La inteligencia artificial y sus sesgos de género, a debate en A Coruña
La Universidade da Coruña (UDC) reúne este viernes a investigadoras y especialistas en igualdad para analizar el impacto de la inteligencia artificial en la sociedad. El encuentro pondrá el foco en una cuestión cada vez más relevante: la capacidad de los sistemas automatizados para reproducir desigualdades de género y, al mismo tiempo, contribuir a combatirlas.
El debate abordará cómo se diseñan, entrenan y utilizan las herramientas de inteligencia artificial, así como los riesgos que aparecen cuando los datos empleados contienen prejuicios o reflejan desequilibrios presentes en la sociedad. La jornada también servirá para explorar medidas que permitan desarrollar tecnologías más justas, transparentes y responsables.
Cuando los datos reproducen desigualdades
Los sistemas de inteligencia artificial aprenden a partir de grandes volúmenes de información. Si esos datos incluyen una representación insuficiente de las mujeres o reflejan estereotipos, los resultados pueden trasladar esas desigualdades a ámbitos como el empleo, la educación, la salud o el acceso a servicios.
El problema no se limita a los errores visibles. Un algoritmo puede ofrecer respuestas aparentemente neutrales y, sin embargo, perjudicar de forma sistemática a determinados colectivos. La selección de candidaturas laborales, la evaluación de solicitudes, los sistemas de reconocimiento o las herramientas de generación de contenidos son algunos de los ámbitos en los que se reclama una supervisión más exigente.
La falta de diversidad en los equipos que desarrollan estas tecnologías también puede influir en sus resultados. Incorporar diferentes experiencias y perspectivas durante las fases de diseño permite detectar riesgos que, de otro modo, podrían pasar inadvertidos.
Una tecnología con capacidad para combatir la discriminación
El encuentro de la UDC no planteará únicamente una mirada crítica. La inteligencia artificial también puede convertirse en una herramienta útil para identificar patrones de discriminación, mejorar el análisis de desigualdades y apoyar políticas públicas orientadas a la igualdad.
El análisis automatizado de datos puede ayudar a localizar brechas salariales, detectar diferencias en el acceso a determinados servicios o evaluar el impacto de medidas de igualdad. Sin embargo, estas aplicaciones requieren criterios claros, datos de calidad y controles que eviten convertir una ayuda tecnológica en una nueva fuente de exclusión.
La clave está en utilizar la inteligencia artificial con perspectiva de género, desde la definición del problema hasta la interpretación de los resultados. No basta con corregir un algoritmo una vez puesto en funcionamiento: es necesario revisar de manera continua sus datos, objetivos y efectos reales.
La importancia de la supervisión humana
Las herramientas automatizadas no deben sustituir la responsabilidad de las instituciones, empresas y profesionales que las emplean. La toma de decisiones que afecta a derechos y oportunidades exige explicaciones comprensibles, mecanismos de revisión y vías para reclamar cuando una persona considere que ha sido perjudicada.
La transparencia será uno de los elementos esenciales del debate. Conocer qué información utiliza un sistema, qué criterios aplica y quién responde de sus decisiones resulta fundamental para evaluar si una tecnología es fiable y justa.
También será necesario reforzar la formación digital y tecnológica con contenidos relacionados con la ética, la igualdad y los derechos fundamentales. La ciudadanía debe poder entender cómo funcionan estas herramientas y qué límites deben respetar, especialmente cuando se aplican en áreas sensibles.
Un debate abierto a la sociedad
La convocatoria de la Universidade da Coruña se enmarca en una conversación más amplia sobre el papel de la inteligencia artificial y sus efectos sociales. La expansión de estas tecnologías ha acelerado la necesidad de contar con especialistas capaces de analizar no solo sus posibilidades técnicas, sino también sus consecuencias económicas, laborales y culturales.
La participación de investigadoras y expertas en igualdad permitirá poner el acento en una dimensión que durante años ha quedado relegada en parte del desarrollo tecnológico. Incorporar esta perspectiva ayuda a plantear sistemas más inclusivos y a evitar que la innovación consolide discriminaciones ya existentes.
El encuentro de este viernes en A Coruña llega en un momento en el que las administraciones y las empresas afrontan el reto de integrar la inteligencia artificial de forma segura. El objetivo no pasa por frenar su desarrollo, sino por garantizar que sus beneficios se distribuyan de manera equitativa y que ninguna persona quede en desventaja por decisiones tomadas por una máquina.
La pregunta central será cómo orientar la inteligencia artificial hacia la igualdad. Para lograrlo, será necesario combinar investigación, regulación, participación social y una evaluación constante de los resultados. Solo así la tecnología podrá pasar de reproducir sesgos a convertirse en una herramienta eficaz para detectarlos y reducirlos.


