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Las enfermedades crónicas ya causan casi tres de cada cuatro muertes en el mundo

Las enfermedades no transmisibles se han convertido en la principal amenaza para la salud global. En 2023 estuvieron detrás del 74% de todas las muertes registradas en el mundo, frente al 58% contabilizado en el año 2000. El avance de las patologías cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes refleja una transformación profunda del perfil de mortalidad mundial.

La cardiopatía isquémica continúa siendo la primera causa de muerte. Al mismo tiempo, las demencias han ganado posiciones entre las enfermedades más letales, en un contexto marcado por el envejecimiento de la población y el aumento de la supervivencia con enfermedades crónicas. El Covid-19, que llegó a situarse entre las principales causas de fallecimiento durante la pandemia, ya no figura entre las diez primeras.

La cardiopatía isquémica mantiene el primer puesto

La enfermedad coronaria sigue provocando más muertes que cualquier otra patología. Se produce cuando las arterias que llevan sangre al corazón se estrechan o se obstruyen, generalmente por la acumulación de placas de ateroma. Sus principales factores de riesgo son la hipertensión, el colesterol elevado, el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo y la diabetes.

El peso de estas enfermedades no es igual en todas las regiones. Los países con menos recursos afrontan una mayor dificultad para detectar y tratar a tiempo los problemas cardiovasculares, mientras que los sistemas sanitarios más desarrollados concentran buena parte de sus esfuerzos en la prevención y en el control de los factores de riesgo.

La tendencia mundial confirma que prevenir las enfermedades cardiovasculares es una de las medidas con mayor impacto. Mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, evitar el tabaco y controlar la tensión arterial puede reducir de forma considerable el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular.

Las demencias avanzan entre las causas de muerte

Las demencias han escalado posiciones en la clasificación de enfermedades más mortales. El Alzheimer y otros trastornos neurodegenerativos afectan sobre todo a personas mayores, aunque sus consecuencias también alcanzan a las familias y a los sistemas de cuidados.

El aumento de la esperanza de vida explica parte de este crecimiento. Cuantas más personas alcanzan edades avanzadas, mayor es el número de casos de deterioro cognitivo. Sin embargo, los expertos recuerdan que la edad no es el único factor que influye: la hipertensión, la diabetes, la obesidad, la falta de ejercicio y el aislamiento social también pueden contribuir al deterioro de la salud cerebral.

El impacto de estas enfermedades no se mide únicamente en fallecimientos. Las demencias generan años de dependencia, pérdida de autonomía y una elevada carga emocional y económica para las personas cuidadoras.

La esperanza de vida recupera los niveles previos a la pandemia

Entre las noticias positivas destaca la recuperación de la esperanza de vida mundial. En 2023 alcanzó los 73,3 años, apenas una décima por debajo de los niveles anteriores a la pandemia de Covid-19.

El dato indica que la mortalidad provocada por el coronavirus ha disminuido de forma notable y que muchos países han recuperado parte del terreno perdido. No obstante, la recuperación no ha sido homogénea. Algunas poblaciones todavía arrastran los efectos de la interrupción de servicios sanitarios, el retraso en diagnósticos y la vacunación desigual.

Además, la esperanza de vida no refleja por sí sola la calidad de esos años. Una persona puede vivir más tiempo, pero hacerlo con enfermedades crónicas, limitaciones funcionales o necesidades de atención prolongada. Por este motivo, los indicadores de salud también analizan los años vividos con discapacidad y la pérdida de bienestar asociada a cada patología.

El Covid-19 deja de estar entre las diez primeras causas

La salida del Covid-19 del grupo de las diez principales causas de muerte representa un cambio importante respecto a los años más duros de la pandemia. El virus provocó un exceso de mortalidad global y alteró la atención de millones de pacientes con otras enfermedades.

Su descenso en la clasificación no significa que haya desaparecido el riesgo. Las personas mayores, inmunodeprimidas o con enfermedades previas siguen siendo especialmente vulnerables a las complicaciones. La vigilancia epidemiológica y la protección de los grupos de riesgo continúan siendo necesarias.

Un reto sanitario que exige prevención y equidad

Las nuevas estimaciones internacionales revisan la evolución de más de 160 enfermedades y lesiones entre 2000 y 2023. El análisis muestra que el mundo vive una transición sanitaria: las infecciones siguen siendo relevantes en muchas zonas, pero las enfermedades crónicas concentran cada vez una mayor proporción de las muertes y de los años de vida perdidos.

Este escenario obliga a reforzar la atención primaria, mejorar el diagnóstico precoz y garantizar el acceso a medicamentos esenciales. También exige políticas públicas contra el tabaco, el consumo excesivo de alcohol, la contaminación, el sedentarismo y las dietas poco saludables.

La evolución de la salud mundial combina avances significativos con desigualdades persistentes. La recuperación de la esperanza de vida es una señal favorable, pero el aumento de las enfermedades no transmisibles confirma que vivir más no siempre significa vivir mejor. La prevención y la atención sanitaria accesible serán decisivas para afrontar la próxima etapa.

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