España ha limitado la intervención de la UE en Ceuta y ha asumido la resolución del conflicto

Existen algunas maneras de mirar a la decisión de Marruecos de darle apertura, literalmente, q sus fronteras para que miles de personas pudiesen llegar a Ceuta en esta semana. Pudiendose interpretar como una represalia, como una venganza, como una provocación, como un desafío o un órdago, o un poco como todas las anteriores a la vez. Pudiéndose interpretar de igual forma como un globo sonda. Teniendo un gesto sencillo, sin embargo de consecuencias grandes, Rabat salió de dudas sobre cinco elementos que son clave en su siempre complicada y tensa relación con España: qué podría hacer que Moncloa frente a una llegada masiva de personas dirigida e intencionada, qué podría hacer la sociedad española (desde la ciudadanía a la oposición política), cómo respondería la UE, qué pasos podría dar (si es que alguno) Estados Unidos y qué impacto pueden tener las imágenes de cientos de niños abandonados a su suerte en las aguas de Ceuta, de cara a la opinión pública global y a la marroquí.

La apuesta internacional de Mohamed VI no se encontraba en Bruselas, pero sí en Washington. Y las imágenes le han dado totalmente igual, conociendo también que el ojo continental se encuentra prácticamente insensibilizado en tanto no le afecta directamente y que las imágenes de bombardeos son más impactantes. Con la UE no se tienen lazos bilaterales directos o personales que sean realmente fuertes, sin embargo con EEUU sí. Las relaciones exteriores de los dos países se remontan a finales del siglo XVIII y, en este mismo, Joe Biden necesita a Marruecos en su partida de ajedrez en Oriente Medio. De allí el reconocimiento de EEUU al respecto de la soberanía del Sáhara Occidental, de allí la conversación que se ha tenido en esta semana reforzando lazos para que el rey alauita no vaya a cortar lazos con Israel pese a que lo que ha estado ocurriendo en Gaza. Y de ahí de igual forma el silencio del Departamento de Estado sobre los incidentes en Ceuta. No existe un desplante intencionado a España, sin embargo sí van a quedar claras las prioridades.

Marruecos dio marcha atrás en sólo 48 horas, no obstante interpretar esa decisión como una derrota, una humillación o el resultado de una fuerte presión de España y de la UE, sería un error. Rabat ha entendido, tan bien o mejor que Ankara, que la UE y sus miembros lo están necesitando y que el margen para que se estire es muy grande. Recep Tayyip Erdogan, ha firmado un acuerdo migratorio con los 27 para que sea frenada la salida de demandantes de asilo (sobre todo sirios) desde su territorio, a cambio de recibir cientos de millones de euros, la reapertura de las negociaciones de adhesión o un debate al respecto de la posibilidad de que se suprima el requerimiento de visados a sus ciudadanos. Sin embargo, de igual forma para que se garantice que la UE va a  ladrar y no morderá frente a sospechosos golpes de estado fallidos, ilegalizaciones de partidos y, básicamente, cualquier decisión, política o geopolítica en la región. Y de esta manera ha sucedido.

RESPALDADO POR EEUU

Lo ha puesto a prueba muchas veces, incluyendo un precedente directo de lo visto esta semana. En febrero y marzo de 2020, Erdogan lanzó a decenas de miles de personas desesperadas contra la frontera griega, usando incluso munición real, para provocar una desestabilización. Hubo palabras, condenas y muestras de solidaridad comunitarias, pero todo siguió igual. Un año después volvieron las tensiones, los presidentes de la Comisión y del Consejo viajaron a verle, y devolvió el favor con una maniobra con un sofá para humillar y dividir. Salió ‘bien’. Las relaciones entre ambos bloques son pésimas y no hay ninguna posibilidad de reflotar las conversaciones de adhesión que una vez se soñaron, pero Erdogan y los 27 saben que si abre la mano y vuelven las llegadas en decenas o cientos de miles de personas, el espacio de libre circulación de la UE no lo resistiría. Y están dispuestos a casi todo para impedirlo.

Marruecos no tiene tanto ‘leverage’ y necesita de la ayuda que viene de la UE. Es menos su relación política y económica en dicho sentido que en comparación a la de Turquía, sin embargo su poder para presionar continúa siendo grande. En solo unas horas Madrid y Bruselas entendieron que después de un año de pandemia existen decenas de miles de personas listas para tratar de cruzar al continente, y esto ha hado un gran poder negociador mientras llega el verano, para cuestiones saharauis como también meramente económicas. Mohamed VI vio que EEUU no ha prestado atención a un asunto para estos secundarios en el tablero global, que en España la división y las críticas en el Gobierno y al Gobierno han sido prácticamente tan fuertes como a los vecinos. Ha visto que era lo que se estaba pateando el coche del presidente y se ha aplaudido. Y que varios, han comenzado por miembros destacados del Parlamento o ex ministros de Interior, culpando de todo lo que ha sucedido a Moncloa por haber ofrecido cuidados médicos a un moribundo enemigo de Marruecos. Una información que es valiosísima a un lado, una lección relevante para el otro en tanto tenga que tomarse otra decisión similar.

De igual manera, Rabat ha visto que la UE ha reaccionado de viva voz, sin embargo un poco más y se viene arriba chocando inclusive con Berlín, aprovechando los momentos de debilidad política en las dos capitales europeas. Siendo cierto que la situación en este momento no es la de 1975 y que el tema migratorio es el más delicado en la Unión y no gustan las tonterías, pero así mismo ha quedado constatado que la manera de enfocar este tema no sucede en Bruselas por el choque, sino por el entendimiento. No tratándose de cómo, sino de por cuánto. Lo de esta semana ha sido una advertencia, y se escuchado. De allí los reiterados mensajes al respecto de lo relevante de la relación, la necesidad de entendimiento y de regresar lo más pronto posible a la normalidad, si es que puede calificarse como normal la externalización de los problemas migratorios de un continente a regímenes dictatoriales o autoritarios con fuerza para chantajear casi impunemente.

CONFANZA EN LA VUELTA DE DINERO POR CONTROL

Después de las llegadas descontroladas, España ha movilizado de manera inmediata sus servicios exteriores para que se logren mensajes de las instituciones europeas, y ha logrado comunicados unánimes, declaraciones y tuits coordinados de todos los presidentes comunitarios y de comisarios y eurodiputados. No obstante, si en 12 horas las imágenes en los medios internacionales se han centrado en las llegadas, los rescates y la ayuda, desde ese momento los artículos ya estaban hablando de las devoluciones ilegales en caliente, de los golpes a menores y también de las obligaciones internacionales. Y pocas cancillerías han alzado la voz. Nadie quiere este problema migratorio en su casa. Como se vio en este último lustro, los 27 se encuentran dispuestos a que se pague, pero no muy dispuestos a que se compartan responsabilidades, asilo y gestión.

A esto se le ha unido que España nunca ha querido que la UE jugase un papel principal en este tema. Ya que quiere ser la interlocutora con su vecino más problemático, quiere tener el control de los tiempos, los términos de la negociación, el precio. España, desde hace 20 años y con cualquier tipo de gobiernos, ha estado haciendo  todo lo posible para que Bruselas no metiera sus nariz. Pero los choques han sido constantes, con la Comisión, la Eurocámara o con Frontex, Agencia Europea de Guardia de Fronteras y Costas, que se creó en el año 2004.

Siempre España ha pensado que ha sido la Guardia Civil y sus funcionarios la que tenía que gestionar la frontera y las llegadas, y que eurofuncionarios finlandeses o checos nunca entenderían los matices. Ya que no quiere que sea la UE (y, ejem, Francia) la que vaya a poder llevar la voz cantante o la toma de decisiones. Ni lecciones de devoluciones en caliente o concertinas. Desea el apoyo, la solidaridad, los mensajes contundentes, pero de igual manera la autonomía para que pueda resolverlo. Desea obviamente, zanjar la situación. Y conoce, como el resto de actores, que la única vía que se encuentra en la mesa es la de siempre y que existen muchos euros en liza.

Siempre ha sido aplaudido por Bruselas, a Madrid por la gestión con sus vecinos del norte de África, por la inversión, por las ayudas económicas, por el trabajo policial o militar conjunto. Esta salida pasa por este esquema. En este momento va a ser más complicado políticamente, más costoso mediáticamente, socialmente más sensible y diplomáticamente algo más desagradable, sin embargo nadie ha concebido otra salida. Todos tienen algo que perder y la mayoría muchísimo que ganar. Por lo menos por este momento, ya que desde esta semana Marruecos ha dispuesto de una mejor información y varias certezas.

 

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