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Día Mundial del Corazón: prevenir y detectar a tiempo las enfermedades cardiovasculares

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo. Incluyen problemas que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos, como el infarto de miocardio, el ictus, la insuficiencia cardiaca y la enfermedad arterial periférica.

Con motivo del Día Mundial del Corazón, los especialistas recuerdan que una parte importante de estos trastornos puede prevenirse. La clave está en controlar los factores de riesgo, mantener hábitos saludables y no retrasar las revisiones médicas.

La prevención empieza mucho antes de los primeros síntomas

La hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, el sobrepeso y el sedentarismo aumentan el riesgo cardiovascular. También influyen la edad, los antecedentes familiares, el estrés mantenido y determinados hábitos alimentarios.

Algunos de estos factores no provocan molestias evidentes. Por eso, una persona puede tener la tensión alta o niveles elevados de colesterol durante años sin saberlo. Las revisiones periódicas permiten identificar estas alteraciones y actuar antes de que causen daños en el corazón o en las arterias.

  • Medir la presión arterial con regularidad.
  • Controlar el colesterol y la glucosa en sangre.
  • Evitar el tabaco y reducir al mínimo el consumo de alcohol.
  • Mantener un peso adecuado y una alimentación equilibrada.
  • Realizar actividad física adaptada a la edad y al estado de salud.
  • Seguir las pautas médicas cuando existe hipertensión, diabetes u otra enfermedad crónica.

Una alimentación protectora para el corazón

La dieta desempeña un papel esencial en la salud cardiovascular. Se recomienda priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y pescado, además de utilizar aceite de oliva como fuente principal de grasa.

También conviene limitar los productos ultraprocesados, los alimentos con exceso de sal, las grasas saturadas y los azúcares añadidos. No se trata de seguir medidas extremas, sino de convertir las decisiones saludables en una rutina sostenible.

Actividad física y abandono del tabaco

Caminar a paso ligero, montar en bicicleta, nadar o practicar cualquier ejercicio moderado ayuda a mejorar la circulación, controlar el peso y reducir la tensión arterial. Para muchas personas, empezar con sesiones cortas y aumentar progresivamente el tiempo facilita la continuidad.

Dejar de fumar es una de las medidas más eficaces para reducir el riesgo de infarto e ictus. Los cigarrillos dañan las arterias, favorecen la formación de coágulos y reducen la cantidad de oxígeno que llega a los tejidos. Los profesionales sanitarios pueden ofrecer apoyo y tratamientos para abandonar el hábito.

Reconocer las señales de alarma

La detección temprana también depende de identificar los síntomas y pedir ayuda sin demora. Un dolor o presión intensa en el pecho, especialmente si se extiende al brazo, la espalda, el cuello o la mandíbula, puede ser una señal de infarto.

La falta de aire repentina, los sudores fríos, las náuseas, el mareo o una debilidad inusual también requieren atención urgente. En las mujeres, las personas mayores y quienes tienen diabetes, los síntomas pueden ser menos claros y no siempre aparecen como un dolor intenso en el pecho.

Ante una posible emergencia cardiovascular, hay que llamar inmediatamente al 112 y seguir las indicaciones del servicio de emergencias. No es recomendable conducir hasta el hospital ni esperar a que las molestias desaparezcan por sí solas.

El ictus también exige actuar con rapidez

La pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo, la dificultad para hablar, la desviación de la boca o una alteración brusca de la visión pueden indicar un ictus. El tiempo es decisivo, ya que algunos tratamientos solo son eficaces si se administran en las primeras horas.

Una forma sencilla de recordarlo es comprobar si la persona puede sonreír, levantar ambos brazos y hablar con normalidad. Si falla cualquiera de estas acciones, es necesario solicitar asistencia urgente.

Pequeños cambios con un gran impacto

Cuidar el corazón no implica esperar a tener una enfermedad diagnosticada. Revisar la tensión, conocer los niveles de colesterol, moverse a diario, dormir bien y mantener una alimentación variada son decisiones que contribuyen a proteger la salud a largo plazo.

El Día Mundial del Corazón sirve como recordatorio, pero la prevención debe mantenerse durante todo el año. Consultar las dudas con el médico y realizar controles adaptados a cada persona permite detectar riesgos a tiempo y reducir la probabilidad de sufrir complicaciones cardiovasculares.

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