Irene Montero plantea primarias abiertas para liderar la izquierda en las próximas generales
La exministra de Igualdad Irene Montero ha dado un paso adelante con una propuesta destinada a reordenar el espacio político situado a la izquierda del PSOE: celebrar unas primarias abiertas para elegir el liderazgo y la candidatura de cara a las próximas elecciones generales.
La iniciativa pretende que participe todo aquel que lo desee, más allá de las estructuras orgánicas de los partidos. Con este planteamiento, Montero sitúa el debate en el terreno de la movilización ciudadana y obliga a Sumar a fijar una posición sobre el modelo de confluencia que debe adoptar la izquierda.
Una propuesta que cambia el centro del debate
El anuncio no se limita a reivindicar una candidatura concreta. La exministra propone modificar el procedimiento con el que se decide quién debe encabezar el proyecto político progresista en unas elecciones generales. Las primarias abiertas permitirían que la elección no quedara restringida a los afiliados o a los órganos internos de las formaciones.
En términos políticos, la propuesta busca convertir la elección del liderazgo en un proceso público, participativo y con capacidad para atraer a personas que no militan en ningún partido. El objetivo es ampliar la base electoral y presentar la construcción de la candidatura como una decisión colectiva.
La fórmula también tiene una lectura interna. Montero fuerza a las organizaciones de la izquierda alternativa a pronunciarse sobre sus reglas de juego. La cuestión ya no es únicamente quién debe ocupar el primer puesto de una lista, sino quién tiene legitimidad para decidirlo y con qué procedimiento.
Presión sobre Sumar y el resto del espacio progresista
La propuesta coloca especialmente a Sumar ante una decisión política delicada. La formación deberá valorar si respalda unas primarias abiertas, si plantea un mecanismo alternativo o si evita comprometerse con un proceso que podría alterar los equilibrios entre las distintas fuerzas de la izquierda.
Una aceptación implicaría asumir un método con participación externa y con un resultado difícil de controlar por las direcciones partidistas. Un rechazo, en cambio, podría ser interpretado como una defensa de los procedimientos internos frente a una fórmula más abierta y directa.
La iniciativa de Montero llega en un espacio político marcado por la necesidad de coordinar sensibilidades diferentes. La convivencia entre partidos, plataformas y dirigentes con perfiles propios exige acuerdos sobre el programa, las listas y el liderazgo. Las primarias abiertas incorporan un nuevo elemento a esa negociación.
El liderazgo, en el centro de la estrategia electoral
La elección de la persona que encabece una candidatura nacional suele tener un peso determinante en la campaña. No solo define la imagen del proyecto, sino también su capacidad para atraer voto, ordenar el discurso y representar a sectores sociales distintos.
Con su planteamiento, Montero intenta que ese liderazgo no se resuelva exclusivamente mediante pactos entre cúpulas. La exministra apuesta por trasladar la decisión a un proceso en el que puedan intervenir simpatizantes y ciudadanos interesados en el futuro de la izquierda.
El modelo, sin embargo, plantea interrogantes que todavía deberán concretarse. Entre ellos están el censo de participantes, los requisitos para presentarse, el calendario, las garantías de transparencia y el órgano encargado de organizar y supervisar la votación.
Una invitación abierta con consecuencias políticas
La apelación a que se sume todo aquel que lo desee amplía el alcance de la propuesta. Montero no la presenta como una operación limitada a una organización concreta, sino como una convocatoria dirigida al conjunto del espacio progresista y a quienes quieran participar en su definición.
Ese enfoque puede facilitar la incorporación de colectivos sociales, simpatizantes y votantes alejados de la militancia tradicional. También puede servir para medir el respaldo real de cada liderazgo más allá de los apoyos expresados en los congresos o en las estructuras partidistas.
Al mismo tiempo, unas primarias abiertas requieren un acuerdo político amplio. Sin consenso sobre las reglas, el proceso podría convertirse en una nueva fuente de conflicto. La credibilidad del resultado dependerá de que todas las partes acepten previamente las condiciones y se comprometan a respetar la decisión final.
Las incógnitas que quedan por resolver
La propuesta abre una negociación que deberá responder a varias preguntas. Aún está por determinar si Sumar asumirá el planteamiento, si otras fuerzas se incorporarán y qué papel tendría cada organización en la elaboración del programa y de las listas electorales.
- Quién podrá participar en las primarias y cómo se acreditará a los votantes.
- Qué requisitos deberán cumplir las candidaturas que concurran.
- Cómo se garantizarán la igualdad de oportunidades y la transparencia del proceso.
- Qué compromiso asumirán las organizaciones si el resultado no coincide con sus preferencias internas.
La decisión de Irene Montero convierte así la elección del liderazgo en el principal asunto pendiente de la izquierda alternativa. La respuesta de Sumar y del resto de actores determinará si la propuesta se transforma en un proceso unitario o si queda como una iniciativa destinada a marcar posición.
En cualquier caso, el debate ya está planteado: la izquierda deberá escoger entre mantener la negociación en el ámbito de los partidos o abrirla a una participación ciudadana más amplia. La forma en que se resuelva esa disyuntiva condicionará la estrategia electoral ante las próximas generales.



