El nuevo FIFA no está pensado para niños: estas son las razones que preocupan a los expertos en bienestar digital
El regreso de la marca FIFA al mundo de los videojuegos llega acompañado de una advertencia importante para las familias: que un título centrado en el fútbol no significa necesariamente que sea adecuado para los más pequeños. La edad recomendada, las funciones online y los sistemas de compra integrados obligan a mirar más allá del contenido deportivo.
La especialista en bienestar digital Laura Cuesta ha puesto el foco en la necesidad de analizar cómo juegan los menores, con quién se relacionan dentro del videojuego y qué estímulos reciben durante las partidas. El problema, por tanto, no estaría en representar un deporte popular, sino en el entorno digital que rodea a la experiencia.
Un juego de fútbol también puede incluir riesgos digitales
Durante años, muchos padres han considerado los videojuegos deportivos una opción segura para sus hijos. La ausencia de violencia explícita o de argumentos especialmente complejos suele transmitir una sensación de tranquilidad. Sin embargo, los títulos actuales ofrecen mucho más que partidos rápidos contra la máquina.
Los nuevos juegos de fútbol suelen incorporar modos competitivos, conexión permanente a internet, chats de voz y texto, eventos temporales y sistemas de progresión. Estas funciones pueden convertir una partida aparentemente sencilla en una experiencia con interacción constante, presión competitiva y exposición a otros usuarios.
En este contexto, la clasificación por edades es una primera referencia, pero no la única. También conviene revisar las funciones concretas que incluye el juego, las opciones de privacidad y el tipo de contenido al que puede acceder cada jugador.
La importancia de las compras dentro del juego
Uno de los aspectos que más atención requiere es la presencia de compras integradas. En los modos basados en la creación y mejora de equipos, los usuarios pueden adquirir sobres, monedas virtuales, mejoras estéticas o elementos destinados a acelerar la progresión.
Aunque estas compras no siempre son necesarias para jugar, pueden generar presión entre los menores. La comparación con otros jugadores, la búsqueda de mejores futbolistas y la aparición de recompensas limitadas pueden favorecer decisiones impulsivas, especialmente cuando no existe una supervisión adulta.
Por este motivo, es recomendable desactivar las compras no autorizadas, establecer una contraseña para cualquier operación y explicar a los niños que los objetos virtuales tienen un coste real. También es útil revisar periódicamente el historial de pagos asociado a la cuenta.
Competición, frustración y tiempo de pantalla
El fútbol virtual está diseñado para fomentar la competición. Ganar, ascender de categoría o completar objetivos puede resultar motivador, pero también provocar frustración cuando las partidas no salen como se esperaba. En los menores, esa tensión puede traducirse en enfados, discusiones o dificultad para dejar de jugar.
Los sistemas de recompensas y los desafíos diarios pueden incentivar sesiones más largas. Si el juego ofrece nuevos objetivos de forma continua, el niño puede sentir que siempre queda algo pendiente. De ahí la importancia de establecer límites claros y no esperar a que sea el propio menor quien decida cuándo apagar la consola.
Los expertos en bienestar digital recomiendan pactar horarios, respetar las horas de sueño y evitar que el videojuego interfiera en los deberes, las comidas, el ejercicio físico o las relaciones familiares. La clave no es demonizar el ocio digital, sino integrarlo en una rutina equilibrada.
El juego online exige acompañamiento
Otro factor decisivo es la comunicación con personas desconocidas. En los modos online, los menores pueden enfrentarse o conversar con jugadores de cualquier edad. Aunque existan herramientas para silenciar, bloquear y denunciar, no todos los niños saben utilizarlas o identifican a tiempo una conducta inapropiada.
Antes de permitir el acceso online, conviene configurar la cuenta con el nivel de privacidad más restrictivo. Los padres deberían conocer si el juego permite chat de voz, mensajes privados o invitaciones de usuarios externos. También es importante enseñar a no compartir datos personales, fotografías, contraseñas ni información sobre el domicilio o el colegio.
La supervisión debe basarse en la confianza y la conversación. Preguntar con quién juega el menor, qué situaciones le incomodan y cómo reacciona ante los insultos resulta más eficaz que limitarse a controlar el tiempo de uso.
Qué pueden hacer las familias
- Consultar la clasificación por edades y las advertencias sobre compras y funciones online.
- Configurar controles parentales en la consola, el ordenador o el teléfono.
- Bloquear los pagos sin autorización y revisar las cuentas vinculadas.
- Establecer horarios de juego razonables y pausas frecuentes.
- Jugar alguna partida con el menor para conocer sus contenidos y dinámicas.
- Explicar cómo bloquear, silenciar y denunciar a otros usuarios.
- Hablar sobre la publicidad, las recompensas y el valor real de los objetos virtuales.
La advertencia sobre el nuevo FIFA no implica que todos los niños deban quedar automáticamente apartados de los videojuegos de fútbol. Significa que la decisión debe tomarse teniendo en cuenta la edad, la madurez del menor y las funciones activas en la cuenta.
Un título deportivo puede ser una forma entretenida de compartir tiempo y desarrollar habilidades, siempre que exista acompañamiento. Para las familias, el reto consiste en no quedarse únicamente con la temática del juego y revisar también sus mecánicas, su dimensión social y la relación que cada niño establece con la pantalla.



