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La enfermedad renal crónica, un riesgo silencioso para el corazón que necesita más diagnóstico

La enfermedad renal crónica (ERC) afecta a la capacidad de los riñones para filtrar la sangre y mantener el equilibrio de líquidos y sustancias del organismo. Sin embargo, su impacto va mucho más allá de la función renal: también está estrechamente relacionada con la salud cardiovascular. Se estima que dos de cada tres personas con ERC no están diagnosticadas, una situación que dificulta iniciar medidas de control a tiempo.

Con el objetivo de mejorar la detección temprana, Boehringer Ingelheim colabora con el Proyecto RADAR, una iniciativa que facilita el cribado de la enfermedad renal crónica en áreas rurales de Extremadura. El programa pone el foco en acercar las pruebas a la población y reducir las barreras de acceso que pueden existir fuera de los grandes núcleos urbanos.

Riñones y corazón: una relación estrecha

Los riñones y el sistema cardiovascular funcionan de forma interdependiente. Los primeros regulan la presión arterial, eliminan productos de desecho y contribuyen a controlar el volumen de líquidos del organismo. Cuando su función se deteriora, pueden producirse alteraciones que aumentan la carga de trabajo del corazón y de los vasos sanguíneos.

A su vez, la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares pueden dañar los pequeños vasos sanguíneos del riñón y acelerar la pérdida de función renal. Esta conexión forma parte de lo que se conoce como síndrome cardiorrenal, un conjunto de procesos en los que el empeoramiento de un órgano puede repercutir negativamente sobre el otro.

Las personas con enfermedad renal crónica presentan un mayor riesgo de desarrollar complicaciones cardiovasculares, como insuficiencia cardiaca, enfermedad coronaria o ictus. Por este motivo, la ERC no debe abordarse únicamente como un problema de los riñones, sino como una enfermedad que requiere una atención integral.

Una enfermedad que puede avanzar sin síntomas

Uno de los principales retos de la ERC es que puede progresar durante años sin causar molestias evidentes. En las primeras fases, muchas personas no perciben cambios en su salud y atribuyen síntomas inespecíficos, como el cansancio, a otras causas. Cuando aparecen señales más claras, la función renal puede estar ya comprometida.

La ausencia de síntomas explica, en parte, el elevado número de casos no diagnosticados. La detección precoz permite identificar alteraciones antes de que la enfermedad avance y facilita la adopción de medidas para proteger tanto los riñones como el corazón.

El valor del cribado en las zonas rurales

El cribado de la enfermedad renal crónica se basa habitualmente en pruebas sencillas, como un análisis de sangre para evaluar la función renal y un análisis de orina que permita detectar la presencia de albúmina u otras alteraciones. La valoración conjunta de estos resultados ayuda a determinar el riesgo y a decidir si es necesario realizar un seguimiento médico.

En este contexto, el Proyecto RADAR facilita el acceso a estas pruebas en áreas rurales de Extremadura. Acercar el diagnóstico a los municipios puede ser especialmente relevante para las personas con dificultades de desplazamiento, para quienes viven lejos de los centros sanitarios o para aquellos que no han consultado por no presentar síntomas.

La iniciativa también contribuye a reforzar la coordinación entre los distintos profesionales sanitarios. La identificación de posibles casos permite derivar a los pacientes para una evaluación clínica más completa y establecer, cuando sea necesario, un plan de seguimiento.

Quién debe prestar especial atención

Aunque cualquier persona puede desarrollar una enfermedad renal crónica, existen factores que elevan el riesgo. Entre ellos se encuentran la diabetes, la hipertensión arterial, la obesidad, los antecedentes familiares de enfermedad renal y la edad avanzada. También deben extremar la vigilancia quienes ya han sufrido problemas cardiovasculares.

  • Personas con diabetes o tensión arterial elevada.
  • Pacientes con antecedentes de enfermedad cardiovascular.
  • Familiares de personas con enfermedad renal crónica.
  • Adultos de edad avanzada o con varios factores de riesgo.

El control periódico de la presión arterial, la glucosa y el colesterol, junto con una alimentación equilibrada, actividad física adaptada y el abandono del tabaco, puede ayudar a reducir el riesgo. Además, es importante no automedicarse y consultar con los profesionales sanitarios antes de utilizar determinados fármacos, especialmente si existe una función renal reducida.

Diagnosticar antes para proteger la salud

La detección temprana de la enfermedad renal crónica ofrece una oportunidad para ralentizar su evolución y prevenir complicaciones. También permite valorar de forma global el riesgo cardiovascular de cada paciente y actuar sobre los factores modificables.

La colaboración con el Proyecto RADAR representa un paso para acercar el cribado a la población rural de Extremadura. En una enfermedad frecuentemente silenciosa, facilitar el acceso a pruebas básicas puede marcar la diferencia entre identificar el riesgo a tiempo o descubrirlo cuando el daño renal y cardiovascular ya está más avanzado.

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