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León XIV reclama en la Unesco que la tecnología esté al servicio de las personas

El papa León XIV ha pedido este viernes en París que el desarrollo tecnológico no se convierta en una herramienta de dominación, sino que continúe orientado al servicio de las personas y del bien común. Durante su intervención en la Unesco, el pontífice ha situado la dignidad humana en el centro del debate sobre la inteligencia artificial y la transformación digital.

Su mensaje llega en un momento de rápida expansión de sistemas capaces de generar contenidos, tomar decisiones y automatizar tareas en ámbitos como la educación, la sanidad, el empleo y la Administración pública. Ante este escenario, León XIV ha defendido la necesidad de que la innovación avance acompañada de responsabilidad, criterios éticos y mecanismos de control.

La advertencia del pontífice se dirige especialmente al riesgo de que la tecnología quede concentrada en manos de unos pocos actores con capacidad para influir sobre sociedades enteras. En su opinión, las herramientas digitales no deben utilizarse para imponer intereses, ampliar desigualdades o limitar la libertad de las personas.

La dignidad humana, en el centro de la innovación

León XIV ha reclamado que cualquier avance tecnológico sea evaluado también por sus consecuencias sociales. La eficiencia o la rentabilidad, ha planteado, no pueden ser los únicos criterios para decidir cómo se diseñan y utilizan estas herramientas.

La tecnología, según el enfoque defendido por el papa, debe contribuir a mejorar la vida de la población, favorecer el acceso al conocimiento y reforzar la cooperación entre países. Para ello, considera necesario preservar la capacidad de decisión de las personas y evitar que los sistemas automatizados sustituyan el juicio humano en cuestiones que afectan a derechos fundamentales.

El pontífice ha advertido así de una posible pérdida de control sobre los procesos que determinan el acceso a la información, las oportunidades laborales o los servicios esenciales. La expansión de la inteligencia artificial plantea, en este sentido, preguntas que no son únicamente técnicas, sino también políticas, económicas y morales.

Una llamada a la responsabilidad colectiva

El papa ha defendido que la respuesta a estos desafíos no puede depender exclusivamente de las empresas tecnológicas ni de las decisiones internas de cada país. La dimensión global de la transformación digital exige cooperación internacional y unas reglas comunes capaces de proteger a la ciudadanía.

Entre las prioridades se encuentran la transparencia de los sistemas, la protección de los datos personales y la posibilidad de exigir responsabilidades cuando una tecnología cause daños. También resulta esencial que las personas puedan entender, al menos de forma suficiente, cómo se toman las decisiones automatizadas que les afectan.

En este marco, León XIV ha llamado a las instituciones educativas, los Gobiernos, la comunidad científica y el sector privado a participar en una conversación amplia sobre el futuro tecnológico. El objetivo, ha señalado, debe ser construir un progreso que no deje atrás a quienes tienen menos recursos ni profundice las diferencias entre regiones y colectivos.

La brecha digital, otro de los grandes riesgos

El acceso desigual a internet, a los dispositivos y a la formación tecnológica continúa siendo una barrera para millones de personas. La expansión de nuevas herramientas puede generar oportunidades, pero también agrandar la distancia entre quienes pueden aprovecharlas y quienes carecen de conectividad o conocimientos suficientes.

Por este motivo, el mensaje pronunciado en París ha puesto el foco en la necesidad de garantizar una inclusión digital real. No basta con disponer de tecnología: también es preciso contar con educación, infraestructuras y apoyo para utilizarla de forma segura y autónoma.

La formación ocupa un papel central en este proceso. Las nuevas generaciones deberán aprender a manejar herramientas de inteligencia artificial, pero también a identificar errores, sesgos y contenidos manipulados. Del mismo modo, los adultos necesitarán oportunidades para actualizar sus competencias ante los cambios que ya están transformando el mercado laboral.

El reto de orientar el progreso

La intervención de León XIV en la Unesco plantea una idea de fondo: el futuro digital no está predeterminado por la tecnología, sino por las decisiones que adopten las sociedades sobre su uso. El desarrollo de nuevas herramientas puede servir para ampliar derechos y conocimientos, pero también para aumentar la vigilancia, la dependencia y la concentración de poder.

Por ello, el pontífice ha instado a mantener una mirada crítica y humana sobre la innovación. La tecnología, ha defendido, debe ser un medio y no un fin en sí mismo; una herramienta para construir sociedades más justas, no un instrumento de dominación.

El mensaje deja abierto uno de los debates decisivos de los próximos años: cómo aprovechar el potencial de la inteligencia artificial y de la digitalización sin renunciar a la libertad, la igualdad y la dignidad de las personas.

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