Detenido el  británico Plugwalkjoe ermitaño adicto al bitcoin, acusado de hackear las cuentas en Twitter de Biden, Obama y otras personalidades para estafar

La detención en Estepona de Joseph James O’Connor a solicitud del FBI concluye con un colosal trabajo de campo de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional.

La detención en Estepona de Joseph James O’Connor a solicitud del FBI concluye con un colosal trabajo de campo de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional.

La Policía Nacional se ha confrontado con un tipo tan escurridizo en el ciberespacio como en la vida real. Una vez localizado en una ostentosa urbanización en la que vivía como un ermitaño, los agentes de policía se llegaron a disfrazar de vigilantes de seguridad y empleados de paquetería para lograr el primer contacto visual con el ciberdelincuente, de sólo 22 años.

Frente a las tres pantallas de su ordenador, sentado en su silla gaming profesional, la Policía estima a PlugWalkJoe un tipo letal. Un tiburón con el cociente intelectual lo suficientemente alto como para jugar al escondite inglés con el FBI. La agencia de investigación e inteligencia norteamericana lo solicitaba por supuestamente haber entrado a 130 grandes cuentas de Twitter, entre ellas la de personalidades como Joe Biden, Barack Obama o Bill Gates, y emplearlas para enviarles a sus millones de seguidores los anzuelos de sus estafas. Con estos perfiles tuiteaba timazos del tipo ‘si me ingresas 1.000 dólares en bitcoin en esta cuenta, más adelante te devuelvo 2.000’. Las personas mordían. Considerando que si lo expresaba alguien que ha sido presidente de los Estados Unidos o un gran empresario tenía que ser verdad, comenta Juanma, inspector de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional. Solamente con este método, los agentes de investigación calculan que consiguió más o menos cuatro millones de dólares.

Los agentes de la policía  española se encontraron cara a cara el pasado miércoles en Estepona con el PlugWalkJoe de carne y hueso. Joseph James O’Connor, un pedazo de pan de 1,90 de altura nacido en Liverpool hace 22 años. El atrevido hacker aparenta un inocente tiarrón de cara aniñada que se movía a cámara superlenta por un apartamento mal utilizado de la exclusiva urbanización Costa Natura, que brinda a sus vecinos hasta una piscina cubierta. Escasas pertenencias, ni rastro de lujo en el piso. Resaltando tres cuadros a medio desembalar de Mr. Monopoly obtenidos hace poco para festejar alguna de sus criptoproezas. La tarea del hogar se limitaba a dos estancias: el dormitorio y su despacho, su templo, donde tenía un ordenador que sustituía cada tres semanas, como el móvil. El PC intervenido ronda los 6.000 euros.

Durante la entrada y registro de la casa, a los agentes les pareció tratar con una interpretación joven de El Nota, el personaje que Jeff Bridges clavó en El gran Lebowski (1998) de los hermanos Cohen. Un joven muy tranquilo, entre pasota y empanado, de aspecto desaliñado. Camiseta, pantalón corto de deporte y chanclas con calcetines. Blanco como la pared, pelo largo descuidado y muchos kilos de más ganados en poco tiempo. Joseph no juega a los bolos ni bebe todo el rato rusos blancos como Jeffrey Lebowski, pero sí tenía una alfombra persa bajo la mesa del ordenador que no hacía más acogedor el rincón. Ejerció de anfitrión y tiró del sentido del humor con los agentes, que ligeramente descubrieron sus habilidades en inteligencia emocional. Hizo varios chistes hasta que le leyeron los derechos por segunda vez. Se derrumbó cuando le indicaron que Estados Unidos ha solicitado su extradición. A pesar de la vida de ermitaño que ha llevado en una de las mejores áreas de la Costa del Sol, entiende perfectamente el castellano y se defiende lo suficiente bien hablándolo, aun cuando no siempre conjuga bien los verbos.

Los agentes de investigación recalcan las nulas relaciones sociales del joven, que vivía ocultado en un piso de lujo mal utilizado y hacía pedidos a domicilio por medio de una compañía que admite dinero electrónico.

Su absoluto desinterés por tener la vida social de un joven su edad ha sido un problema agregado para sus captores. Lo interrogaron si le agradaban los coches y respondió sin mucho interés que no tenía carné, que le daba una pereza increíble sacárselo en España. Ni amigos, ni novias. Nada de visitas. «No salía de su casa nunca. Pero nunca, nunca», recalca el inspector antes de confesar que llegaron a pensar que el joven podría tener algún tipo de trastorno que le dificultara relacionarse. Su madre, una abogada británica residente en la Costa del Sol desde hace años, era la única persona que aparenta mantener al chaval conectado a la realidad.

Su circunstancia de vecina de Marbella fue la mejor pista que logro el FBI para marcar una factible localización de PlugWalkJoe en el mapamundi. La evidencia parecía buena, pero su nulo contacto con el exterior ralentizó las pesquisas. Ella parecía cumplir la orden de su hijo de ir a visitarle una vez al mes, pero acabo conduciendo a los agentes hasta Costa Natura, un complejo con inmensas medidas de seguridad donde cualquier visitante llama la atención enseguida. Las vigilancias en el ámbito del complejo eran rayas en el agua. O’Connor no salía de su cueva y los agentes se disfrazaron de vigilantes de seguridad y trabajadores de paquetería para penetrar en la urbanización y lograr tener contacto visual con el objetivo. La primera vez que lo percibieron fue en diciembre de 2020, ocho meses después de comenzar con la investigación en España, y en los últimos dos meses ha salido tímidamente en cuatro oportunidades.

De la comida se encomendaba a la progenitora. En sus escasas visitas le llevaba cosas preparadas o una buena compra del Mercadona. Igualmente pedía bastante a domicilio, jamás directamente. «Creemos que lo hacía a través de una empresa intermediaria que aceptaba pagos en bitcoin y que se encarga de estas cosas para grandes clientes VIP», comenta el inspector. Uno de los pedidos más habituales eran los helados, sobre todo el de Nutella y vainilla, una de sus debilidades junto al bitcoin y los juegos en línea. Del dinero electrónico en este momento no hay rastro, pero los agentes de investigación conocen que de algún lado ha tenido que salir el dinero para comprar el apartamento de lujo y otras dos viviendas en San Pedro Alcántara que lograrían tener un valor que sobrepasa al millón y medio de euros. Entre tanto, el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz lo ha mandado a prisión hasta que se determine sobre la extradición pedida por EEUU, ya que O’Connor se ha negado a entregarse voluntariamente. El juez fundamento su decisión en el riesgo de fuga por su falta de arraigo en España y la gravedad de los hechos por los que le acusan las autoridades estadounidenses: extorsión, ciberamenazas, ciberextorsión y ciberacoso.