Las enfermedades cardiovasculares causaron el 23,5% de las muertes en Uruguay durante 2025
Las enfermedades cardiovasculares continuaron siendo la principal causa de muerte en Uruguay durante 2025. En concreto, estuvieron detrás del 23,5% de los fallecimientos registrados en el país, según los datos disponibles para ese año.
A pesar de mantener el primer puesto entre las causas de mortalidad, la evolución de la última década refleja una tendencia positiva. La mortalidad cardiovascular descendió un 20,3% entre 2015 y 2025, un retroceso que apunta a una mejora global en la prevención, el diagnóstico y la atención de estas patologías.
Una de cada cuatro muertes, aproximadamente
El peso de las enfermedades cardiovasculares en la mortalidad uruguaya sigue siendo elevado. El 23,5% equivale, de forma aproximada, a casi una de cada cuatro muertes ocurridas durante 2025. Dentro de este grupo se incluyen afecciones que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos, como el infarto de miocardio, el accidente cerebrovascular y otras enfermedades circulatorias.
Estos datos sitúan la salud cardiovascular como una de las principales prioridades sanitarias del país. Aunque la reducción acumulada desde 2015 es relevante, el volumen de fallecimientos asociado a estas enfermedades mantiene la necesidad de reforzar las medidas preventivas y la detección temprana.
Descenso de la mortalidad durante la última década
El descenso del 20,3% registrado entre 2015 y 2025 muestra una evolución favorable a medio plazo. Sin embargo, la reducción no ha desplazado a las enfermedades cardiovasculares del primer lugar en la clasificación de causas de muerte en Uruguay.
La caída de la mortalidad puede estar relacionada con una combinación de factores, como un mejor control de los factores de riesgo, el acceso a tratamientos más eficaces y una respuesta sanitaria más rápida ante las urgencias cardiovasculares. No obstante, los datos disponibles no permiten atribuir el descenso a una única causa.
La prevención sigue siendo determinante
Las enfermedades cardiovasculares suelen estar vinculadas a factores de riesgo modificables. Entre ellos se encuentran la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo y una alimentación poco saludable. La obesidad y el consumo excesivo de alcohol también pueden aumentar el riesgo.
La prevención pasa por identificar estos factores antes de que aparezcan complicaciones. Las revisiones médicas permiten controlar la tensión arterial, los niveles de colesterol y la glucosa, además de valorar los antecedentes familiares y el estado general de salud.
- Evitar el tabaco y la exposición habitual al humo.
- Mantener una alimentación variada, con más frutas, verduras y legumbres.
- Realizar actividad física de forma regular, adaptada a la edad y a la situación clínica.
- Controlar la presión arterial, el colesterol y la diabetes.
- Consultar ante síntomas compatibles con una urgencia cardiovascular.
Reconocer las señales de alarma
La atención rápida resulta esencial en casos como el infarto o el accidente cerebrovascular. Una presión o dolor intenso en el pecho, dificultad para respirar, sudoración fría, mareo o dolor que se extiende al brazo, la espalda, el cuello o la mandíbula pueden ser señales de un infarto.
En el caso del accidente cerebrovascular, la aparición repentina de debilidad o pérdida de sensibilidad en un lado del cuerpo, dificultad para hablar, alteraciones de la visión o problemas para caminar requiere solicitar ayuda médica de inmediato.
Ante estos síntomas, no se debe esperar a que desaparezcan ni desplazarse por medios propios si existe riesgo. La activación rápida de los servicios de emergencia puede reducir las secuelas y mejorar las posibilidades de supervivencia.
Un reto que sigue vigente en Uruguay
La reducción de la mortalidad cardiovascular durante la última década representa un avance, pero la proporción alcanzada en 2025 confirma que estas enfermedades siguen teniendo un impacto central en la salud pública uruguaya.
El desafío consiste en consolidar los progresos y ampliar las estrategias de prevención, especialmente entre las personas con factores de riesgo. También resulta importante garantizar el seguimiento médico, la continuidad de los tratamientos y el acceso equitativo a la atención especializada.
Los datos de 2025 dibujan, por tanto, una doble realidad: las enfermedades cardiovasculares causaron el 23,5% de las muertes y continuaron como primera causa de fallecimiento, pero su mortalidad fue un 20,3% inferior a la de 2015. La tendencia es favorable, aunque la prevención y la respuesta temprana siguen siendo esenciales para reducir aún más su impacto.



