Día Mundial del Corazón: controlar la presión, el colesterol y la glucemia para prevenir riesgos
La prevención de las enfermedades cardiovasculares empieza mucho antes de que aparezcan el dolor en el pecho, la falta de aire o las palpitaciones. Con motivo del Día Mundial del Corazón, los especialistas recuerdan que revisar de forma periódica la presión arterial, el colesterol y la glucemia permite detectar factores de riesgo que, en muchos casos, evolucionan sin síntomas durante años.
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las principales causas de enfermedad y fallecimiento en todo el mundo. Aunque la edad, la genética o determinadas patologías pueden aumentar la probabilidad de desarrollarlas, una parte importante del riesgo está relacionada con hábitos cotidianos que sí se pueden modificar.
La hipertensión puede avanzar sin avisar
La presión arterial elevada no siempre provoca molestias. Una persona puede sentirse bien y, sin embargo, mantener cifras altas que obliguen al corazón a trabajar con mayor esfuerzo y dañen progresivamente los vasos sanguíneos.
Por este motivo, medir la tensión de forma regular es una de las medidas más sencillas para cuidar la salud cardiovascular. La frecuencia dependerá de la edad, los antecedentes familiares y la presencia de otros factores de riesgo, por lo que conviene consultar con el profesional sanitario.
Para obtener una medición fiable, es recomendable permanecer sentado unos minutos, evitar el ejercicio y los estimulantes justo antes de la toma y mantener el brazo apoyado. Una cifra aislada no siempre permite establecer un diagnóstico, pero sí puede indicar la necesidad de realizar un seguimiento.
Colesterol y glucosa: dos controles esenciales
El colesterol, especialmente cuando el llamado colesterol LDL se encuentra elevado, puede acumularse en las paredes de las arterias y favorecer la aparición de placas. Con el tiempo, estas lesiones pueden dificultar el flujo sanguíneo y aumentar el riesgo de infarto o ictus.
La alimentación, el peso, la actividad física y la predisposición genética influyen en sus niveles. Por eso, no basta con valorar únicamente la dieta: algunas personas pueden necesitar controles más frecuentes o tratamiento indicado por su médico.
La glucemia también merece atención. Una elevación mantenida puede indicar prediabetes o diabetes, enfermedades que afectan a los vasos sanguíneos y elevan el riesgo cardiovascular. Las revisiones permiten actuar antes de que aparezcan complicaciones y ajustar los hábitos o la medicación cuando sea necesario.
Hábitos que protegen el corazón
La prevención cardiovascular no depende de una sola medida, sino de la suma de decisiones sostenidas en el tiempo. Entre las recomendaciones más importantes se encuentran:
- Seguir una alimentación equilibrada, basada en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y pescado.
- Reducir el consumo de sal, alimentos ultraprocesados, grasas saturadas, azúcares añadidos y bebidas alcohólicas.
- Realizar actividad física con regularidad, adaptada a la edad y al estado de salud. Caminar a buen ritmo puede ser un buen punto de partida.
- Mantener un peso saludable sin recurrir a dietas extremas ni objetivos poco realistas.
- No fumar y evitar también la exposición habitual al humo del tabaco.
- Dormir lo suficiente y buscar estrategias para gestionar el estrés.
En personas sedentarias, empezar de forma gradual facilita la continuidad. También es útil incorporar movimiento a la rutina diaria: subir escaleras, desplazarse a pie, hacer pausas activas durante la jornada o limitar el tiempo sentado.
Cuándo conviene pedir una revisión
Las revisiones son especialmente importantes a partir de la edad adulta, cuando existen antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular, hipertensión, diabetes, colesterol elevado, obesidad o tabaquismo. También deben extremar la vigilancia quienes ya han sufrido un problema cardíaco o cerebrovascular.
El control puede incluir la medición de la presión arterial, un análisis de sangre y la valoración de otros aspectos, como el peso, el perímetro abdominal, la función renal o los hábitos de vida. El profesional sanitario determinará qué pruebas son necesarias y con qué frecuencia deben repetirse.
Reconocer las señales de alarma
Prevenir no significa ignorar los síntomas. Una presión o dolor intenso en el pecho, especialmente si se extiende al brazo, la espalda, el cuello o la mandíbula, requiere atención urgente. También deben considerarse señales de alarma la falta de aire repentina, la sudoración fría, las náuseas, un desmayo o una debilidad brusca en un lado del cuerpo.
Ante estos signos, es importante llamar inmediatamente a los servicios de emergencias y no esperar a que desaparezcan. Una respuesta rápida puede reducir las secuelas de un infarto o un ictus.
El Día Mundial del Corazón ofrece una oportunidad para revisar los hábitos y poner al día los controles médicos. Conocer la presión arterial, el colesterol y la glucemia, junto con una alimentación saludable, ejercicio y abandono del tabaco, ayuda a reducir el riesgo y a proteger la salud cardiovascular a largo plazo.



