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Alerta en las pymes: una de cada cuatro empresas españolas entró en pérdidas en 2025

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

Lectura rápida: la pyme española sigue en pie, pero lo hace con menos margen. El 26% de las empresas en pérdidas comenzó a registrar números rojos durante 2025, mientras aumentan la presión fiscal, los costes laborales y la incertidumbre. La actividad comercial resiste, pero la rentabilidad se estrecha.

Puntos clave

  • El 26% de las empresas en pérdidas empezó a registrar números rojos en 2025, lo que apunta a un deterioro reciente.
  • El 57,6% de las pymes cerró 2025 con beneficios, pero más de cuatro de cada diez no resultaron rentables.
  • La presión fiscal, los costes laborales y la incertidumbre son los principales factores que están erosionando el margen empresarial.
  • La relación con la Administración empeora para la mayoría de los gestores administrativos, con más regulación y más dificultad para gestionar.
  • Más ventas no implican más rentabilidad: las empresas venden más, pero obtienen menos retorno.

Contexto general de la pyme española

La pyme española no atraviesa una crisis abierta, pero sí vive una fase de presión creciente que está condicionando su presente y comprometiendo su margen de futuro. Así lo refleja el último barómetro elaborado por el Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos de España (GA), al que ha tenido acceso Demócrata y cuyo contenido ha sido comentado por su presidente, Fernando Jesús Santiago Ollero.

Según este informe, el 26% de las empresas que hoy están en números rojos empezó a registrar pérdidas durante 2025. Para los gestores administrativos, este dato es especialmente relevante porque no apunta a un problema arrastrado de ejercicios anteriores, sino a un deterioro reciente.

En palabras del propio Santiago, el sistema empresarial sigue funcionando, pero pierde capacidad para generar valor: no hay un colapso, pero sí una erosión paulatina de la rentabilidad.

El diagnóstico general es claro: la pequeña y mediana empresa continúa en pie, produce, vende, mantiene empleo y sigue siendo uno de los principales soportes de la economía española. El impulso procedente del turismo, con más de 100.000 millones de euros anuales, y el superávit exterior, por encima de los 60.000 millones, ayudan a sostener la actividad, sobre todo en las compañías medianas y grandes. Sin embargo, ese contexto favorable convive con un entorno cada vez más exigente para las pymes, que afrontan más costes, más presión fiscal y más incertidumbre.

El barómetro de primavera de 2026 del Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos, elaborado a partir de una muestra representativa con un 95,5% de nivel de confianza y un margen de error máximo del 6,05%, no dibuja una recesión inmediata. Tampoco lo hace el ciclo macroeconómico actual. Pero sí describe un escenario de desgaste continuo, en el que la economía resiste con menos margen que antes.

“El problema no es la empresa. La pyme española está respondiendo. El problema es el entorno en el que tiene que hacerlo”.

A juicio de Fernando Jesús Santiago Ollero, España se encuentra en una posición macroeconómica mejor que la de muchos socios europeos, pero podría estar en una situación todavía más sólida si el marco regulatorio y las decisiones de política económica fueran distintos.

Una economía estabilizada, pero sin crecimiento real

El barómetro concluye que la economía de la pyme no está creciendo, sino estabilizándose. Y esa estabilidad no se interpreta como un signo positivo, porque se produce en un contexto de aumento continuado de costes operativos y laborales, mayor presión fiscal y un nivel de riesgo empresarial cada vez más elevado.

La foto que ofrece el informe obliga a ir más allá del titular más inmediato. De entrada, los datos pueden parecer razonablemente favorables: el 57,6% de las pymes cerró 2025 con beneficios, lo que confirma que el tejido empresarial sigue activo y generando valor. Pero el panorama cambia cuando se observan el resto de indicadores.

Un 20,1% de las compañías terminó el año en pérdidas y otro 22,3% se quedó en equilibrio, sin obtener beneficio. En conjunto, más de cuatro de cada diez empresas no son rentables si se entiende la rentabilidad como la relación entre el beneficio y el activo o el patrimonio neto. El resultado es una economía empresarial que mantiene la actividad, pero con una base financiera cada vez más frágil.

Además, el deterioro no parece venir de años anteriores, sino de una evolución reciente. Del total de empresas en pérdidas, un 26,6% ha entrado en esa situación a lo largo de 2025. Para los autores del barómetro, este dato apunta a un cambio de tendencia que merece atención.

“No solo importa cuántas empresas están en pérdidas, sino cuántas acaban de caer en ellas. Ahí es donde se anticipa la dirección que puede tomar la economía”.

Más ventas, pero menos rentabilidad

Una de las principales paradojas del estudio es que la actividad comercial no se ha frenado. El 41,3% de las empresas aumentó sus ventas durante 2025, lo que refleja que la demanda sigue existiendo y que la economía conserva cierto dinamismo. No obstante, ese incremento no se traslada en la misma proporción a los resultados.

Lo que se produce, según el informe, es una compresión de márgenes. Las compañías venden más, pero obtienen menos retorno por ese esfuerzo. En la práctica, el aumento de actividad se destina en muchos casos a sostener la estructura y no a mejorar el beneficio.

“Las empresas están haciendo más para conseguir menos. Venden más, trabajan más, asumen más riesgo, pero con un retorno inferior. Y eso no es sostenible”.

Santiago considera que este comportamiento encaja con una situación que puede describirse como de estanflación: crecimiento muy débil o estancamiento, acompañado de encarecimiento de los costes.

Presión fiscal, costes laborales e incertidumbre

El informe identifica varios factores que, sumados, explican la tensión que vive el tejido empresarial. El 69,1% de los gestores administrativos percibe un aumento de la presión fiscal. El 81,85% señala los costes laborales como uno de los principales obstáculos. Y el 84,56% sitúa la incertidumbre económica como un elemento central de preocupación.

No se trata, por tanto, de un único problema, sino de una acumulación de frentes que estrechan la capacidad de maniobra de las pymes. Ese contexto ya tiene efectos visibles en la actividad diaria: el 56,15% de los profesionales considera que el riesgo empresarial está aumentando y cerca del 19,2% de las empresas presenta serios problemas de liquidez.

El barómetro también apunta a una relación directa entre los resultados negativos y la necesidad de financiación. El porcentaje de empresas con pérdidas es muy similar al de aquellas que incrementan sus necesidades financieras, lo que sugiere que donde hay beneficio neto negativo también aparece una tensión de caja que puede poner en riesgo la viabilidad a medio plazo.

“Cuando la presión llega desde todos los lados —costes, impuestos e incertidumbre— no solo cae el margen, también disminuye la capacidad de resistencia”.

Una relación con la Administración que no mejora

Junto a los indicadores económicos, el estudio incorpora una dimensión cualitativa que resulta especialmente reveladora: la percepción del funcionamiento administrativo. El 86,1% de los gestores administrativos cree que la relación con la Administración no ha mejorado en el último año. Además, un 39,9% asegura que ahora es más difícil gestionar que hace doce meses.

Los obstáculos que señalan son conocidos: exceso de normativa, lentitud en los trámites, falta de atención y complicaciones derivadas de la digitalización. En concreto, el 83,5% menciona la abundancia de regulación, el 69,8% la lentitud administrativa, el 62,8% la falta de atención y el 53,3% las dificultades asociadas a los procesos digitales.

“Hemos avanzado en tecnología, pero no siempre en eficacia”.

En opinión del presidente del Consejo General, eso está generando una sensación creciente de que el sistema institucional no acompaña como debería a quien tiene que lidiar con él.

El informe añade que la digitalización, lejos de aliviar la carga administrativa, en algunos casos la está trasladando a los propios empresarios, que asumen nuevas tareas y mayores niveles de complejidad. A día de hoy, sigue sin conocerse con precisión el coste real de esa burocracia que soportan las compañías, una medición pendiente que el sector considera clave para comprender la dimensión auténtica del problema.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa que una de cada cuatro empresas en pérdidas haya entrado en esa situación en 2025?

Significa que el deterioro no parece ser solo arrastrado de ejercicios anteriores, sino que una parte importante de las empresas ha empeorado recientemente, lo que puede anticipar una tendencia negativa si el contexto no cambia.

¿La pyme española está en crisis?

No hay una crisis abierta según el barómetro, pero sí una fase de presión creciente que reduce el margen empresarial y limita la capacidad de resistir ante nuevos shocks.

¿Por qué aumentan las ventas pero no mejora la rentabilidad?

Porque los costes también suben y los márgenes se estrechan. Así, vender más no se traduce necesariamente en obtener más beneficio, sino en ocasiones en sostener la estructura con menos retorno.

¿Cuáles son los principales problemas que afrontan las pymes?

Los principales son la presión fiscal, los costes laborales, la incertidumbre económica, el aumento del riesgo empresarial y las dificultades administrativas.

¿La digitalización está ayudando a las empresas?

Según el informe, no siempre. En algunos casos, la digitalización está trasladando carga administrativa a las propias empresas y aumentando la complejidad de la gestión.

Nota de fuente original: artículo basado en la información publicada por Demócrata.

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