
La dieta podría convertirse en una terapia personalizada para la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa
La investigación sobre la microbiota intestinal abre una nueva vía para comprender y tratar enfermedades inflamatorias del aparato digestivo. En el futuro, la alimentación podría utilizarse como una herramienta terapéutica personalizada frente a patologías como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, dos de las principales formas de enfermedad inflamatoria intestinal.
Esta es una de las líneas de trabajo que impulsa Chaysavanh Manichanh, jefa del grupo de Investigación en Microbioma del Vall d’Hebron Institut de Recerca. La científica lleva más de dos décadas estudiando el conjunto de microorganismos que habitan en el organismo, especialmente en el intestino, y su relación con la salud y la enfermedad.
La microbiota, mucho más que bacterias intestinales
La microbiota está formada por billones de microorganismos, entre ellos bacterias, virus, hongos y otros agentes microscópicos. La mayor parte se concentra en el aparato digestivo, donde participa en la digestión, produce sustancias beneficiosas y mantiene una estrecha relación con el sistema inmunitario.
Por este motivo, el intestino se considera en ocasiones el llamado segundo cerebro. No solo existe una comunicación constante entre el sistema digestivo y el cerebro a través del eje intestino-cerebro, sino que el equilibrio intestinal también puede influir en la inflamación, el metabolismo y la respuesta del organismo frente a distintas enfermedades.
Cuando la composición de la microbiota se altera, un fenómeno conocido como disbiosis, pueden modificarse funciones importantes de la barrera intestinal y del sistema defensivo. Sin embargo, los especialistas advierten de que no existe una microbiota ideal idéntica para toda la población. Su composición depende de la edad, la genética, el entorno, los medicamentos, el estilo de vida y la alimentación.
El papel de la microbiota en Crohn y colitis ulcerosa
La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa son trastornos crónicos en los que el sistema inmunitario mantiene una respuesta inflamatoria anómala en el tubo digestivo. Pueden provocar dolor abdominal, diarrea persistente, cansancio, pérdida de peso y periodos alternos de brote y remisión.
La investigación ha observado diferencias en la microbiota de muchas personas con enfermedad inflamatoria intestinal. En estos pacientes pueden disminuir algunos microorganismos relacionados con la producción de sustancias protectoras y aumentar otros asociados a la inflamación. Aun así, esta relación es compleja y no permite afirmar que una sola bacteria sea la causa de la enfermedad.
El objetivo actual es identificar patrones que ayuden a predecir quién responderá mejor a un tratamiento, qué pacientes tienen más riesgo de sufrir un brote y qué cambios pueden favorecer la remisión. Para ello se combinan análisis genéticos, datos clínicos, información nutricional y el estudio de las moléculas que producen los microorganismos intestinales.
De las recomendaciones generales a la dieta de precisión
La posibilidad de utilizar la dieta como terapia no consiste en aplicar una alimentación universal ni en eliminar grupos de alimentos sin supervisión. La tendencia apunta hacia una nutrición de precisión, adaptada a las características de cada paciente y al estado de su enfermedad.
En el futuro, los profesionales podrían analizar la microbiota y otros marcadores biológicos para diseñar pautas nutricionales específicas. El objetivo sería favorecer microorganismos beneficiosos, mejorar la función de la barrera intestinal y reducir la inflamación sin provocar déficits nutricionales.
Este enfoque también podría ayudar a responder a una de las grandes dificultades de la enfermedad inflamatoria intestinal: la elevada variabilidad entre pacientes. Una dieta que resulta útil para una persona puede no tener el mismo efecto en otra, especialmente durante un brote, cuando algunos alimentos pueden agravar los síntomas aunque no sean la causa de la inflamación.
La alimentación no sustituye al tratamiento médico
La dieta ya forma parte del abordaje integral de algunas personas con Crohn o colitis ulcerosa, pero su papel debe establecerse de forma individual. Durante los brotes, la prioridad es controlar la inflamación y evitar complicaciones mediante los tratamientos indicados por el equipo médico.
Los cambios alimentarios deben realizarse, siempre que sea posible, con el apoyo de especialistas en gastroenterología y nutrición. Eliminar alimentos de manera prolongada puede causar pérdida de peso, carencias de vitaminas y minerales o una relación poco saludable con la comida.
Asimismo, los probióticos, los suplementos y las dietas que prometen modificar la microbiota no tienen la misma evidencia para todas las enfermedades digestivas. Antes de incorporarlos, conviene valorar su utilidad, sus posibles riesgos y la compatibilidad con la medicación habitual.
Una investigación con potencial para la medicina personalizada
El estudio del microbioma puede cambiar la forma de diagnosticar y tratar numerosas enfermedades. En el caso de la patología inflamatoria intestinal, los investigadores buscan pasar de tratamientos iguales para todos a estrategias más ajustadas a las necesidades biológicas de cada persona.
La dieta podría desempeñar un papel relevante en ese cambio, pero todavía es necesario confirmar qué intervenciones funcionan, en qué pacientes y durante cuánto tiempo. El reto será transformar los hallazgos del laboratorio en recomendaciones seguras, eficaces y fáciles de aplicar en la vida cotidiana.
La microbiota no es una solución milagrosa, pero sí una pieza cada vez más importante para entender la relación entre alimentación, sistema inmunitario y salud digestiva. Su estudio puede contribuir a que el manejo de Crohn y la colitis ulcerosa sea más personalizado, preventivo y centrado en las características de cada paciente.



