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Las infecciones durante el embarazo que pueden aumentar el riesgo de alteraciones del neurodesarrollo

Algunas infecciones contraídas durante el embarazo se han relacionado con un mayor riesgo de problemas neurológicos y del desarrollo en el niño, incluido el trastorno del espectro autista. La relación es especialmente relevante cuando el microorganismo puede atravesar la placenta, alcanzar al feto y afectar a la formación del cerebro.

Sin embargo, los expertos subrayan que una infección prenatal no determina por sí sola que un niño vaya a desarrollar autismo. El trastorno del espectro autista tiene un origen multifactorial, en el que intervienen factores genéticos, biológicos y ambientales. En muchos casos, además, la evidencia disponible procede de estudios observacionales y no permite establecer una relación directa de causa y efecto.

Citomegalovirus: una de las infecciones más importantes

El citomegalovirus, perteneciente a la familia de los herpesvirus, es una de las infecciones congénitas más frecuentes. Puede transmitirse al feto a través de la placenta, sobre todo cuando la madre se infecta por primera vez durante la gestación.

La infección congénita por citomegalovirus puede provocar pérdida auditiva, alteraciones visuales, convulsiones, retraso en el desarrollo y lesiones cerebrales. Algunos trabajos también han observado una mayor frecuencia de rasgos compatibles con el espectro autista en niños expuestos al virus, aunque la magnitud exacta del riesgo y los mecanismos implicados continúan investigándose.

El virus puede transmitirse por contacto con saliva, orina y otros fluidos corporales, especialmente en entornos con niños pequeños. Una higiene cuidadosa de las manos, no compartir cubiertos o chupetes y evitar besar a los menores en la boca son medidas recomendadas para reducir la exposición.

Virus de la rubéola y riesgo de daño fetal

La rubéola durante el embarazo puede causar el llamado síndrome de rubéola congénita. Sus consecuencias incluyen problemas de audición, alteraciones oculares, cardiopatías y daños en el sistema nervioso. También se han descrito dificultades del desarrollo y conductas compatibles con el autismo en algunos niños afectados.

La vacunación es la principal herramienta preventiva. La vacuna triple vírica, que protege frente a sarampión, paperas y rubéola, debe administrarse antes del embarazo, ya que no se recomienda recibir vacunas con virus vivos durante la gestación. Por este motivo, conviene revisar el calendario vacunal al planificar un embarazo.

Infección por el virus del Zika

El virus del Zika puede atravesar la placenta y provocar alteraciones graves en el desarrollo cerebral del feto. La microcefalia es una de las consecuencias más conocidas, pero también pueden aparecer problemas de visión, audición, movimiento y desarrollo neurológico.

En algunos estudios se ha observado una mayor probabilidad de trastorno del espectro autista o de rasgos relacionados en niños expuestos al virus durante la gestación. No obstante, la evidencia todavía es limitada y el riesgo depende de factores como el momento de la infección y la afectación fetal.

La prevención pasa por evitar los viajes a zonas con transmisión activa cuando sea posible, utilizar repelentes seguros durante el embarazo, llevar ropa que cubra la piel y mantener medidas de protección frente a las picaduras de mosquito. También puede transmitirse por vía sexual, por lo que las recomendaciones deben individualizarse.

Toxoplasmosis y otras infecciones

La toxoplasmosis puede transmitirse al feto y producir lesiones oculares, alteraciones neurológicas y problemas en el desarrollo. Algunos estudios han explorado una posible relación con el autismo, pero los resultados no son concluyentes y no permiten afirmar que la infección cause directamente este trastorno.

Para reducir el riesgo, se aconseja cocinar bien la carne, lavar frutas y verduras, utilizar guantes al trabajar con tierra y extremar la higiene al manipular el arenero de los gatos. No es necesario deshacerse de una mascota, pero sí adoptar medidas de protección adecuadas.

Otras infecciones, como el herpes simple, la sífilis o determinadas enfermedades bacterianas, también pueden ocasionar complicaciones en el feto o en el recién nacido. En el caso de la gripe, la fiebre y la respuesta inflamatoria materna se han estudiado como posibles factores asociados a alteraciones del neurodesarrollo, aunque no se trata de infecciones que habitualmente infecten directamente el cerebro fetal.

Qué puede hacer una mujer embarazada

  • Acudir a las revisiones prenatales y realizar las pruebas recomendadas por el equipo médico.
  • Comprobar el estado de vacunación antes de buscar el embarazo.
  • Lavarse las manos con frecuencia y no compartir utensilios con niños pequeños.
  • Consumir carne, huevos y pescado correctamente cocinados.
  • Consultar antes de viajar a zonas con circulación de virus transmitidos por mosquitos.
  • Contactar con un profesional sanitario ante fiebre, erupciones, ganglios inflamados o exposición a una infección.

La detección y el tratamiento precoz de determinadas infecciones pueden reducir sus consecuencias. Aun así, la mayoría de las embarazadas que sufren una infección no tendrán necesariamente un hijo con autismo ni con otra alteración del desarrollo. La información disponible debe interpretarse con cautela y dentro del contexto clínico de cada gestación.

El seguimiento médico, la prevención y la vacunación previa al embarazo son las medidas más eficaces. Ante cualquier duda o posible exposición, lo recomendable es consultar con la matrona, el ginecólogo o el médico de familia, sin automedicarse ni alarmarse.

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