
La inteligencia artificial busca convertir las mamografías en una nueva herramienta para detectar el riesgo cardiovascular
Las mamografías podrían tener utilidad más allá de la detección precoz del cáncer de mama. Un estudio presentado en el Congreso Europeo de Cardiología plantea entrenar sistemas de inteligencia artificial para identificar en estas imágenes señales asociadas a enfermedades cardiovasculares, una de las principales causas de muerte entre las mujeres.
La propuesta responde a un problema persistente: los trastornos del corazón y de los vasos sanguíneos continúan infradiagnosticados en la población femenina. Con frecuencia, los síntomas se interpretan de forma distinta a los de los hombres, los factores de riesgo reciben menos atención o las pacientes no son derivadas a tiempo para una evaluación cardiológica.
Una prueba habitual que podría aportar más información
La mamografía se realiza de forma periódica a millones de mujeres dentro de los programas de cribado del cáncer de mama. Durante la exploración, además de las estructuras mamarias, pueden observarse determinados signos relacionados con los vasos sanguíneos, como la presencia de calcificaciones en las arterias de la mama.
Estas calcificaciones no significan que exista una enfermedad cardiovascular confirmada. Sin embargo, pueden asociarse a procesos de calcificación arterial y a un mayor riesgo de problemas cardíacos. El reto consiste en interpretar de manera fiable esas señales y establecer cuándo deberían motivar una valoración médica adicional.
Ahí es donde entra la inteligencia artificial. Los investigadores estudian si los algoritmos pueden analizar las imágenes de forma sistemática y detectar patrones que podrían pasar desapercibidos durante la lectura convencional de la prueba.
El objetivo: reducir el infradiagnóstico en mujeres
La enfermedad cardiovascular no es un problema exclusivamente masculino. También afecta de forma importante a las mujeres, especialmente después de la menopausia, cuando disminuye la protección hormonal y aumentan algunos factores de riesgo, como la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado o la obesidad.
A pesar de ello, la percepción social y clínica de estas patologías no siempre se corresponde con su impacto real. Las mujeres pueden presentar síntomas menos reconocibles, como cansancio inusual, falta de aire, náuseas o molestias difusas, y en ocasiones reciben atención más tarde que los hombres.
Un sistema capaz de analizar automáticamente las mamografías podría actuar como una señal de alerta. Si identificase hallazgos compatibles con un mayor riesgo cardiovascular, el informe podría recomendar una revisión de la tensión arterial, una analítica, una evaluación de los hábitos de vida o una consulta con atención primaria y cardiología.
La inteligencia artificial no sustituiría al especialista
La posible aplicación de esta tecnología no convertiría la mamografía en una prueba diagnóstica del corazón. Su función sería ayudar a identificar a las mujeres que podrían beneficiarse de un estudio complementario.
Un resultado obtenido mediante inteligencia artificial tendría que interpretarse junto con la edad, los antecedentes familiares, los tratamientos, los hábitos de vida y otros factores clínicos. Solo una evaluación médica completa puede determinar el riesgo cardiovascular individual y decidir si son necesarias más pruebas.
También será imprescindible comprobar que los algoritmos funcionan con precisión en mujeres de distintas edades, etnias y características físicas. Los sistemas de inteligencia artificial pueden reproducir errores o sesgos si se entrenan con bases de datos poco representativas de la población general.
Del hallazgo en la imagen a la prevención
Uno de los principales intereses de esta línea de investigación es que podría aprovechar una prueba que ya se realiza con otro objetivo. En lugar de solicitar nuevas exploraciones desde el principio, los profesionales podrían obtener información adicional a partir de una mamografía ya indicada dentro del cribado habitual.
Esto facilitaría la detección de mujeres que no consideran tener un riesgo elevado o que no han consultado por síntomas. A partir de ahí, las medidas preventivas podrían incluir el abandono del tabaco, una alimentación más saludable, actividad física regular y el control de la presión arterial, la glucosa y el colesterol.
La prevención es especialmente relevante porque muchos factores de riesgo cardiovascular pueden modificarse antes de que aparezca un infarto, un ictus o una insuficiencia cardíaca. Detectar una posible señal de alerta en una mamografía podría abrir una oportunidad para intervenir con antelación.
Una tecnología prometedora que aún necesita validación
Antes de incorporar esta herramienta a la práctica clínica, serán necesarios estudios más amplios que confirmen su eficacia y su utilidad real. No basta con que un algoritmo reconozca determinados patrones en una imagen: debe demostrar que mejora la detección del riesgo, evita pruebas innecesarias y contribuye a reducir complicaciones cardiovasculares.
También habrá que definir cómo se comunicarían los resultados para evitar alarmas injustificadas. Informar de un posible riesgo no equivale a anunciar una enfermedad, y el uso de la inteligencia artificial deberá integrarse en protocolos claros, supervisados por profesionales sanitarios.
La investigación abre, en cualquier caso, una perspectiva innovadora: que las mamografías puedan servir algún día no solo para detectar el cáncer de mama, sino también para identificar señales tempranas de problemas cardiovasculares. Para las mujeres, podría suponer una nueva vía de prevención en una enfermedad que todavía se diagnostica demasiado tarde.



