David Fernández-Viagas recupera el poder de la memoria en Me acuerdo
David Fernández-Viagas rinde homenaje a Joe Brainard en su nuevo libro, Me acuerdo, una propuesta literaria que convierte los recuerdos en materia narrativa. El autor parte de la memoria personal para explorar cómo se construyen las experiencias, qué permanece de ellas y de qué manera el paso del tiempo transforma lo vivido.
El título sitúa el recuerdo en el centro de la obra. No como un archivo cerrado ni como una sucesión ordenada de acontecimientos, sino como un territorio cambiante, hecho de imágenes, sensaciones y asociaciones. En ese espacio, lo cotidiano adquiere una nueva dimensión y los detalles aparentemente menores pueden convertirse en el origen de una historia.
La huella de Joe Brainard
La referencia a Joe Brainard conecta el libro de Fernández-Viagas con una tradición literaria que encuentra valor en la enumeración y en la observación de lo cercano. Brainard popularizó una forma de escritura basada en la repetición de la fórmula “me acuerdo”, utilizada para reunir recuerdos breves, escenas íntimas y fragmentos de una época.
Su influencia no se limita a una estructura formal. También plantea una mirada sobre la literatura: la de quien entiende que la memoria puede organizarse a partir de impulsos discontinuos, sin necesidad de someterse siempre a una trama convencional. Un olor, un objeto, una conversación o una imagen fugaz pueden tener la misma relevancia que un acontecimiento aparentemente decisivo.
En Me acuerdo, Fernández-Viagas juega con ese mecanismo para acercarse al pasado desde una perspectiva personal. El homenaje a Brainard funciona así como punto de partida y como diálogo entre dos maneras de entender la escritura autobiográfica: la que cuenta una vida de forma lineal y la que la reconstruye mediante destellos.
El recuerdo como forma de escritura
Recordar no consiste únicamente en recuperar algo que sucedió. Cada evocación implica también una interpretación. La memoria selecciona, omite, mezcla y reordena. Por eso, un libro construido a partir de recuerdos puede hablar tanto del pasado como del presente desde el que se escribe.
La propuesta de David Fernández-Viagas se sitúa en ese cruce. Sus recuerdos no aparecen solo como testimonios individuales, sino como piezas capaces de activar una experiencia compartida. Lo íntimo puede reconocer lo colectivo: una época, unas costumbres, una forma de relacionarse o un repertorio de objetos que forman parte de la educación sentimental de varias generaciones.
Ese desplazamiento entre lo privado y lo común es uno de los atractivos de la literatura de la memoria. El lector entra en el texto a través de la experiencia del autor, pero puede acabar encontrando sus propias escenas, sus propios lugares y hasta recuerdos que creía olvidados.
Una obra que reivindica lo cotidiano
Uno de los rasgos más significativos de esta clase de escritura es la atención a aquello que normalmente queda fuera de los grandes relatos. Me acuerdo pone el foco en los márgenes de la experiencia: los gestos repetidos, las conversaciones breves, las imágenes familiares y las pequeñas impresiones que con el tiempo adquieren una fuerza inesperada.
La mirada sobre lo cotidiano permite entender que la memoria no se conserva únicamente en los acontecimientos extraordinarios. También permanece en la rutina, en los espacios conocidos y en las costumbres que parecían irrelevantes mientras formaban parte del día a día.
Fernández-Viagas utiliza ese material para proponer una lectura basada en la cercanía. El libro invita a detenerse en la capacidad de los recuerdos para crear vínculos y para demostrar que la identidad se construye, en buena medida, a partir de fragmentos.
Una lectura abierta a la interpretación
El juego con la memoria también abre la puerta a una lectura menos rígida. En lugar de ofrecer una explicación cerrada sobre el pasado, el autor deja espacio para la asociación y la interpretación. Cada recuerdo puede leerse de manera independiente, pero también en relación con los demás, como parte de un mapa emocional más amplio.
Ese carácter fragmentario no implica falta de unidad. Al contrario, la suma de escenas y evocaciones puede construir una atmósfera reconocible, una voz y una sensibilidad. El resultado es una obra que entiende la literatura como una conversación entre lo que se recuerda y lo que se ha olvidado.
Con Me acuerdo, David Fernández-Viagas reivindica el recuerdo como herramienta narrativa y como forma de conocimiento. Su homenaje a Joe Brainard sirve para recuperar una escritura atenta a los detalles, abierta a la sorpresa y capaz de transformar la experiencia más sencilla en literatura.

