
Los BRICS sitúan la reforma del orden mundial y la visita de Xi a India en el centro de su agenda
La próxima cumbre de los BRICS estará marcada por dos asuntos de alto impacto político: la propuesta de una nueva hoja de ruta para reformar la gobernanza mundial y la visita del presidente chino, Xi Jinping, a India. El encuentro pretende impulsar una posición común frente a un sistema internacional que sus integrantes consideran desequilibrado y poco representativo.
El bloque trabaja en un paquete de diez medidas de reforma que aspira a convertir en una guía de actuación durante los próximos meses. Entre los objetivos figura la modernización de las instituciones multilaterales, una mayor participación de los países emergentes en la toma de decisiones y el refuerzo de los mecanismos internacionales de rendición de cuentas.
El Consejo de Seguridad, en el punto de mira
Uno de los mensajes más contundentes de la cumbre será el llamamiento a no seguir aplazando la reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Los BRICS consideran que la composición actual no refleja el peso demográfico, económico y político de buena parte del mundo.
La demanda afecta tanto a la representación permanente como a la distribución de responsabilidades dentro del organismo. El bloque reclama que las potencias emergentes tengan una presencia más acorde con su influencia y que las decisiones sobre conflictos internacionales no queden concentradas en un grupo reducido de Estados.
La discusión, sin embargo, continúa condicionada por la falta de consenso entre los miembros de Naciones Unidas. Las diferencias sobre los posibles nuevos integrantes, el derecho de veto y el alcance de la reforma han bloqueado durante años cualquier transformación de fondo.
Diez líneas para rediseñar la gobernanza mundial
La propuesta que se llevará a la cumbre pretende abordar distintas áreas de la cooperación internacional. Aunque cada medida responde a un ámbito específico, todas comparten una misma idea: avanzar hacia un sistema más equilibrado, transparente y adaptado a la realidad actual.
- Reformar las instituciones multilaterales para ampliar la representación de los países del Sur Global.
- Acelerar la revisión de la estructura y el funcionamiento del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
- Fortalecer la cooperación económica y financiera entre los países miembros.
- Impulsar mecanismos de financiación para infraestructuras y desarrollo sostenible.
- Favorecer un comercio internacional más previsible y menos condicionado por medidas unilaterales.
- Mejorar la coordinación ante crisis sanitarias y emergencias internacionales.
- Reforzar la cooperación contra el cambio climático y sus efectos económicos y sociales.
- Promover reglas comunes para la transformación digital y la inteligencia artificial.
- Combatir la corrupción transnacional, el blanqueo de capitales y la evasión fiscal.
- Defender el diálogo diplomático como vía prioritaria para resolver conflictos.
La inclusión de medidas contra la corrupción y los flujos financieros ilícitos resulta especialmente relevante. La expansión de la cooperación económica exige también controles más eficaces, intercambio de información y garantías de que los fondos destinados al desarrollo llegan a sus beneficiarios.
Transparencia y control de los recursos
El debate sobre la gobernanza mundial no se limita a la distribución de poder entre Estados. También afecta a la forma en que se gestionan los recursos públicos, se adjudican los grandes proyectos y se supervisan las instituciones financieras internacionales.
En este contexto, los BRICS pueden plantear la creación de estándares comunes para mejorar la transparencia de la contratación pública, perseguir el soborno internacional y recuperar activos obtenidos de forma ilícita. La coordinación resulta clave en un escenario en el que las redes corruptas operan con rapidez a través de distintas jurisdicciones.
El reto será traducir las declaraciones políticas en instrumentos verificables. Sin órganos independientes, controles efectivos y acceso público a la información, cualquier compromiso contra la corrupción corre el riesgo de quedar reducido a una declaración de intenciones.
La visita de Xi añade una dimensión bilateral
La visita de Xi Jinping a India aporta una dimensión adicional a la cumbre. La relación entre ambos países combina una intensa interdependencia económica con importantes diferencias estratégicas y territoriales. Su encuentro será observado como una oportunidad para rebajar tensiones y reforzar la capacidad de diálogo dentro del bloque.
China e India son dos de los principales motores económicos de los BRICS y concentran una parte decisiva de su peso demográfico. Cualquier acuerdo entre Pekín y Nueva Delhi puede influir en la posición conjunta del grupo sobre comercio, financiación, seguridad energética y reforma institucional.
La agenda bilateral previsiblemente competirá con los asuntos globales, aunque ambas dimensiones están estrechamente relacionadas. Una mayor coordinación entre las dos potencias asiáticas daría más fuerza a la reclamación de los BRICS ante Naciones Unidas y ante las instituciones financieras internacionales.
Una cumbre con ambición política
La reunión se presenta así como algo más que un encuentro económico. El bloque busca consolidarse como un actor político capaz de defender cambios en la arquitectura internacional y de ofrecer alternativas de cooperación a los países emergentes.
La aprobación de las diez medidas dependerá de la capacidad de sus miembros para superar sus propias diferencias. El verdadero alcance de la cumbre se medirá, por tanto, no solo por el contenido de la hoja de ruta, sino por los plazos, los mecanismos de seguimiento y la voluntad de aplicar compromisos concretos.
La reforma del Consejo de Seguridad, la visita de Xi a India y la lucha contra la corrupción convergen en una misma cuestión: quién decide las reglas del sistema internacional y qué controles deben existir para garantizar que esas reglas se cumplen.



