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Perros importados y enfermedades transmitidas por vectores: qué riesgos existen y cómo prevenirlos

La movilidad internacional de animales de compañía ha aumentado en los últimos años. Cada vez es más habitual adoptar o trasladar perros desde otros países, una práctica que exige extremar las precauciones sanitarias. Además de introducir enfermedades infecciosas, un animal puede transportar ectoparásitos, como garrapatas, pulgas o flebótomos, capaces de transmitir patógenos a otros animales e incluso a las personas.

Las enfermedades transmitidas por vectores aparecen cuando un organismo, normalmente un artrópodo, actúa como intermediario entre un huésped infectado y otro susceptible. El problema no depende únicamente del estado de salud del perro importado: también influyen el clima, la presencia de vectores en el territorio y la posibilidad de que estos encuentren nuevos hospedadores.

Un riesgo sanitario que afecta a animales y personas

Un perro puede llegar aparentemente sano y, sin embargo, estar incubando una infección o transportar parásitos externos. Algunas enfermedades permanecen sin síntomas durante semanas o meses, lo que dificulta detectarlas mediante una revisión superficial. Por este motivo, el control debe comenzar antes del viaje y continuar después de la llegada.

La mayoría de estas patologías no se transmiten directamente del perro a la persona. Generalmente necesitan la intervención de un vector, como una garrapata que se alimente de un animal infectado y después pique a otro. Aun así, la presencia de un caso importado puede favorecer la circulación de agentes infecciosos en zonas donde antes no estaban presentes.

Leishmaniosis, ehrlichiosis y otras enfermedades relevantes

Entre las enfermedades que deben vigilarse se encuentra la leishmaniosis canina, transmitida por la picadura de flebótomos. Puede causar pérdida de peso, lesiones cutáneas, crecimiento anormal de las uñas, problemas renales y un deterioro progresivo del estado general. En España es una enfermedad conocida, aunque su distribución y el riesgo pueden variar según la zona.

Las garrapatas pueden transmitir infecciones como la ehrlichiosis, la anaplasmosis o la babesiosis. Sus signos son variables e incluyen fiebre, apatía, anemia, sangrados, inflamación articular y alteraciones en distintos órganos. En ocasiones, los síntomas se confunden con los de otros procesos, por lo que el diagnóstico requiere pruebas veterinarias específicas.

También debe considerarse la dirofilariosis, conocida como enfermedad del gusano del corazón. Se transmite mediante mosquitos y puede provocar lesiones graves en el corazón y los pulmones. El riesgo aumenta en áreas donde las condiciones ambientales favorecen la presencia del vector, aunque el cambio climático está ampliando las zonas potencialmente adecuadas para algunos parásitos.

La importancia de revisar al animal antes y después del viaje

Antes de importar un perro, es recomendable acudir a un centro veterinario para comprobar su identificación, historial de vacunación, desparasitación y estado general. El profesional puede valorar el país de procedencia, las enfermedades habituales en esa región y la necesidad de realizar análisis antes o después del desplazamiento.

Tras la llegada, conviene mantener una vigilancia estrecha durante las semanas siguientes. La aparición de fiebre, cansancio, falta de apetito, diarrea, tos, lesiones en la piel, sangrados o pérdida de peso debe motivar una consulta. También es importante informar al veterinario del origen del animal y de las fechas del viaje, aunque el perro parezca encontrarse bien.

  • Revisar el pelaje y la piel con frecuencia, especialmente después de paseos por zonas con vegetación.
  • Aplicar tratamientos eficaces frente a garrapatas, pulgas, mosquitos y flebótomos, siempre bajo criterio veterinario.
  • Respetar las pautas de desparasitación interna y externa durante todo el año cuando exista riesgo.
  • No interrumpir un tratamiento preventivo sin consultar previamente con un profesional.
  • Evitar que el animal duerma en el exterior durante los periodos de mayor actividad de los vectores.

Prevención con enfoque de Una Sola Salud

La prevención no debe limitarse al animal. El control de las enfermedades transmitidas por vectores requiere coordinar la salud veterinaria, humana y ambiental, un enfoque conocido como Una Sola Salud. La detección de un caso en un perro importado puede aportar información útil para identificar la llegada de un parásito o de un agente infeccioso a una nueva zona.

Los propietarios deben adquirir animales a través de vías legales y exigir la documentación sanitaria correspondiente. Las compras o adopciones sin garantías pueden ocultar incumplimientos en vacunación, identificación, transporte y desparasitación. Además, dificultan el seguimiento posterior si aparecen síntomas o se confirma una enfermedad.

Qué hacer ante una sospecha

Si se encuentra una garrapata adherida al animal, debe retirarse con material adecuado y sin aplicar sustancias irritantes. Después, es aconsejable consultar al veterinario para valorar el riesgo y establecer un periodo de observación. No se deben administrar medicamentos humanos ni antiparasitarios destinados a otra especie.

En caso de síntomas compatibles, el diagnóstico temprano permite iniciar antes el tratamiento y reducir las complicaciones. La colaboración del propietario es esencial: aportar información sobre los viajes, las picaduras observadas, el calendario de desparasitación y los cambios de conducta puede orientar las pruebas necesarias.

Importar un perro no implica necesariamente un peligro, pero sí una responsabilidad. Con controles veterinarios, prevención antiparasitaria y vigilancia de los síntomas, es posible reducir de forma notable el riesgo de que un animal introduzca o amplifique enfermedades transmitidas por vectores.

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