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La inteligencia artificial podría convertir la mamografía en una herramienta para detectar riesgo cardiovascular

Una mamografía podría aportar información útil más allá de la detección del cáncer de mama. Un estudio presentado en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología de 2026 plantea que el análisis de estas imágenes mediante inteligencia artificial puede identificar señales asociadas a distintos problemas cardiovasculares frecuentes.

La propuesta abre la puerta a aprovechar una prueba que millones de mujeres realizan de forma periódica para buscar, al mismo tiempo, indicios de riesgo cardíaco. El objetivo no sería sustituir las pruebas habituales de cardiología, sino facilitar una primera alerta en personas que quizá no presentan síntomas y cuyo riesgo cardiovascular todavía no ha sido evaluado.

Una imagen que puede contener más información de la prevista

Las mamografías se utilizan principalmente para localizar lesiones sospechosas en el tejido mamario. Sin embargo, las imágenes también pueden mostrar cambios en los vasos sanguíneos y otras características relacionadas con el envejecimiento vascular o con factores de riesgo compartidos por las enfermedades cardiovasculares.

La inteligencia artificial puede revisar grandes cantidades de información visual y detectar patrones que no siempre resultan evidentes a simple vista. En este caso, el sistema analiza las mamografías para encontrar señales que podrían estar vinculadas a enfermedades cardiovasculares comunes.

Entre los elementos que se investigan habitualmente se encuentran las calcificaciones en las arterias de la mama. Aunque no permiten diagnosticar por sí solas una enfermedad del corazón, pueden actuar como un indicador indirecto de cambios en las arterias. Su presencia debe interpretarse junto con la edad, la presión arterial, el colesterol, la diabetes, el tabaquismo y los antecedentes familiares.

Una oportunidad para detectar riesgos antes de que aparezcan síntomas

Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo una de las principales causas de enfermedad y mortalidad. Uno de sus principales problemas es que pueden avanzar durante años sin producir señales claras. Cuando aparecen síntomas como dolor en el pecho, falta de aire o cansancio inusual, el proceso puede estar ya avanzado.

La incorporación de un análisis automatizado a la mamografía permitiría identificar a mujeres que podrían beneficiarse de una valoración médica más completa. El siguiente paso podría incluir una revisión de la tensión arterial, una analítica para medir el colesterol y la glucosa, una evaluación del peso y de los hábitos de vida, o pruebas cardiológicas adicionales si fueran necesarias.

Esta estrategia también podría contribuir a reducir una brecha histórica: el riesgo cardiovascular en las mujeres se infravalora con frecuencia o se detecta más tarde. Un sistema integrado en una prueba ya programada facilitaría que la prevención cardíaca llegara a más pacientes.

La inteligencia artificial no sustituye al médico

Los resultados deben interpretarse con cautela. Que una herramienta de IA detecte una señal asociada a un mayor riesgo no significa que la paciente tenga una enfermedad cardiovascular. La tecnología puede ayudar a clasificar el riesgo, pero no reemplaza la entrevista clínica, la exploración física ni las pruebas diagnósticas indicadas por un profesional.

También será necesario comprobar que el sistema funciona con precisión en mujeres de diferentes edades, orígenes y perfiles de salud. La calidad de las imágenes, los equipos utilizados y las características de la población pueden influir en el resultado. Antes de incorporarlo de forma generalizada, habrá que evaluar su rendimiento en entornos reales y determinar cómo deben gestionarse los posibles falsos positivos.

Un exceso de alertas podría provocar ansiedad y pruebas innecesarias. Por el contrario, una herramienta que no detecte determinados casos podría generar una falsa sensación de seguridad. Por ello, la IA debe integrarse en protocolos clínicos bien definidos, con profesionales responsables de revisar y explicar cada resultado.

Un paso hacia una prevención más personalizada

El interés de esta investigación reside en que plantea un uso adicional para una prueba de cribado ya extendida. La misma imagen podría ayudar a valorar dos áreas de salud distintas, siempre que la información se confirme posteriormente mediante métodos clínicos convencionales.

Si futuras investigaciones validan estos hallazgos, la mamografía podría convertirse en una oportunidad para iniciar conversaciones sobre salud cardiovascular. Una alerta a tiempo permitiría reforzar medidas preventivas como dejar de fumar, mejorar la alimentación, aumentar la actividad física o controlar la hipertensión, el colesterol y la diabetes.

Por ahora, la aplicación de esta tecnología debe considerarse una línea de investigación prometedora y no una nueva prueba diagnóstica disponible para todas las pacientes. La decisión sobre el riesgo cardiovascular sigue correspondiendo al equipo sanitario, que debe valorar cada caso de forma individual.

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