El Gobierno únicamente acudirá a Felipe VI en la crisis con Rabat como último recurso

El Rey es un potente instrumento de la diplomacia española, pero debe emplearse “cuando sea realmente útil”, como último recurso.

El Rey es un potente instrumento de la diplomacia española, pero debe emplearse “cuando sea realmente útil”, como último recurso.

Juan Carlos I invitó a Mohamed VI hace una década a curarse en España, pero este prefirió París.

El rey Juan Carlos I no pudo contener las lágrimas en el funeral de Hassan II, en julio de 1999. El rey de Marruecos que le había arrebatado el Sáhara Occidental en los últimos  estertores de Franco, a pesar de que él había viajado a la aun colonia española para dirigirse a las tropas allí acuarteladas se transformó en su “hermano mayor”, alguien con quien lograba hablar con el privilegio y campechanía que calificaban al Monarca español. Esta familiaridad, aun cuando atenuada por la diferencia de edad, la conservo Juan Carlos I con Mohamed VI, que lo valoraba casi como un tío, pero no la heredó el actual rey de España, Felipe VI.

Aun cuando habla estupendamente español, Mohamed VI apenas en pocos momentos a visitado a España. Hubo un instante en que pudo pasar una extensa temporada. Personas que estuvieron al tanto de la operación han comentado que, a principios de la pasada década, el rey Juan Carlos invitó al monarca marroquí a que viajara a España a tratarse de sus problemas de salud, agravados por padecer un asma crónica, pero este se inclinó por hacerlo en París, donde compraría una lujosa mansión.

Aun cuando Felipe VI y Mohamed VI son de una edad similar (53 años el primero, 57 el segundo), su relación han sido muy escasa. Después de entrar al trono, los Reyes hicieron un viaje de presentación a Rabat en julio de 2014 y, casi cinco años después, en febrero de 2019, una visita de Estado de poco más de 24 horas. Esta última visita se suspendió en muchas oportunidades, primero por las prolongadas estancias de Mohamed VI en Francia; y después porque tener como huéspedes a los Reyes de España le obligaba a oficializar su divorcio de la princesa Lalla Salma.

El hecho de que Felipe VI no tenga con el rey de Marruecos la familiaridad de su padre no equivale a que no logre telefonearle para tratar el asunto de la crisis migratoria de esta semana. Se conoce, al menos, de una llamada entre ambos: se originó en agosto de 2014, cuando Mohamed VI acudió al Rey español para quejarse de que la Guardia Civil le hubiera detenido cuando navegaba con una moto náutica cerca de Ceuta, por presumir que pudiera ser un narcotraficante.

Aun cuando su contacto con la casa real alauí sea más fría y protocolaria que la de su padre, Felipe VI lograría llamar a Mohamed VI para pretender suavizar la crisis. Pero no lo ha hecho, porque no se lo ha solicitado el Gobierno. “El Rey es muy consciente de su papel constitucional y no tomará la iniciativa si el Gobierno no lo pide”, conforme a fuentes cercanas a La Zarzuela.

La vicepresidenta primera, Carmen Calvo, evito el viernes solicitar una gestión a Felipe VI porque “el Gobierno no implica al Rey en cuestiones políticas”, un razonamiento asombroso, ya que el papel del Monarca radica exactamente en ayudar, bajo la dirección del Ejecutivo, a solucionar problemas de Estado.

Fuentes diplomáticas indican, por el contrario, que el Rey es un potente instrumento de la diplomacia española, pero debe emplearse “cuando sea realmente útil”, como último recurso, y no “ponerlo en el disparadero” sin seguridad de éxito.

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