Las enfermedades respiratorias causaron 1,28 millones de muertes en Europa en 2023
Las enfermedades respiratorias provocaron 1,28 millones de muertes en Europa durante 2023, según la actualización de datos de la Coalición Respiratoria Internacional (IRC, por sus siglas en inglés). La cifra vuelve a situar la salud pulmonar entre las grandes prioridades sanitarias del continente, tanto por su impacto en la mortalidad como por la discapacidad y la pérdida de calidad de vida que generan estas patologías.
El balance incluye un amplio grupo de enfermedades que afectan a las vías respiratorias y a los pulmones. Entre ellas se encuentran la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el cáncer de pulmón, las infecciones respiratorias, el asma y otras afecciones pulmonares crónicas. Aunque no todas evolucionan de la misma manera, comparten factores de riesgo y, en numerosos casos, pueden prevenirse o detectarse antes.
Un problema de salud pública que sigue creciendo
La elevada mortalidad refleja el peso que tienen las enfermedades respiratorias en los sistemas sanitarios europeos. Además de los fallecimientos, millones de personas conviven con síntomas como falta de aire, tos persistente, fatiga o limitaciones para realizar actividades cotidianas. Estas consecuencias pueden prolongarse durante años y requieren tratamientos continuados, revisiones médicas y, en algunos casos, ingresos hospitalarios.
La situación afecta especialmente a las personas mayores y a quienes presentan enfermedades previas. Sin embargo, la salud pulmonar también puede deteriorarse en edades más tempranas por la exposición al tabaco, la contaminación atmosférica, determinados entornos laborales o las infecciones respiratorias graves.
El tabaco y la contaminación, entre los principales riesgos
El consumo de tabaco continúa siendo uno de los factores de riesgo más importantes para la EPOC, el cáncer de pulmón y otras enfermedades respiratorias. El riesgo no se limita a quienes fuman: la exposición al humo ambiental también puede perjudicar a las personas que conviven o trabajan cerca de fumadores.
La calidad del aire representa otro desafío. Las partículas finas, el dióxido de nitrógeno y otros contaminantes procedentes del tráfico, la industria o la calefacción pueden irritar las vías respiratorias y agravar enfermedades ya diagnosticadas. En las ciudades y zonas con episodios de contaminación, las personas con asma, EPOC o patologías cardiovasculares pueden ser más vulnerables.
También existen riesgos relacionados con el trabajo. La exposición prolongada a polvo, productos químicos, humos o fibras puede favorecer la aparición de enfermedades pulmonares profesionales. Por ello, las medidas de protección individual y los controles de seguridad resultan esenciales en determinados sectores.
La prevención y el diagnóstico precoz pueden cambiar el pronóstico
Los especialistas insisten en que una parte importante de la carga respiratoria puede reducirse mediante políticas de prevención y una atención sanitaria más accesible. Abandonar el tabaco es una de las medidas con mayor impacto, incluso cuando la persona lleva años fumando. Los programas de ayuda para dejarlo, el seguimiento médico y los tratamientos disponibles pueden aumentar las posibilidades de éxito.
La vacunación también desempeña un papel relevante, especialmente frente a infecciones que pueden ser más graves en personas mayores o con enfermedades crónicas. La protección frente a la gripe, la covid-19 y otras infecciones recomendadas según la edad y la situación clínica contribuye a reducir complicaciones y hospitalizaciones.
El diagnóstico temprano es otro de los puntos clave. Una tos que no desaparece, dificultad para respirar, pitidos en el pecho, infecciones repetidas o cansancio desproporcionado deben consultarse con un profesional sanitario. Estos síntomas no siempre indican una enfermedad grave, pero su persistencia puede requerir una evaluación médica y pruebas de función pulmonar o de imagen.
Más recursos para la salud pulmonar
La IRC reclama reforzar la prevención, la investigación y el acceso equitativo a los servicios de salud respiratoria. Las diferencias entre países y entre grupos sociales pueden traducirse en diagnósticos más tardíos, menor acceso a tratamientos y peores resultados clínicos.
- Impulsar campañas eficaces para prevenir el tabaquismo y facilitar el abandono del hábito.
- Reducir la contaminación del aire y mejorar los sistemas de vigilancia ambiental.
- Garantizar el acceso a vacunas, pruebas diagnósticas y tratamientos esenciales.
- Mejorar la detección de enfermedades respiratorias en atención primaria.
- Proteger a los trabajadores expuestos a sustancias perjudiciales para los pulmones.
La cifra de 1,28 millones de muertes en 2023 pone de manifiesto que las enfermedades respiratorias no son un problema aislado ni exclusivo de determinados colectivos. La combinación de prevención, diagnóstico precoz, tratamientos adecuados y políticas ambientales puede reducir su impacto y mejorar la vida de millones de personas en Europa.



