Farmeo de aura frente a videojuegos violentos: una forma de expresión para ganar confianza
La conversación sobre el impacto de los videojuegos en niños y adolescentes suele centrarse en los títulos con violencia, las horas de juego o el uso de pantallas. Sin embargo, las nuevas formas de expresión digital también ocupan un espacio cada vez más relevante. Belén Alvite, directora del CEPCA, ha puesto el foco en una tendencia conocida como farmeo de aura, una práctica que, en su opinión, puede contribuir a reforzar la seguridad y la autoestima de los más jóvenes.
Alvite defiende que prefiere ver a niños participando en este tipo de dinámicas antes que jugando a videojuegos centrados en matar a otros personajes. La comparación no pretende presentar todas las experiencias digitales de una manera simplista, sino abrir un debate sobre los contenidos que consumen los menores y sobre la función social que pueden tener determinadas tendencias nacidas en internet.
Qué significa farmeando aura
La expresión farmeando aura procede del lenguaje utilizado en redes sociales, comunidades online y videojuegos. Hace referencia a realizar acciones, gestos o comportamientos que permiten ganar presencia, reconocimiento o una determinada imagen ante los demás. El aura funciona así como una especie de capital social: cuanto más llamativa o segura parece una persona, mayor es su reconocimiento dentro del grupo.
En la práctica, esta tendencia puede manifestarse mediante vídeos, bailes, retos, bromas, poses o formas de interactuar con otros usuarios. No siempre está ligada a un videojuego concreto. A menudo combina elementos de la cultura gamer, las redes sociales y las comunidades digitales en las que los menores construyen parte de su identidad.
Para muchos niños y adolescentes, estas actividades son una forma de experimentar con su personalidad en un entorno compartido. Mostrar seguridad, conseguir reacciones o recibir el respaldo de sus amigos puede convertirse en una experiencia importante durante una etapa marcada por los cambios y la necesidad de pertenecer a un grupo.
Una vía para reforzar la autoestima
La directora del CEPCA considera que el farmeo de aura puede funcionar como una forma de expresión. En lugar de limitarse a consumir contenido, los menores participan, crean y buscan una respuesta por parte de su entorno. Esa implicación puede ayudarles a sentirse vistos y a ganar confianza, especialmente cuando encuentran dificultades para expresarse en otros espacios.
El reconocimiento digital no sustituye a las relaciones personales ni al acompañamiento familiar, pero sí forma parte de la realidad cotidiana de las nuevas generaciones. Para un niño o un adolescente, recibir apoyo en una comunidad online puede tener valor emocional, aunque sea necesario observar siempre cómo se produce esa interacción y qué consecuencias tiene.
La clave está en diferenciar entre una actividad creativa y una dinámica basada únicamente en la aprobación externa. Cuando el objetivo es conseguir cada vez más atención, pueden aparecer frustración, presión por mantener una imagen o dependencia de los comentarios. Por eso, el acompañamiento adulto debe centrarse en comprender lo que hacen los menores, no solo en prohibirlo.
El debate sobre los videojuegos violentos
La comparación planteada por Alvite vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre los videojuegos de acción y violencia. Estos títulos forman parte de una industria muy amplia y no afectan de la misma manera a todos los jugadores. La edad recomendada, el tiempo de uso, el contexto familiar y la madurez de cada menor son factores que deben tenerse en cuenta.
Jugar a un título con combates no convierte automáticamente a un niño en una persona violenta. Del mismo modo, participar en una tendencia positiva en redes no garantiza por sí solo una mejora de la autoestima. El contenido, la frecuencia, la supervisión y la manera en que se integra la actividad en la vida diaria resultan determinantes.
En este sentido, la reflexión de la directora del CEPCA no plantea únicamente una elección entre farmeo de aura y videojuegos violentos. También invita a preguntarse qué buscan los menores cuando se conectan: diversión, reconocimiento, contacto con sus amigos, una vía para evadirse o un espacio donde sentirse más seguros.
Familias y educadores, ante un lenguaje que cambia
Uno de los principales retos para las familias es que las tendencias digitales evolucionan con rapidez. Expresiones como aura, farmeo o nivel de presencia pueden resultar ajenas a los adultos, pero forman parte del vocabulario con el que los jóvenes describen sus relaciones y su posición dentro de una comunidad.
Conocer ese lenguaje facilita el diálogo. Preguntar qué significa una tendencia, por qué les interesa y cómo se sienten al participar en ella puede ser más útil que descalificarla de entrada. También permite detectar señales de alarma, como la exposición excesiva, el acoso, la presión del grupo o la necesidad constante de obtener aprobación.
La conclusión es que el ocio digital no debería analizarse solo por su apariencia. Algunas prácticas pueden fomentar la creatividad y la expresión personal, mientras que otras pueden generar riesgos si se realizan sin límites. La propuesta de Belén Alvite abre una conversación necesaria: acompañar a niños y adolescentes en internet implica entender sus códigos, valorar sus experiencias y ayudarles a construir una relación equilibrada con las pantallas.



