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Agua segura, enfermedades y tratamientos médicos: los retos de salud tras el terremoto en Chocó

El terremoto registrado el pasado 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, abre una segunda emergencia menos visible que la destrucción de viviendas y de infraestructuras: proteger la salud de la población durante los días y semanas posteriores al sismo.

Tras un desastre natural, el acceso al agua potable, la atención sanitaria y los medicamentos puede verse interrumpido. A estas dificultades se suman el riesgo de infecciones, las lesiones no atendidas y el impacto psicológico de quienes han perdido su hogar, sus pertenencias o la sensación de seguridad.

El agua, una prioridad para evitar infecciones

Las redes de abastecimiento pueden contaminarse cuando se dañan las tuberías, se desbordan los sistemas de saneamiento o se mezclan aguas residuales con fuentes destinadas al consumo. Por este motivo, las autoridades pueden recomendar hervir el agua o utilizar agua embotellada hasta confirmar que es segura.

El agua debe hervirse durante al menos un minuto desde que comienza la ebullición y conservarse en recipientes limpios y tapados. Si se emplean productos desinfectantes, es importante seguir las instrucciones oficiales y no mezclar sustancias químicas, ya que podrían generar gases tóxicos o resultar insuficientes para eliminar determinados microorganismos.

  • Utilizar agua segura para beber, cocinar y preparar alimentos.
  • Lavarse las manos con agua y jabón cuando sea posible.
  • Evitar el consumo de alimentos que hayan estado en contacto con agua contaminada.
  • Desechar productos con mal olor, envases dañados o conservación dudosa.
  • Mantener separados los residuos y las fuentes de agua.

La diarrea, los vómitos, el dolor abdominal y la fiebre pueden aparecer después de consumir agua o alimentos contaminados. En niños pequeños, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas, la deshidratación puede avanzar con rapidez. La ausencia de orina, la somnolencia, la confusión, la sequedad intensa de boca o la incapacidad para retener líquidos son señales que requieren atención médica.

Heridas, infecciones y enfermedades transmitidas por vectores

Los escombros, los cristales y las estructuras inestables aumentan el riesgo de cortes, contusiones, fracturas y heridas profundas. Una lesión aparentemente menor puede infectarse si entra en contacto con tierra o agua sucia. La limpieza debe realizarse con agua segura y, si existe una herida profunda, una mordedura o un objeto clavado, es necesario acudir a un centro sanitario.

También debe revisarse la vacunación frente al tétanos, especialmente en personas con heridas contaminadas. La necesidad de una dosis de refuerzo dependerá del tipo de lesión y del historial vacunal, por lo que no conviene automedicarse ni esperar a que aparezcan síntomas.

La acumulación de agua, los residuos y el desplazamiento de personas pueden favorecer la proliferación de mosquitos y otros vectores. El uso de ropa que cubra brazos y piernas, mosquiteras y repelentes autorizados puede reducir las picaduras. La fiebre persistente, los escalofríos, la erupción cutánea o un deterioro rápido deben comunicarse a los servicios médicos.

Garantizar los tratamientos médicos

Una de las prioridades tras un terremoto es identificar a quienes necesitan medicación diaria. Las personas con diabetes, hipertensión, epilepsia, enfermedades respiratorias, cardiopatías o trastornos de salud mental pueden sufrir complicaciones si pierden sus fármacos o no pueden acceder a revisiones.

Los equipos de emergencia deben facilitar la continuidad de tratamientos esenciales, incluidos el oxígeno, la insulina, los inhaladores y los medicamentos para prevenir crisis convulsivas. Los pacientes deben conservar, si es posible, una lista actualizada de sus medicinas, dosis y alergias. No se deben compartir medicamentos ni modificar las dosis sin indicación profesional.

Las mujeres embarazadas, los bebés, las personas dependientes y quienes necesitan dispositivos médicos requieren una vigilancia específica. La falta de electricidad puede afectar a la conservación de ciertos productos, como la insulina, por lo que es recomendable consultar a los servicios sanitarios sobre su almacenamiento antes de utilizarlos.

Salud mental y apoyo a la población afectada

El miedo, el insomnio, la irritabilidad y la dificultad para concentrarse son reacciones frecuentes después de un terremoto. En la mayoría de los casos disminuyen progresivamente con apoyo, descanso y recuperación de las rutinas. Sin embargo, la ansiedad intensa, los recuerdos intrusivos, el aislamiento o la desesperanza persistente requieren ayuda profesional.

La atención psicológica debe integrarse en la respuesta sanitaria, sin olvidar que algunas personas pueden presentar síntomas días o semanas después. Escuchar sin presionar, facilitar información clara y mantener el contacto con familiares puede ayudar a recuperar parte de la sensación de control.

La vigilancia sanitaria será clave en las próximas semanas

La prevención de brotes dependerá de la calidad del agua, la gestión de residuos, la ventilación de los alojamientos temporales y la capacidad de detectar rápidamente nuevos casos. Fiebre alta, dificultad para respirar, dolor intenso, sangrado, confusión, diarrea persistente o signos de deshidratación deben considerarse motivos de consulta urgente.

La población de San José del Palmar y de las zonas afectadas debe seguir las indicaciones de las autoridades locales y acudir únicamente a canales sanitarios habilitados. En una emergencia, contar con agua segura, atención médica accesible y tratamientos continuados es tan importante como reparar los daños materiales.

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