
Salud pide reforzar la prevención frente a las enfermedades respiratorias y las alergias en otoño
La llegada del otoño suele venir acompañada de un aumento de los resfriados, la gripe y otras infecciones respiratorias. A estos problemas se suman las molestias asociadas a las alergias, que pueden intensificarse por la presencia de polvo, polen, humedad o humo en el ambiente.
Ante este escenario, las autoridades sanitarias recomiendan adoptar medidas sencillas para reducir el riesgo de contagio y proteger especialmente a las personas más vulnerables, como los mayores, los niños pequeños, las embarazadas y quienes padecen enfermedades crónicas.
Higiene y ventilación para reducir los contagios
Una de las principales medidas preventivas consiste en mantener una buena higiene de manos. Lavarlas con agua y jabón durante al menos veinte segundos ayuda a eliminar virus y bacterias que pueden llegar al organismo tras tocar superficies contaminadas.
Cuando no sea posible utilizar agua y jabón, puede recurrirse a una solución hidroalcohólica. También es aconsejable evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca, ya que estas zonas facilitan la entrada de microorganismos.
- Lavarse las manos al llegar a casa, antes de comer y después de toser o estornudar.
- Cubrirse la boca y la nariz con el codo o con un pañuelo desechable.
- Tirar los pañuelos usados y volver a lavarse las manos.
- Evitar compartir vasos, cubiertos, toallas u otros objetos de uso personal.
La ventilación de las estancias también desempeña un papel importante. Abrir las ventanas durante unos minutos varias veces al día favorece la renovación del aire y disminuye la concentración de partículas respiratorias en espacios cerrados, sobre todo cuando se reúnen varias personas.
Vacunación y protección de los grupos de riesgo
Mantener actualizado el calendario de vacunación es otra de las recomendaciones esenciales para afrontar la temporada de otoño e invierno. Las vacunas indicadas en cada caso ayudan a prevenir infecciones o a reducir la gravedad de sus síntomas.
La conveniencia de vacunarse depende de la edad, el estado de salud y las circunstancias personales. Por ello, se aconseja consultar con el centro de salud o con los profesionales sanitarios de referencia para comprobar si existe alguna dosis pendiente o alguna indicación específica.
Las personas con enfermedades respiratorias, cardiovasculares, inmunodepresión u otras patologías crónicas deben extremar las precauciones. También es importante que quienes conviven con personas vulnerables adopten medidas de protección y eviten el contacto estrecho si presentan síntomas.
Menos exposición al polvo, el humo y el polen
El polvo, el humo del tabaco, la contaminación y determinados pólenes pueden irritar las vías respiratorias y empeorar síntomas como la tos, la congestión nasal, los estornudos o la dificultad para respirar.
Para reducir la exposición, conviene mantener la vivienda limpia, preferiblemente mediante aspiración o utilizando paños húmedos que eviten levantar partículas. Las personas con alergia deben prestar especial atención a los dormitorios, los textiles y las superficies donde se acumula polvo.
- No fumar dentro de casa ni en espacios cerrados.
- Evitar permanecer cerca de chimeneas, barbacoas o zonas con humo.
- Consultar los niveles de polen y limitar las actividades al aire libre cuando sean elevados.
- Utilizar gafas de sol en el exterior para reducir el contacto del polen con los ojos.
- Ducharse y cambiarse de ropa al volver a casa si se ha estado en zonas con abundante vegetación.
En los días de mayor concentración de polen, puede ser útil mantener las ventanas cerradas durante las primeras horas de la mañana y al final de la tarde, siempre que la ventilación de la vivienda lo permita. No obstante, estas pautas deben adaptarse a cada tipo de alergia y a las recomendaciones médicas.
Qué hacer ante los primeros síntomas
Si aparecen tos, fiebre, dolor de garganta, congestión o malestar general, es recomendable descansar, beber líquidos y evitar el contacto con personas vulnerables. No se deben tomar antibióticos por cuenta propia, ya que no son eficaces frente a las infecciones causadas por virus.
En caso de alergia, los tratamientos deben utilizarse siguiendo las indicaciones de un profesional sanitario. Automedicarse o prolongar el uso de determinados productos puede provocar efectos adversos o dificultar el control de los síntomas.
Es importante solicitar atención médica si la fiebre persiste, los síntomas empeoran o aparece dificultad para respirar, dolor en el pecho, confusión, labios azulados o un empeoramiento repentino de una enfermedad previa. En los niños pequeños, las personas mayores y los pacientes con patologías crónicas, la consulta debe realizarse con especial rapidez.
Hábitos saludables durante toda la temporada
Además de la higiene y la vacunación, mantener una alimentación equilibrada, dormir lo suficiente y realizar actividad física adaptada a cada persona contribuye al bienestar general. Evitar los cambios bruscos de temperatura y utilizar ropa adecuada también ayuda a afrontar mejor los meses fríos.
La prevención no depende de una única medida, sino de la combinación de varios hábitos. Reforzar la higiene, ventilar los espacios, reducir la exposición a irritantes y mantener las vacunas al día permite disfrutar del otoño con mayor seguridad y disminuye el impacto de las enfermedades respiratorias y las alergias.



