizada para recogerlo?
Los padres quieren dejar claro que no están afirmando que se haya producido la entrega de un menor a una persona no autorizada. Lo que denuncian es precisamente la ausencia de una comprobación de identidad que ellos consideran necesaria para prevenir que algo así pueda ocurrir.
«Podemos discutir sobre unas vallas o sobre cuánto tardamos en recoger a nuestros hijos. Pero cuando hablamos de entregar un niño a un adulto, no puede existir ninguna duda. Queremos saber qué mecanismo se está utilizando para garantizar que quien se lleva al menor está autorizado para hacerlo».
La preocupación aumenta, además, teniendo en cuenta las aglomeraciones que se producen durante determinados momentos de la salida, con numerosos adultos esperando simultáneamente y el profesorado gestionando de forma escalonada la entrega del alumnado.
Para las familias, agilizar u organizar una salida nunca debería implicar reducir las garantías sobre a quién se entrega cada menor.
«Impedir el acceso de las familias no puede estar por encima de la seguridad»
Los padres vuelven además a señalar una de las cuestiones que originaron las primeras protestas: la decisión de impedir el acceso de las familias al recinto durante las entradas y salidas.
Las familias reconocen que corresponde a la Dirección establecer las normas de funcionamiento del centro y decidir cómo organiza sus accesos.
Pero consideran que existe un límite muy claro:
Impedir el acceso de las familias no puede estar por encima de la seguridad de los alumnos.
Los padres no pretenden decidir qué puertas deben utilizarse, dónde debe colocarse cada profesor o cuál debe ser el sistema concreto de entrega.
«Nosotros no tenemos que organizar el colegio. Para eso están sus responsables. Pero sí tenemos derecho a señalar aquello que vemos que no funciona y, sobre todo, aquello que consideramos que puede afectar a la seguridad de nuestros hijos».
Lo que reclaman es que cualquier decisión organizativa tenga en cuenta las consecuencias reales que genera y que la prioridad sea siempre la seguridad, la accesibilidad y el bienestar del alumnado.
El colegio no ha explicado a las familias el motivo del cambio
A todo lo anterior se suma algo que está incrementando todavía más el malestar: la falta de explicaciones.
Según denuncian las familias, el colegio no les ha comunicado formalmente el motivo por el que se ha modificado el sistema de entrada y salida, ni las razones que justifican la instalación y mantenimiento del circuito de vallas.
Tampoco, aseguran, se ha producido hasta el momento un pronunciamiento del centro que responda a las quejas planteadas por los padres durante estos primeros días.
«Puede existir una razón para haber hecho este cambio. Precisamente por eso queremos conocerla. Lo que no entendemos es que se modifique de esta manera algo que afecta diariamente a cientos de niños y familias y no se nos explique absolutamente nada».
Los padres consideran que la comunicación debería ser especialmente importante cuando las familias están trasladando preocupaciones relacionadas con seguridad, evacuación, accesibilidad y entrega de menores.
No se trata, aseguran, de exigir que la Dirección consulte cada decisión organizativa con las familias, sino de recibir información y respuestas cuando las medidas adoptadas están generando problemas y quejas.
Los días pasan y los problemas continúan
Casi una semana después del comienzo del curso, la situación que describen las familias presenta pocos cambios.
Las vallas continúan.
El efecto embudo sigue preocupando a los padres y plantea dudas sobre qué ocurriría ante una evacuación.
Los niños, desde los 3 hasta los 12 años, continúan participando en un sistema escalonado que puede implicar esperas expuestos al sol y, cuando cambie el tiempo, también a la lluvia.
Las familias denuncian dificultades de accesibilidad para alumnos que utilizan sillas de ruedas.
Y ahora se suma la preocupación por la falta de comprobación de identidad que los padres aseguran estar observando durante la recogida de los menores.
Todo ello mientras, según denuncian, continúan sin conocer los motivos que han llevado al centro a implantar el nuevo sistema y sin obtener una respuesta a las quejas formuladas.
«Al final, quienes pagan los platos rotos son los niños»
La sensación entre las familias críticas con la medida es que los problemas denunciados durante el inicio del curso se están normalizando simplemente porque pasan los días.
Y eso es precisamente lo que no quieren que ocurra.
«Pasan los días, todo sigue prácticamente igual y parece que, mientras no ocurra nada grave, tenemos que acostumbrarnos. Pero estamos hablando de nuestros hijos».
Los padres insisten en que no quieren decidir cómo debe organizarse el colegio. Quieren que quienes tienen esa responsabilidad revisen el sistema, respondan a las preocupaciones planteadas y garanticen que las entradas y salidas sean seguras para todos los alumnos, independientemente de su edad o de sus necesidades de movilidad.
«Al final se toman decisiones, no se nos explica nada y quienes pagan los platos rotos son los niños, como siempre. Son ellos los que esperan al sol, los que se mojan cuando llueve, los que tienen que atravesar las vallas y los que dependen de que los adultos hayamos previsto correctamente qué hacer si algún día ocurre una emergencia».
Las familias esperan que no sea necesario que se produzca un incidente para que sus advertencias sean escuchadas.
Porque, varios días después de que comenzaran las primeras protestas, la situación apenas ha cambiado.
Y entre los padres del CEIP Jardín Botánico, la indignación suma y sigue.

De los 3 a los 12 años, esperando su turno a pleno sol

